ALBERTO ROMERO

El mes de los preparativos
El mes siguiente pasó a toda velocidad. Tan rápido que en vez de un mes pareció
una semana.
Josu Aguirre seguía con su investigación sin pausa. Después de informarse en
profundidad sobre la enfermedad de Josefa había continuando con las entrevistas
a diversas personas que aparecían en la carpeta de adopción. Los resultados habían
sido poco alentadores e infructuosos. Nadie se acordaba de aquel expediente.
Todos eran bastante mayores y los años habían ido borrando cualquier recuerdo
relativo a aquel caso. Pero Aguirre era cabezón como pocos, y no se desanimaba.
Marta empezó sus sesiones de psicólogo que le ayudaban a encarrilar sus
pensamientos por el buen camino. Se le notaba en el trato, en su humor día a día,
la sonrisa parecía haber vuelto a su rostro de nuevo.
Josefa seguía en búsqueda y captura, pero solo se cumplía la primera parte. La
búsqueda continuaba, en las aduanas de los aeropuertos estaba su ficha por si
aparecía, pero no se había vuelto a saber nada más de ella. La captura, por tanto,
se resistía. El tiempo seguía avanzando, y parecía que la tierra se la hubiera tragado.
Todos se preguntaban donde estaría, pero desde la comodidad del disfrute de
su ausencia. Los únicos que deseaban verla, para pedirle muchas explicaciones,
eran Ana y el inspector Aguirre. El resto respiraba aliviado por su ausencia sin rastro.
La pastelería estaba a punto. Los últimos días antes del cumpleaños de Marta
solo faltaba el cartel, y cuando llegó, Deyan no quiso instalarlo. Ya había rumores
en el barrio de que se iba a abrir un establecimiento nuevo. Todo el mundo hacía
cábalas sobre el tipo de negocio que lo albergaría, pero nadie terminaba de ponerse
de acuerdo. La ausencia de pistas desde el exterior mantenía el misterio. Deyan
se estaba encargando, con fino detalle, de que no se filtrara ni la más mínima
información. El cartel era tan bonito.
Adela y Miguel mantenían el secreto ilusionados. El día del cumpleaños se
acercaba y Marta no se imaginaba la gran sorpresa que le esperaba. Adela estaba
pletórica con los preparativos. Había demostrado que era capaz de guardar el secreto
y Deyan le había encomendado una tarea que él hubiera sido incapaz de hacer
si su suegra no le hubiera descubierto. La semana de víspera bajaba cada mañana
a preparar magdalenas, bizcochos y tartas de mil sabores. Ella era la madre
de la artista de la repostería, y la fuente de todas las recetas inspiradas de su hija.
Las cámaras y mostradores estaban a rebosar de dulces tentaciones.
La gran noticia llegó a cuatro días de la inauguración y cumpleaños de Marta:
Ana recibiría el alta hospitalaria al día siguiente. El último mes había sido definitivo
en los ejercicios de rehabilitación de Ana y todo estaba listo para su vuelta a casa.
Antonio había dedicado un gran esfuerzo a preparar el piso para la vuelta al
hogar de su mujer. El día que le dieron el alta estaba todo brillante y ordenado
como en un catálogo de decoración. Antonio echó un vistazo antes de cerrar la
puerta de camino al hospital. Le parecía una casa aún más bonita que cuando Ana
tuvo el accidente. Todo estaba en su sitio, preparado. Quizás sería también por la
sorpresa que esperaba en la que hasta ahora era la habitación de la plancha, y que
a partir de ahora sería la habitación del bebé. Sonrió sin poder evitarlo, la ilusión
recorrió todo su cuerpo. Marcó la clave de la alarma y cerró con llave la puerta de
entrada. Ana esperaba en el hospital su llegada. Por fin volvían a casa. Cuatro meses
de ausencia había sido demasiado tiempo.

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