TANATOS12

A la mañana siguiente María se fue a tomar café con una amiga y yo aproveché para llamar a Edu. Llamar a Edu no era como llamar a un amigo, ni siquiera a un conocido, implicaba una palpable tensión y una notable inseguridad, pues nunca sabía cómo podría ser su actitud. Pasaba del mediodía y ésta vez él parecía estar medio dormido. Su plan para aquel viaje no parecía consistir en mucho más que en ver como se comportaba María fuera de su entorno y, sobre todo, con algunas copas. Le noté un tanto desanimado justo en el momento en el que yo estaba más ansioso porque pasasen cosas. Me sorprendí a mi mismo diciendo:

-Con unas copas seguro que algo se deja… al fin y al cabo le parece que estás bueno… Lo que sucede es que creo que ella al saber que estás con Nati piensa que solo tienes ojos para ella. Quizás deberías piropearla un poco…

-Mmm… no es mucho mi estilo.

Me parecía surrealista a la vez que me sentía un traidor con mi novia dar aquellos consejos.

-Ya… bueno… yo la adularía un poco… que se sienta bien contigo.

-Vale… muy bien Pablito, después lo pienso bien.

La conversación no duró más de un minuto. Me dio la impresión de que quería seguir durmiendo. Poco después llegó María, comimos y se puso a hacer la maleta. Mientras la hacía estaba vestida con una camiseta blanca de tiras… se le veían las tetas bailar bajo la prenda constantemente… me imaginaba qué ropa cómoda llevaría para dormir y estar en la habitación del hotel, ojalá Edu pudiera verla así, con aquella ropa.

Tentado estuve de pedirle que se pusiera tal o cual ropa interior o tal o cual vestido por si salían algo de noche, pero no quería parecer ansioso. Además toda su ropa interior era perfecta, bragas de seda y sujetadores con algo de encaje, sobrios pero tremendamente sexys… y con cualquier vestido o falda iba a estar igualmente tremenda.

La llevé a la estación de tren y nos despedimos de forma rápida porque estaba mal aparcado. Por un lado me habría gustado coincidir con Edu en la estación, ver si se miraban, si se daban dos besos… aunque por otro lado me habría puesto tremendamente nervioso. Pero todo fue demasiado rápido y cuando me pude dar cuenta ya estaba conduciendo de vuelta a casa. De nuevo, hacía unas horas María había estado gritando “¡Quiero que Edu me folle!” y cosas similares y sin embargo la cosa quedaba ahí y no decíamos nada, ni siquiera cuando iban a pasar ahora cuatro días juntos.

Una vez en casa me di cuenta de que ante María podía disimular, dar a entender que lo de Edu con ella solo era un recurso para ponernos cachondos en la cama un par de veces por semana, pero la realidad era otra, mucho más intensa y casi enfermiza. Me fui al dormitorio con el portátil, abrí el cajón de la mesilla y cogí el enorme consolador… miraba la foto en la que salían juntos y miraba el consolador… y empecé a disfrutar una paja lenta y tranquila, recordando las frases de María, imaginándome que Edu le metía su polla, que en mi imaginación era del brutal tamaño de aquella de plástico… me la imaginaba gimiendo, descompuesta del placer y gritando antes de su orgasmo “¡esto sí que es una buena polla!” y cosas parecidas… y me corrí desvergonzado, gimiendo y resoplando… derramando leche por todo mi vientre.

La paz en mi cabeza duraba cinco minutos. Tras los cuales no dejaba de pensar qué estarían haciendo, si se sentarían juntos en el tren y demás. La cosa no mejoró cuando a la hora de la cena María me llamó y tras charlar un rato me dijo que tenía a Edu en la habitación de al lado. No pude reprimirme y comencé una batería de preguntas.

-Uyy… ya estás -rió.
-A ver qué hacéis…
-Qué vamos a hacer, dormir. Hemos quedado a las siete y media para desayunar abajo.
-Algo podrás hacer.
-Sí, vamos… me pongo un camisón y le llamo a la puerta con cara de me aburro, ¿no?
-Jaja, pues estaría bien.
-Ya… ya… ¿y el pacto?
-¿Qué pacto?
-¿Cómo que qué pacto? Me vacilas. El pacto de que no me pidas nada para hacer con él, solo fantasear en casa.
-Bueno… podrías saltártelo…
-Noooo, jaja.

Tras un pequeño silencio, ella dijo:

-Bueno, Pablis me acuesto ¿vale?
-Valee.. besito
-Un beso, te quiero, hasta mañana.

Estaba tirado en la cama y de nuevo estaba excitado. Intentaba pensar qué podría proponerle a María que pudiera hacer. Cuando me quise dar cuenta estaba empalmado, pero mi polla me parecía minúscula, cogí el consolador y lo puse al lado, era literalmente el doble que mi polla. No quería dormir y quería seguir hablándome con María, le saqué una foto a aquellas dos pollas y en un tono de broma le escribí a María al móvil:

-Tengo una foto de Edu y yo juntos.
-¿Sí? Jaja. Sorpréndeme…

Y le envié la foto de mi polla empalmada al lado de la de plástico que era el doble en longitud y grosor.

Ella me envió unos emoticonos de una cara sorprendida y un “Estaaas fataaaal, jajajajja”.

-¿No es verdad? -pregunté.
-Ay, yo que sé, voy a borrar esta guarrada ya.
-¿Qué pijama llevas?
-Uy Pablo… ya te veo venir…
-¿El qué?
-Mañana si no llego cansada si quieres nos escribimos cosas… ¿ok?
-Mmm… ok… venga un beso.
-Besazo.

Me desperté a la mañana siguiente y no tenía noticias ni de Edu ni de María. Intentaba tranquilizarme y seguía pensando qué podría proponerle a María para acercarse a él que ella pudiera aceptar. Era casi la hora de comer cuando María me envió una foto. En la foto estaban Edu y ella solos, en un pasillo largo con un ventanal a su izquierda, los dos de traje, ella con uno azul marino de pantalón y chaqueta y camisa blanca y él con uno algo más oscuro. Estaban muy pegados pero sin tocarse hombro con hombro… Amplié la foto… María estaba muy buena… con la melenaza con mucho volumen y estaba más sonriente que él.

-Me quieres matar -le escribí.
-Jaja, ¿poor?
-¿Sabes lo que voy a hacer con esta foto no?
-Jaja… uy… mejor no me lo cuentes.
-¿Qué tal?
-Bien… un poco pesada la mañana pero bien.

Quedamos en que me llamaría de noche, tan pronto llegase a su habitación. Pero yo tenía pendiente una cosa para antes, pues contaba las horas para llegar a casa y pajearme con aquella foto… me sentía como un adolescente de 14 años.

Estaba algo sorprendido porque Edu no me llamase ni me escribiese nada. Pensé que centraría sus esfuerzos en las cenas, en las noches… pero no podía evitar estar un poco intranquilo o preocupado por un posible pasotismo por su parte.

Finalmente salí tarde del trabajo, llegué a casa, cené y ya eran las once de la noche… Cuando estaba ya dispuesto a hacerme la paja con aquella foto María me llamó. Acababa de llegar a la habitación del hotel y comentaba como había ido el día, me hablaba de las charlas, de los abogados de su Firma de otras ciudades que estaban allí… entendía que era normal que me contara eso, lo que se cuentan todas las parejas, pero yo no tenía la cabeza en aquello. Colgamos sin que hubiera salido el tema Edu para nada. Fruto de mi desesperación pronto le escribí intentando que nos escribiéramos cosas subidas de tono, pero pronto me cortó.

-Uff… Pablo, mañana mejor, estoy muerta hoy, de verdad.
-Venga María, ayer me dijiste lo mismo.
-Te juro que mañana nos escribimos… guarradas… un rato, ¿vale?
-No sé… podrías mandarme una foto al menos.
-Uff… Pablo… es tarde.
-Vamos, María, solo una foto, es un minuto.
-Bueno, a ver… ¿Qué foto?
-Pues sentada, con el temporizador, como otras veces.
-Bueno… a ver.

Varias veces, cuando ella estaba de fin de semana en casa de sus padres, me mandaba alguna foto. Lo que hacía era poner la almohada en la mitad de la cama y apoyar allí el móvil y poner el temporizador, y ella sentarse respaldando su espalda en el cabecero de la cama, flexionando las piernas y separándolas. Yo veía que tardaba y ya estaba pajeándome lentamente esperando su foto. Finalmente me llegó, efectivamente, la imagen en la que se la veía a ella en aquella postura, sentada, con las piernas abiertas y flexionadas y mostrando unas bragas negras, arriba llevaba la camisa blanca de la foto de horas antes con Edu. Tenía el pelo por delante… tapándole un poco las tetas. Estaba para que me corriera en medio minuto.

-Bórrala, ¡eh!
-Que sí… la borro ahora. Venga… mándame otra… quítate las bragas.
-Noo.
-Venga… solo una más… igual pero sin bragas, anda.
-La última eh…
-Que sí.

De nuevo me volví a pajear lentamente esperando su foto. Tenía la polla durísima, imaginándome a María colocándose para mandarme la foto, quitándose las bragas… mientras Edu, ajeno a todo, estaba en la habitación de al lado. Me imaginaba que Edu llamaba a su puerta y ella le abría. Era absurdo, solo imaginación, que María le abriese la puerta en camisa y sin bragas… pero pensarlo me mataba literalmente.

Finalmente me llegó la foto, que fue similar a la anterior, pero esta vez mostraba aquel coño perfecto con el vello ligeramente recortado… se podían ver los labios del coño de manera bastante nítida… ¡¡¡dioos…!!! ¡¡aquella foto era brutal!! Me quedé ampliando aquella foto y moviéndome por su cuerpo, hacia su coño o sus tetas que se notaban enormes bajo la tela blanca, escudriñaba la foto como si no hubiera visto y tocado aquel cuerpo mil veces.

No supe parar, y le pedí otra más, le rogué que sería la última, quería ahora una en la que se le vieran las tetas y en la que hiciera algún gesto, lo que se le ocurriera. Le insistí y casi se llegó a enfadar, pero finalmente accedió. Pronto me llegó esa última foto… casi me da un infarto… Se había abierto la camisa y con una mano se tapaba el coño y con la otra se cogía ligeramente una teta… tetas que no se veían con claridad pues se había puesto el pelo hacia adelante… Se había recostado un poco más por lo que sus tetazas caían enormes por su torso… y ¡¡cogiéndose una teta con la mano…!! ¡¡dios… era increíble!! pero lo mejor no era eso si no que tenía una cara mucho más morbosa… ¡¡Dios…! ¡¡Parecía una actriz porno!! Me volvió a insistir que las borrara inmediatamente, le dije que sí y nos dimos las buenas noches. Era la foto más guarra que me había enviado nunca.

Yo tenía la polla a punto de explotar. Busqué en el móvil hasta llegar a Edu, vi que estaba en línea… Seguía sin escribirme… ¿Y si él pasara ya del tema? Quizás le había aburrido la historia al ver que yo no cooperaba demasiado y María no daba pié a nada… Estaba pensando con la polla, lo sabía, pero estaba sopesando seriamente mandarle al menos una de aquellas tres fotos.

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