TANATOS12

Me desperté y me sentí como una auténtica mierda. Me sentía terriblemente culpable. No entendía como le había podido ir con todo aquello al fanfarrón de Edu. Tan mal estaba que le pedí por favor a María si podía volver a casa aquella noche, en lugar de el lunes por la mañana. Mi novia se extrañó pero aceptó.

María llegó relativamente pronto, aun era de día. Tan pronto la vi supe que aquello había sido un estúpido bache, por una estupidez mía. Estaba espectacular, guapísima, había tomado algo el sol en casa de sus padres y había cogido bastante color, para colmo había llegado la primavera de repente y ella llevaba un vestido amarillo. Entró por la puerta y me la quería comer, y no solo en sentido sexual.

Ella respondió igual de cariñosa, nos dimos un fuerte abrazo. Le dije que la quería, que la había echado de menos, me vine un poco abajo. Ella me decía que sentía exactamente lo mismo y fuimos a cenar fuera. Allí no tardé en pedirle perdón, le dije que había sido todo culpa mía pero ella decía que había sido culpa de los dos, que ella había estado jodida pero que hacía tiempo que había querido arreglarlo pero que por orgullo no lo había hecho. Llegamos a la conclusión de que por no hablarlo habíamos perdido un mes de forma absurda. Le dije que la había echado de menos también sexualmente… y nos reímos de nuestros últimos polvos… que habían sido bastante cutres. Tentado estuve de contarle mi error con Edu pero la vi tan feliz que no fui capaz. Si Edu me volvía a escribir le diría que lo olvidase, aunque realmente pensaba que no lo haría, que quedaría en fantasías de borrachos.

Aquella noche más que follar hicimos el amor, que era lo que ambos necesitábamos. Fue un sexo puro y maravilloso y me sentí el novio más afortunado del mundo.

Al día siguiente en el trabajo me escribí bastante por móvil con María, todo muy cariñoso, hasta que a media tarde me escribió:

-No veas lo que acaba de pasar. He comido con Edu.

A mí casi se me sale el corazón por la boca. Miedo me daba ese cabrón.

-¿Y eso?
-Pues me ha pedido comer con él. Pensé que sería algo de trabajo y le he dicho que sí. Y al final era para pedirme perdón. Después te cuento bien.
-Perdón por…
-Perdón por aquel maldito día en mi despacho, sí.

Esa tarde quedé con María para tomar algo en una terraza antes de cenar en casa. Apareció con un traje azul marino y una camiseta blanca de cuello redondo, que le hacía una delantera digna de mención. En seguida me empezó a contar lo de la comida con Edu, que se lo había pedido por favor y que había estado muy majo y muy educado, pidiéndole perdón varias veces. Mientras María me lo contaba yo pensaba en el papelón que se había inventado aquel cabrón… pero no tuve el valor de decirle nada a María. Ella seguía contándome que Edu se había echado toda la culpa, que le había dicho que había sido un imbécil, que el que no había sido profesional había sido él… y no sé cuántas disculpas más. Yo me imaginé a aquel cretino inventándose aquellas disculpas que no sentía mientras le miraba las tetas a María y se me revolvían las tripas.

Esa noche, ya en el dormitorio, hablamos de Edu. Ella me decía que entre nuestra conversación el día anterior y la que había tenido con él en la comida se cerraba todo.

-Sí, bueno… se cierra todo… pero tienes que reconocer que era morboso.
-Uff… no me hables de eso, que bastante problemas nos ha dado.
-Bueno… nos ha dado problemas porque quizás al final se nos fue de las manos.
-No sé… es que prefiero no recordarlo.

Yo seguí hablando, explicándole que habíamos echado buenos polvos con esa fantasía y me reconoció que sí, aunque no quería hablar mucho del tema.

-Podemos hacer una cosa -le dije- podemos seguir a veces con la fantasía pero sin que salga de esta habitación.
-No, no. Olvídalo.
-Venga María. Solo cosas que nos digamos en estas cuatro paredes. Sin hacer nada fuera.
-¿Sin hacer nada fuera? Sin… desabróchate un botón… emm… siéntate con él… insinúate…
-Si, exacto. Nada de eso. Todo en este dormitorio. Todo cosas que nos digamos aquí.

María dudó un poco, pero finalmente accedió.

-Está bien… así vale… pero eso, ni se te ocurra pedirme más cosas raras.
-Que no… Es que… reconoce que hubo polvazos… diciéndonos cosas con el juego este…

Yo me acerqué a ella y la besé, ella me correspondió el beso, que se fue haciendo cada vez más guarro hasta que dijo:

-Pero hoy no eh… aun no me apetece hablar de ese idiota mientras lo hacemos.
-¿Aun te parece un idiota?
-Pues claro. Hoy se portó bien, está claro… pero aun así le veo algo que no me gusta…

Nos fuimos calentando… yo volvía a estar especialmente cachondo… como siempre que volvíamos con la fantasía… Ella se acabó subiendo encima de mí… y cogiendo mi polla para metérsela. Se sentó y sentía como la invadía… los dos resoplamos del gusto. Ella empezó a mover su cadera, a cabalgarme lentamente y llevaba la camiseta aun puesta; cuando se la quiso quitar le pedí que no… Ella apoyaba sus manos en mi pecho y movía la cadera… follándose mi polla y yo veía como se le marcaba el sujetador a través de la camiseta, aquellas tetas increíbles, así, tal cual estaban, se las había visto Edu horas antes y eso me ponía cachondísimo. Mientras María me montaba me preguntaba por qué no podía quitársela y le dije que me ponía verla así… que así la veían los tíos por la calle y que todos la miraban… Ella me dijo: “ya… ya…”, un poco seria.

Cambiamos de postura y me puse tras ella, no tardé mucho en hacer como otras veces y cerrar los ojos para imaginarme que no era yo quién la follaba a cuatro patas si no que era Edu y yo lo veía desde fuera. Intentaba con todas mis fuerzas no imaginarlo pero no lo podía evitar. Yo me salía de ella y se la volvía a meter… cada vez estaba más cachondo… lo hacía cada vez con más fuerza y ella gemía y gritaba, llegando a pedirme alguna vez que no fuera tan bruto, pero yo estaba otra vez fuera de mí. No salía de mi mente la imagen de aquel fanfarrón follándosela fuerte y María agradeciéndole la polla que le daba. Me imaginaba a aquel imbécil diciéndole cosas como que ahora sí que le estaban metiendo una buena polla… y ella respondiendo que por fin le metían una polla de verdad… Aquello me ponía tanto que a los pocos minutos de metérsela en esa postura, no pude más y me tuve que parar en seco para no correrme, pero María no estaba dispuesta a parar y comenzó a mover el culo hacia atrás, sin dejar de gemir y gritar haciendo que mi orgasmo fuera inevitable… y comencé a correrme en su interior como un loco…

Era la primera vez que follábamos de verdad, lo que era una buena follada… desde hacía cinco semanas.

-¿Ya? -me acabó diciendo María un poco fastidiada. Mi orgasmo la había cogido algo por sorpresa. Nos miramos y sonreímos, los dos sabíamos que, aunque corto, había sido otra vez un polvo de verdad.

Después de asearnos fui al salón a por el móvil. Edu me había escrito al Fac*****:

-Oye, tío, no sé si te lo ha dicho, pero le he pedido perdón y tal… se quedó encantada. Joder… no veas QUE TETAZAS se le marcaban hoy… qué cabrón… Ahora estuve dandole tema a Nati y la veo planísima, jajajaj. Ya está dado el primer paso pero ya tengo el segundo preparado. Te voy a hacer el CORNUDO DEL AÑO, no me des las gracias.

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