TANATOS12

Tuve que releerlo varias veces. No me lo podía creer. Imposible describir con palabras lo que sentía. Estaba infartado. Llamé a María pero su móvil estaba apagado. Le escribí a Edu pero el mensaje no le llegaba. Finalmente me tuve que ir al trabajo sin saber qué había pasado ni qué pensar. Intentaba no darle vueltas, pero pasaban las horas y María seguía con el móvil apagado.

Me acabé tranquilizando un poco, pensaba que sería alguna fanfarronada de Edu y finalmente María me acabó llamando pasado el mediodía. Tenía prisa porque según decía estaba haciendo la maleta para coger el tren. Me decía que estaba sorprendida por ver nueve llamadas perdidas mías, le dije que era porque no me había escrito al llegar y me dijo que se había quedado sin batería y no lo había puesto a cargar un poco hasta aquella misma mañana.

Su tono era normal, parecía estar claro que lo que me había escrito Edu podría haber tenido mucho de farol o fanfarronada… Finalmente me dijo:

-Ahora tengo muchísima prisa pero al llegar a casa te tengo que contar de Edu.
-¿Por? ¿Qué ha pasado?
-Nada… pero sí que es lanzado sí…
-¿Sí? ¿Pero por qué?
-Naaaada… ya te contaré. Seguro que hasta te gusta lo que te voy a contar. ¿Me vienes a recoger a la estación? Llego a las seis.
-Pff no puedo, hasta las siete imposible salir hoy, ¿pero en serio no me vas a contar nada ahora?
-Después en casa, con calma, en serio, Pablo. Un beso, nos vemos de noche entonces.
-Ok… Un beso.

Me quedé sorprendido de que me colgara así, pero aun estando inquieto estaba ya mucho más tranquilo. Estaba deseando encontrarme con María y que me contara todo. El cabrón de Edu había visto mis mensajes pero no me respondía. Afortunadamente me metieron en un buen lío en el trabajo que me tuvo entretenido hasta la hora de salida, pues si no habría estado dándole vueltas al tema todo el día.

Cuando conducía de vuelta a casa me llamó Edu pero no le cogí. Parecía que todo tenía que ser cuando él quisiera, por muchas ganas que tuviera de que me contara, el cabrón había tenido todo el día para responderme y había pasado completamente.

Llegué a casa y María estaba hablando por teléfono con su madre. Nos dimos un pequeño pico… Dioss… sería que llevaba cuatro días sin verla y seis sin follar pero estaba que me mataba. Llevaba solo un camisón marrón que era casi como ir desnuda… me encantaba cuando ya hacía calor e iba por la casa con uno de esos dos o tres camisones que tenía. Llevaba el pelo un poco recogido, de una forma algo caótica y desenfadada… que le daba una imagen de una belleza natural tremenda. Ella se paseaba de la cocina al salón y del salón a la cocina mientras hablaba con su madre y yo no le quitaba ojo… ¡no podía estar más buena! Por pajas que me hubiera hecho aquello no me había calmado lo más mínimo sino todo lo contrario.

Edu me volvió a llamar y yo lo puse en silencio y le di la vuelta al móvil. Fui al dormitorio y me quedé solo en calzoncillos y camiseta y volví al salón y finalmente María colgó el teléfono y nos dimos un beso bastante menos casto. Me preguntó por mi semana, decía que solo habíamos hablado de ella con tanta tontería. En aquel momento me di cuenta de que tan absorto había estado con todo aquello que ni le había dicho que trabajaría al día siguiente, aun siendo sábado. Se quedó bastante sorprendida, lógicamente, pero le dije que muchos trabajaban un sábado al mes y que estábamos acabando un proyecto y que lo mejor era ese sábado. Me dijo si no podía trabajar desde casa pero era imposible. Todo aquello se lo contaba mientras cenábamos y ni que decir tiene que yo no tenía muchas ganas de contarle nada, y menos eso, que bastante me jodía, si no de que me contara ella.
Se puso a hablar de cosas de aquellas jornadas, retrasando lo inevitable hasta que ya los dos en el sofá le dije:

-Bueno, qué, ¿me cuentas lo de Edu ya o qué?
-Jaja.. ¿ya? Bueno… a ver… Ayer cenamos los cinco, bien, normal, la cosa muy tranquila. Es que cuando está el jefe es todo otro rollo más aburrido, y nada, al final fuimos a un bar Ángel, Edu y yo. Uno que estaba al lado del hotel. Una vez allí Ángel se puso a hablar con unos que eran también de las jornadas que llevaban un plan parecido al nuestro y Edu me dijo que tenía que hablar conmigo. Y nada, fuimos a la barra, nos sentamos en unos taburetes y pedimos una copa.
-¿Edu y tú solos?
-Sí. Y entonces él empezó a pedirme perdón. Perdón por lo de esta mañana… perdón por lo de ayer de noche… y tal y cual.
-Qué tío… ¿Y tú aceptabas las disculpas?
-Bueno, yo estaba callada, es que no me fiaba mucho de que fuera cierto. Y nada, que no había sido profesional por su parte… que las jornadas no eran para andar ligando por ahí… que por cierto, de Nati no dijo nada, como si estuviera libre, ¿sabes? Me hablaba como si no tuviera novia. Y bueno, en esto que llegó Ángel y nos interrumpió con los chicos esos y ya empezó con la historia de que no se nos podía dejar solos, que ayer nos habíamos quedado solos y a saber a qué hora habíamos llegado… que si uyyy… qué casualidad que se quedaran dormidos hoy los dos… como haciendo la broma de que nos gustábamos o yo qué sé. Y yo, bueno, a parte de pensar que era idiota, pues estaba bastante violenta porque uno de los chicos… bueno con uno de aquellos chicos había hablado el día anterior y sabe que tengo novio.
-¿Y cómo sabe eso?
-Pues por nada. Hablando de no se qué, de que ciudad vivía y que si el alquiler o no se qué y con quién compartía piso le había dicho que con mi novio. Una chorrada. Pero claro, imagina mi cara con Ángel diciendo eso y yo habiéndole dicho el día anterior al chico que vivía con mi novio. Pero el caso es que para colmo Edu se puso en plan… calla Ángel… ya me gustaría… Es el pibón del despacho… a qué sí… estamos todos… locos por ella… o enamorados de ella o algo así.
-Jaja, qué tío -yo no la quería interrumpir mucho.
-Bueno y nos tomamos otra copa con ellos, o dos, no sé. Todos en la barra. Hasta que los chicos se fueron a una mesa y Ángel creo que se fue al hotel. Y nada, otra vez Edu y yo solos me pidió perdón también por lo que había pasado en su casa. Y claro, yo me quedé blanca. Que si no eran formas de recibir a una colega del despacho… que si se había dado cuenta cuando me había ido…
-A ver, a ver, o sea, él insinuando que tú le habías visto el paquete entonces.
-Bueno, insinuando no, es que me llegó a decir algo como “no puedo recibir a una compañera en pantalón corto y marcando”.
-¿Dijo marcando?
-Sí, sí. Y yo le iba a responder o a hacerme la loca y dijo: porque sé que te diste cuenta. Y para colmo va y me saca el maldito tema de cuando yo… estaba sin sujetador en mi despacho… en fin. Me dijo algo como que aun encima que me había metido un corte por aquella vez iba él y me recibía haciendo prácticamente lo mismo pero en versión hombre.
-Qué personaje…
-Ya. A ver… es que te lo estoy resumiendo, pero bueno las cosas iban surgiendo. No sé. Yo estaba algo incómoda pero a la vez bien.
-¿Cómo bien?
-Que el tema era raro pero tampoco lo veía tan grave. Y nada, seguimos hablando y tal y me dijo después algo como que era su punto débil o que le había dado en su punto débil… cómo que aquel día en el despacho… que se me transparentase el pecho… que claro, como que era la zona más tal de la mujer o algo así, como la zona erógena por excelencia, yo que sé, algo así. Y me dice porque del hombre claro… hay menos zonas de esas. Bueno pues no sé cómo me acabó preguntando y yo le dije que de un hombre pues no sé… la espalda… o… el torso si está bien marcado… los ojos… que yo tampoco tengo una lista con las zonas que me atraen de un hombre, ¿sabes? Y va y me dice algo así como, “bueno, obviando lo obvio, ¿no” como refiriéndose a… ya sabes…
-Ya, él en plan que la espalda y los ojos y lo que quieras pero que la polla primero.
-Pues sí, algo así.
-Joder, María, vaya conversaciones… hablando de las zonas erógenas con Edu a las tantas, con unas copas…
-Sí, pero no sé, no me parecía forzado.

Yo estaba ya que no podía disimular la erección. María se tenía que estar dando cuenta. Estábamos los dos en el sofá recostados en los extremos, frente a frente. Al estar boca arriba mi polla palpitaba sola y se me estaba montando una pequeña tienda de campaña…

-Y nada… cuando sí que se le fue la olla fue con lo que dijo después… Y es que… cómo fue… como que dijo, pues yo de una chica, a parte de lo obvio, las tetas o el culo… me gustan las rodillas. Y yo debí poner cara de este tío está loco. Pues no se corta y me pone la mano en la rodilla. La verdad es que los taburetes estaban muy pegados y casi teníamos las piernas tocándonos al estar girados para hablar de frente. Y nada, espera que ahora viene lo mejor, le digo que cómo que las rodillas, y es que a mi casi me estaba dando la risa, y me dice algo como: bueno, más que las rodillas… aquí. cuando ya empieza a ser muslo… y mueve la mano y me la pone en el muslo, a ver, casi en la rodilla pero ya era muslo, vamos.
-No me jodas…
-Claro… yo me quedé muerta, como quieta. Me puso la mano justo por encima, entre la rodilla y la falda. Me quedé bastante sorprendida, aquello si que no venía a cuento y se quedó con la mano ahí y yo automáticamente pensé… primero pensé “quita esa mano de una vez” pero también pensé “cuando se lo cuente a Pablo se muere”. Pero él no la quitaba y me dice: “¿Están mirando esos?” refiriéndose a los del otro despacho que estaban en la mesa, y si que el que había conocido estaba mirando, hacía como que disimulaba pero estaba mirando, de hecho ya le había pillado mirándome antes. Y no sé… tampoco era nada, estaba en el muslo sí pero casi en la rodilla y entre que quería contártelo y el chico aquel mirando… pues no se la aparté. Y él dijo algo como: “son unos cotillas salidos, como nos enrollemos se mueren de envidia”.
-¿Dijo eso?
-Sí, además lo dijo como… no sé… en plan “si ahora me lío contigo que se jodan”, como si yo quisiera, vamos. Ahí ya pensé: “este aun se va a llevar una bofetada”. Pero no contento con eso, no sé si al ver que yo no protestaba, pues se puso de pie y ahí si que ya metió un poco más la mano.
-¿¿En serio?? ¿¿Cuanto?? -mi polla dio un respingo… no podía disimular más.
-No sé, un poco, pero debajo de la falda ya.
-¿Y que hiciste? ¿Hasta donde?
-Pues no sé, hasta la mitad a lo mejor y claro, le dije “para”.
-Uff. Qué tío… -yo me llevé la mano a la polla… quizás fueran alucinaciones mías… pero veía los pezones de María transparentando el camisón de una forma exagerada… no me daba la impresión de que los hubiera tenido tan duros antes.
-¿Y qué hizo? -yo ya no me cortaba y me hacía una pequeña paja debajo del calzoncillo.
-Pues el cabrón no quitó la mano y me preguntó “¿Paro?”, como en plan: ¿Estás segura de que quieres que pare?” Es que hay que ser flipado… de verdad, qué asco… Y le dije: “Aparta la mano ya”. Y el muy idiota me dice: vale, y me aprieta un poco el muslo y quita la mano. Dioos… ese apretón me jodió que ni te imaginas.
-¿Por?
-¿Cómo que por? No me jodas…
-¿Pero cuanto tiempo te estuvo tocando la pierna?
-¿En total?
-Sí.
-Pues poco, muy poco, no sé. Un minuto o ni un minuto.
-Joder, María… -le dije resoplando… y sin dejar de masturbarme.
-Ya te veo… ya.

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