MOISÉS ESTÉVEZ

– Cómo le ha ido por Europa a mi misterioso amigo. –
– Todo solucionado y todas las partes bastante satisfechas, aunque he
tenido que ampliar mi campo de acción un poco. El trabajo lo requería. –
Aquel alto cargo de International Security, tenía curiosidad por saber,
qué había ido a hacer para otra organización el sicario que ellos ahora tenían
en nómina. Éste, lejos de caer en la indirecta pregunta fue directamente al
grano.
– Cuál será el siguiente paso que daremos en lo concerniente al asunto
que tenemos pendiente. –
– Veo, como es norma en usted, que no se anda con rodeos. –
– Así es. Mi tiempo es muy valioso, me imagino que igual que el suyo, y
además, usted me paga para que sea lo más efectivo y preciso posible, por lo
que veo inútil tratar temas que no conciernen a nuestros intereses compartidos.
Por otro lado, creo que hasta ahora los resultados han sido satisfactorios, por
lo que me gustaría concluir el trabajo en la misma línea. –
– No podría estar más de acuerdo mi querido amigo. –
El trajeado ejecutivo puso un maletín encima de la mesa que se
interponía entre ambos, sacó de este un dosier y se lo entregó al mercenario,
que lo recibió con semblante serio.
– Ahí va toda la información concerniente de lo que hasta ahora sería su
última tarea para con nosotros. Todo lo que necesita saber, más cómo se le
hará la entrega de su finiquito. Una vez haya terminado, si todo se desarrolla
como esperamos es posible que no necesitemos de sus servicios durante un
largo período de tiempo. Sea como fuere, de todas formas, seremos nosotros
los que nos pongamos en contacto con usted. Aún así, si una vez que haya
analizado el expediente tiene alguna duda o alguna petición extra, no tiene más
que ponerse en contacto conmigo por el canal que hasta este momento hemos
estado utilizando. –
– Me parece bien. Si eso es todo, me voy. Estoy un poco cansado,
aunque enseguida me pondré a ello. Sólo necesito unas horas de sueño y un
buen café para reparar los efectos del vuelo y el jet lag. –
– Perfecto. Que descanse. Ya nos veremos. –
– Adiós. –
Se estrecharon la mano, y el profesional guardó en su mochila el
material que el elegante ejecutivo le había facilitado, antes de salir del
despacho y dirigirse a los ascensores del rascacielos neoyorquino.

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