TANATOS12

Me sentía un testigo de excepción de todo lo que iba pasando en aquel viaje. Sentía que en semanas a penas había pasado casi nada y en aquellos días no paraban de pasar cosas y yo no era ni capaz de digerirlas. Aquellas fotos de María, el sexo telefónico que habíamos tenido y aun encima Edu se follaba a otra en la habitación de al lado de María ¡durante tres horas! Para colmo Edu pretendía aprovechar la última noche para intentar algo. Yo me pasaba el día en el trabajo pero con la cabeza realmente en aquellas jornadas de formación. Gracias a dios eran solo cuatro días, pensaba que si hubiera sido más tiempo ni mi corazón ni mi polla podrían haberlo soportado.

Yo también estaba cansado y esa tarde de jueves volví pronto a casa. No pasaban mucho de las ocho cuando ya me estaba haciendo la cena y María me llamó. Parecía de mucho mejor humor. Había dormido bastante más aquella tarde de lo que había dormido por la noche. Para mi sorpresa me pidió perdón, me dijo que yo no tenía la culpa de la mala noche que ella había pasado, y que ella me había estado despertando. Creo que ella sabía que a mi no me molestaba mucho que me desvelase si era para decirme que estaba escuchando a Edu follar, pero me daba la sensación de que ella no sabía que no era que no me importase, si no que estaba encantado y me ponía a mil.

Me contó que estaba algo preocupada porque el jefe que iba con ellos se hubiera enterado de que ella no había ido a las charlas de aquella tarde, pero que confiaba en que siendo tan despistado no se hubiera dado cuenta. Me dijo que irían a cenar los cinco de su despacho: el jefe, la otra María, Ángel, Edu y ella. Yo no me daba cuenta de quién era el tal Ángel y me acabó diciendo que me lo había presentado y que se casaba a finales de octubre y ya me había dicho que tendríamos que ir a su boda. Pero en aquel momento lo que me importaba era lo que pasaría en las próximas horas, y me dijo que esa noche quizás tomarían una cerveza o una copa después pero que no era seguro. Le pregunté si se le había pasado el enfado con Edu y me dijo que para nada. Que poniéndose chulo para colmo por la mañana lo había acabado de rematar. Me dijo que hasta se planteaba decirle a Paula que le había puesto los cuernos a Nati.

-No te metas en eso, María…
-¿Por qué no? Que se joda.
-Primero porque no es tu vida y segundo porque es tu palabra contra la suya. No tienes nada que ganar ahí.
-No sé…
-A parte amiga de Nati no eres… va a sonar muy raro, como a venganza.
-No sé… es que qué cabrón, de verdad.
-A ver, creo que te estás emparanoiando un poco. La chica le salió gritona y ya está. Edu no se puso a follar haciendo ruido a propósito para joderte.
-Bueno, tú no escuchaste ese escándalo.
-Jaja… no… si ese escándalo me lo vas a contar con pelos y señales…
-Jaja, si bueno… no tienes remedio, de verdad. -rió María.
-¿Qué te vas a poner esta noche?
-Pues no sé… lo que me queda… tengo un vestido o una falda negra para poner con una camisa. No sé, es que el vestido es muy escotado, para una cena con jefe creo que paso.
-Oye, María, estaba pensando… y la chica de ayer… ¿sale esta noche?
-No, los de ese despacho se iban hoy. Menos mal. Otra maratón no, por favor.
-Bueno, igual te ataca a ti, hoy.
-Sí, vamos. Lo que me faltaba, me ataca y le doy una bofetada. Por cerdo. Además no lo va a hacer. Ya te lo he dicho.
-Bueno, antes me decías que no lo haría porque estaba con Nati, pero visto lo visto…
-Ya… no sé. Parece que le van las fáciles en cualquier caso.
-Bueno… tú ya sabes… lo que hemos hablado, si lo intenta déjate hasta ver a dónde quiere llegar. ¿vale?
-Eres más tonto…
-Jaja, ¿Por qué?
-Pues porque no tienes remedio, Pablo. Que no lo va a intentar, pero sí, no empieces otra vez, si intenta algo me dejo un poco a ver qué hace. -El tono de María era amable, hasta cariñoso.
-Te quiero mucho, María.
-Ya… y yo.
-Pues eso, que te quiero y que… joder… que estás muy buena y… me pone que te tiren la caña, y si es un flipado como Edu que se cree que puede tener a todas pues me pone aún más.
-Ya, ya… jaja. En fin. ¿Lo dejamos? Igual me han llamado, y aun me tengo que duchar, vestir, y demás.
-Vale, ¿Me mandas una foto cuando estés vestida?
-Valeee. Besitos.
-Besitos. Te quiero.

Tenía un nudo en el estómago. Una mezcla de amor, totalmente puro, morbo por todo aquello y un poco de enfado conmigo mismo; el hecho de yo estar jugando a aquel juego a dos bandas no me parecía justo del todo.

Estuve viendo algo de tele y María me mandó una foto que había sacado de cuerpo entero contra un espejo en su habitación de hotel. Con una falda de cuero negra hasta un poco por encima de las rodillas y una camisa rosa de seda que le quedaba impresionante, además en taconazos… estaba brutal. Un poco pintada y con el pelazo que le caía hasta la parte baja de la espalda… las piernas que le hacían los tacones eran… para dejar sin respiración.

-Estás brutal, María.
-¿Sí? Pues no es mi intención.
-Joder, estás buenísima. Creo que me voy a hacer una paja con esta foto…
-¿Sí?
-Pues sí. Pásalo bien. Oye, desabróchate un botón de la camisa si eso ¿no?.
-Jaja, que noooooooo. Venga, un besazo. Descansa.
-Te quiero, besazo.

Me acabé quedando dormido en el sofá. Estaba tenso y expectante, pero ciertamente destrozado. Pasaban un poco de la media noche cuando estaba lavándome los dientes y María me escribió:

-Estoy tomando una copa con Edu.

Me subió un no sé qué por el cuerpo, como solo aquella historia podía producir en mi.

-¿Sí? ¿Y eso? ¿Los dos solos?
-Sí, bueno, estamos en la barra. Está Ángel por ahí y alguna gente de otros despachos al final también.
-¿Y él? ¿Escribes delante de él?
-No, hombre, se acaba de ir al baño. Me está pidiendo perdón. Ya te contaré.

Si pensaba que aquella noche quizás pudiera dormir del tirón aquella conversación dejó claro que no. Me tumbé en la cama e intenté dormir, pero de nuevo, como la noche anterior, miraba el móvil cada menos de diez minutos. Me la imaginaba con aquella falda y aquella camisa… en la barra con él… ufff… me ponía cachondísimo. Miraba la foto que me había mandado y se me ponía durísima. Pensé en hacerme una paja para caer rendido pero me gustaba, estaba enganchado, a aquella sensación de no saber qué estarían haciendo a la vez de estar súper excitado.

Dudé en escribirle a Edu pero conseguí contenerme. No tenía ni idea de cómo iba a intentarlo con ella. Finalmente casi a las dos de la mañana le escribí a María:

-¿Le has perdonado entonces?

Me quedé mirando la pantalla. Ella no lo recibía. Al minuto le volví a escribir:

-Escríbeme cuando llegues al hotel, ¿vale? Te quiero mucho.

Estaba hecho un manojo de nervios y ella no recibía lo que le mandaba. Intenté tranquilizarme. Decirme a mi mismo que al fin y al cabo era lo que quería, que se quedasen solos a ver qué pasaba. Finalmente conseguí dormirme.

Sonó mi despertador para ir al trabajo aquel viernes e inmediatamente cogí mi móvil. No solo María no había escrito si no que quién lo había hecho había sido Edu, pasadas las tres de la madrugada. Terriblemente nervioso leí:

-¡¡Jooder!! Me encanta tu zorrita con unas copas… lo que te estás perdiendo. Por cierto… qué gusto sobarle esos muslos suaves… y calentitos. ¡Joder qué buena está!!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s