TANATOS12

Al día siguiente en el trabajo noté que había hecho bien en trabajar aquel sábado. A pesar de que nadie me dijera nada y que sacaba el trabajo adelante, me había empezado a emparanoiar con si quizás estaba dando un poco bajón de rendimiento, y es que no era fácil concentrarse con todo lo que me estaba pasando. Además, después de comer, me escribió Edu diciéndome algo que seguro podría hacer que me distrajese aquella tarde de trabajo:

-Qué pasa Pablo, ¿no quieres que te cuente o qué?

Decidí llamarle para no estar escribiéndome después con él. Estaba bastante sereno, en un tono más calmado, se sorprendió de que estuviera en el trabajo y finalmente acabó preguntando:

-¿Te ha contado algo María?
-Sí, me ha contado sí.
-Joder, bestial, eh.
-Sí… que le tocaste un poco la pierna.
-¿Un poco? ¿Te ha dicho un poco?
-Sí… que como un minuto, cerca de la rodilla.
-Jajaja… me estás puteando tío, la estuve sobando lo que se tarda en tomar una copa entera… y no le toqué las bragas de milagro.

Me subió algo por el cuerpo terrible. Solo alcancé a decir:

-¿Cómo?
-Jaja, joder Pablo, si le hubiera tocado un minuto la rodilla créeme que ni te habría escrito aquella noche.
-Ya…
-Oye, ¿haces algo hoy después del curro?
-Pues… cenaré y tomaré algo con María.
-Mmm… ¿Y no te puedes inventar algo?
-¿Algo de qué?
-Pues… mira… cenamos tú yo en un sitio, un par de pinchos, un par de cañas, invéntate algo, y la ves después.

Yo estaba bastante nervioso, bueno, más bien muy nervioso; entre que su versión no encajaba del todo con la de María… y mentirle a mi novia…

-Venga, tío -prosiguió- dile que cenas con algunos de tu curro y la ves después. Yo en media horita te cuento todo.
-Está bien….

No sé como accedí… o más bien, si lo sé, y es que que él me contara su versión era demasiado tentador. Quedé con él a las nueve y media y con María en un bar a las diez y media. Le dije a María que cenaría con gente del trabajo como me había dicho Edu… Me sentía raro… sabía que mi novia no se iba a enterar, donde había quedado con Edu era muy apartado… pero aun así tenía un poco de mal cuerpo, poquísimas veces le había mentido a María.

Tenía de nuevo la sensación de que aquello me superaba. Hasta aquella semana las cosas habían ido con relativa calma, pero de golpe en aquellas jornadas habían pasado muchas cosas… y ahora iba a verme yo con Edu… No sabía si aquel ritmo de acontecimientos podría superarme… que las cosas fueran demasiado lejos… el problema era que tampoco sabía cuanto de lejos yo mismo quería llegar.

A las nueve y media llegué a aquel sitio que resultó ser una tasca con bastante mala pinta por fuera pero muy buena por dentro. Consistía en una barra y unos barriles enormes a modo de mesa y taburetes de madera. Edu ya estaba allí, vestido muy formal, especialmente moreno, parecía que no se hubiera cortado el pelo desde la primera vez que le había visto, por lo que su look de surferito pijo se había acrecentado. Pedimos unas cañas y unos pinchos que él parecía controlar. No podía negar que estaba bastante tenso, casi siempre que había hablado con él cara a cara había sido con unas cuantas copas, sin embargo allí estaba yo tras un día largo de trabajo y nervioso por lo que me pudiera decir. A pesar de ser un crío de veintiocho años no podía negar que su presencia me intimidaba bastante.

Dio un sorbo de su cerveza y fue completamente directo:

-Mira tío… a ver cómo te digo esto, ¿Tú quieres que me la folle?
Me quedé sin saber qué decir, no esperaba esa pregunta tan directa. Finalmente le dije:
-Bueno, creo que eso ya lo habíamos hablado hace tiempo.
-Vale, entonces es que sí. Eso es lo que creo recordar que me dijiste aquella noche.

Se hizo un incómodo silencio. Trajeron las tapas y prosiguió como si tal cosa mientras que yo estaba un poco aturdido; y es que te miraba con unos ojos muy azules que intimidaban a la vez que no transmitían demasiada confianza.

-A ver, porque a veces te veo un poco como un sí pero no. En fin. Al grano. Joder… fuimos a cenar, la cena un coñazo y después fuimos a tomar una copa. E hice lo que te dije que iba a hacer, más, el consejo que me habías dado. Es decir, le pedí perdón por todas las cosas que se me ocurrieron y después había unos pesados por allí y les dije que María era la guapa del despacho… blabla, lo típico.

Yo apenas podía comer, mientras que él hablaba y comía como si me hablara del tiempo.

-A ver, esto… bueno, estábamos en la barra y joder… No veas, bueno, no veas no, porque lo sabes perfectamente… pues eso, no veas como se le notaban las tetas. Iba en camisa y tal pero a poco que se inclinase se le veía todo, me aburrí de verle el sujetador, joder… es que daban ganas de colar mis manos ahí… o tocárselas directamente… ¡Joder! No sé tío… falda de cuero… camisita que se le veía bastante… había que ser bien pensado para creer que no iba pidiendo guerra.

Yo, para variar, me sentía mal por como se refería a María, pero a su vez tenía la polla que se me movía sola por cómo hablaba de ella….

-Y no sé qué chorrada le dije… ah si, que por mucho que ella hablara de otras cosas para zona erógena del hombre pues… la polla, ¿Te contó eso?
-Sí.
-Vale. Y entonces le dije medio en broma: ¿Una buena polla no? Jaja. Yo creo que yo en aquel momento estaba hasta más borracho que ella… porque con el coñazo de cena bebimos bastante, porque era beber o morirse allí. Y esto… me dijo… “Sí, claro”. Joder… le digo “una buena polla” y me dice “sí, claro”. Yo ahí ya vi que la cosa se animaba. Y le pregunté si había sido mucho escándalo lo de cómo se me marcaba bajo el pantalón el día que vino a mi casa y me dijo “sí, bastante”. ¿Te lo contó, no? Ya te había dicho que la había pillado mirándome.
-Sí, sí. Me lo contó. -le dije sabiendo que ella no me había contado aquello así exactamente.
-Bueno, pero lo mejor no fue eso. Lo mejor es que no sé con que excusa le empecé a tocar la pierna, y yo veía que no me la apartaba. Y pensé, “joder, no puede ser tan fácil”. Pero estuve con la mano allí un rato… hablamos de los pesados que estaban más alejados, que si conocía a uno, que había hablado con él y no se qué, y mientras tanto ella bebiendo tan tranquila, sin apartarme, y yo ya moviendo los dedos, acariciándola un poco…

Cuando me dijo eso… y me lo imaginé ya no con la mano simplemente ahí, si no acariciando… me puse cachondísimo… no lo podía evitar… y no podía ni comer más.

-Te juro que pensaba, esto está hecho, y entonces me puse de pie y metí la mano ya debajo de la falda… joder… qué piel tio… bueno, tú lo sabrás… además no te creas que la toqué por la parte externa… no, no, por la parte interna del muslo. Joder… creí que le llegaba al coño y no me decía nada la cabrona… Y entonces me dijo que parara. Joder… tenía la mano yo creo que a… no sé… cinco centímetros de sus bragas, tenía los muslos… joder, tenía las piernas bastante juntas y hacía un calor de narices… y parecía que cuanto más cerca del coño más calientes tenía los muslos. Es que le metí la mano que la tenía entera debajo de su falda.

El hijo de puta me estaba poniendo tan cachondo que creía que tenía que mandarle parar para ir al aseo a pajearme. ¡Dios…! notaba mi polla pero literalmente bañando mi calzoncillo. Estaba goteando tanto que dudaba si no me estaría manchando ya hasta el pantalón del traje.

-Y al final… pues eso Pablo, que creo que me dijo que parara otra vez, y ya en otro tono… y saqué la mano. Pero tío… no sé… te juro que me parecía que sus ojos decían otra cosa. Igual si no estuvieran los otros idiotas… o con un par de copas más… Bueno, a lo que iba que te dije antes por teléfono, que de un minuto nada.

-Ya, bueno… -le dije yo.

Llegó el camarero y nos interrumpió. Miré la hora, pasaba el tiempo volando. Donde había quedado con María quedaba un poco lejos. No tenía mucho más tiempo, y no sabía si quería hacerle a Edu mil preguntas o no quería hacerle ninguna.

-Por cierto, me había follado a una chiquilla la noche anterior… Te lo contó María, ¿no?
-Sí, sí… que le disteis la noche.
-Jaja, ya tío… y yo te juro que a la chica pero tapándole la boca eh… no por María, que lo escuchara María hasta no me venía mal, pero joder, que estaba la habitación del jefe dos habitaciones más allá, jaja, joder… ¡Ah! Claro, que no te había contado. Es cierto que yo pensaba ya el miércoles tantear a María pero se me puso la pijilla esta a huevo… y dije mira, mañana es otro día. Oye, María no dirá nada, ¿no?
-¿De qué?
-Pues a Paula… que es su amiguita, y que es amiga de Amparo… que es amiga de Nati… jaja, ya sabes… la cadena de información esta.
-Qué va… María no es de meterse en esas cosas.
-No, bueno, es que como me habías dicho aquel día que María si que era de estas de… frente femenino…
-Ya, bueno… pero no hasta el punto de meterse donde nadie la llama.
-Mejor… no por nada… pero un lío menos… Y… qué más… Bueno, la bronca que me echó a la mañana siguiente un poco surrealista. Yo estaba hecho polvo, dormidísimo, primero me despierta el otro y al rato María llamando a la puerta, le abro y estaba yo a medio vestir, y la muy cabrona que si era una falta de respeto y tal… pero no me quitaba ojo zorrita.
-¿A medio vestir pero cómo?
-Bueno, estaba acabando ya… me estaba poniendo la camisa. Ojalá hubiera venido cinco minutos antes jaja.

La conversación fue derivando un poco… pagamos, y cuando nos íbamos a despedir le pregunté si tenía ya preparado el siguiente paso y me dijo que no mucho, que iban a seguir a trabajando en aquel caso, que el socio quería que siguieran mirando cosas… pero que nada concreto.

-¿Y lo ves más fácil o más difícil que antes del viaje este? -le acabé preguntando. Yo intentaba disimular mi tensión, disimular que me ponía cachondo lo que me contaba y que me intimidaba.

Tardó en responder.

-A ver… en estos días al final avanzas lo que no avanzas en tres meses en el despacho con ella. Fue una buena oportunidad… y creo que la cosa va bien. A ver, que hasta lo vi hecho, pero después cuando me frenó… no sé… aunque te repito que parecía que con la mirada decía otra cosa, no sé tío. Lo que sí te digo que está pillada por tí eh… si no habla de ti cada tres frases poco le falta. Y con esto te quiero decir que… tú verás.

Nos despedimos y yo no sabía si le odiaba o hasta casi me podía medio caer bien. Tenía razón María con que lo mismo podía parecer hasta majo que un gilipollas integral. Llegué justo a la hora al bar en el que había quedado con María. De hecho llegué antes que ella. Pedí una cerveza en la barra y a los cinco minutos llegó ella con tacones, aquella falda de cuero y la camisa rosa de la noche con Edu… Dios… ¡estaba buenísima!, creo que todo el bar giró el cuello para darse el gusto. Dios… qué cañón estaba… y yo todavía con lo que me había dicho Edu en la cabeza, que llevaba empalmado más de una hora… Se sentó en el taburete de al lado y me dijo de forma especialmente dulce:

-¿Qué tal tus amigos del trabajo? ¿Majos?

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