ANI SCHULZ

No hay mayor embrujo

que el que tienen tus ojos claros,

el dulce néctar de tus labios

que me encienden lentamente.

¿Qué tipo de magia es esa,

que te esposa suavemente,

llevándote muy alto

para que la vivas intensamente?

Nunca imaginé sin vos mi vida,

sabía que me sentiría sola y vacía.

Fue imposible saber que ese día

tan velozmente llegaría.

Y así me encontraba dolorida,

tu ausencia se hacía presagio.

La dulce y tenue melodía

del tema que nos unía

mutó en una triste sinfonía.

Ya no habrían más mañanas

llenas de abrazos y besos,

de caricias que inspiraban

hasta el más alegre soneto.

Extrañarte se volvió un suplicio,

pensarte a cada segundo,

se tornaba un maldito vicio.

¿Cómo puedes seguir tu vida

de pronto y sencillamente?

Yo que todavía te lloro,

yo que aún tu regreso imploro.

Para vos fue fácil olvidarme…

y yo aquí tus besos guardándome.

No concibo entender tu lógica,

de noches y  amores baratos,

pues en las sabanas de otra alcoba

ya te encuentras: ¡maldito ingrato!

Mis lágrimas se hacen espesas

caen todas sin cesar,

así como las promesas

que me hiciste al comenzar,

en esta loca travesía

de amarnos hasta la eternidad.

Aunque duela este presente

y que tu indiferencia me cueste,

ojala pueda alegrarme al verte

en otros brazos y con suerte,

pueda mirarte a los ojos

sin sufrir internamente.

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