BELÉN JUAN

Cada vez tengo más claro que vivimos en una sociedad narcisista, en el
mundo del egocentrismo. Mira a tu alrededor. Vivimos en una especie de
contrarreloj, a una velocidad acelerada, que no nos permite hacer una pausa
en el camino, y eso nos afecta en las relaciones.
A veces pienso en el hecho de criticar, parece que vivimos constantemente
hablando de la gente, que muchas veces ni conocemos, criticamos ya como
si fuera un hábito.
Ahí está el problema. La mayoría de personas apenas se molestan en
conocer a otras, y la respuesta suele ser la misma: “no quiero que me hagan
daño”. Qué triste ¿no?
Parece que vivamos cohibidos, nos meten en la cabeza que tenemos que
ser los mejores, porque somos el “futuro”. Todo el tiempo tenemos que
aparentar, y eso, a mí por lo menos, me deja poco margen para ser yo
misma. No valoramos la calidad de la gente que nos rodea, parece que las
personas se han vuelto reemplazables, si alguien tiene un defecto lo
remplazamos por otra que nos guste más, porque claro hay que ser egoístas
y mirar por uno mismo. Ya no somos altruistas, los detalles dejaron de
importar, y el verse bien es lo más importante. Vamos centrándonos en
nosotros mismos. En nuestro mundo.
Señores es tiempo de ser cálidos y dejar el frío para el invierno.

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