MANGER

 

Anoche le dije a mi sombra que no me siguiera,

que lo que fui ya fue,

que esa vieja carne sólo es un recuerdo de vanas quimeras,

que allá donde voy no hay luces que quieran tenerla como compañera,

que no desespere, que no me abandone y espere mi vuelta.

 

Anoche rogué de mi sombra que no se extinguiera,

que volveré algún día y encontraré su estela,

que seré la sombra de su propia sombra prendiéndome en ellas,

que disfrutaré su aliento uniéndonos sin burda materia,

que utilizaré su nombre para borrar errores de una vida añeja.

 

Anoche susurré a mi sombra que sería feo que de mi alma huyera,

que en este viaje no puedo portar sus llenas maletas,

que parto muy lejos para redimir los actos pasados,

que espere escondida y paciente debajo de esta fría piedra,

que rece por mí hasta que mi esencia redima pecados en justa condena.

 

Anoche le grité a mi sombra que no se durmiera,

que esté muy despierta, que no nos desprenda,

que sepa que ambos tendremos dispensa,

que, aun siendo un verbo pasado, forjará el futuro un milagro excelso,

que no se sorprenda si ese milagro hace de nosotros su miga y corteza.

 

Anoche le pedí a mi sombra que tenga paciencia,

que esconda su espera, si quiere, al pie del ciprés que tenga más cerca,

que siglos de luz nos contemplan y haremos sus sombras de nuevo,

libres de cadenas, de carne, de huesos, de nervios y penas,

encarando estrellas en la vida eterna…

 

…Que no se preocupe por ser tan oscura,

que esa es la pureza de las sombras buenas.

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