ALBERTO ROMERO

Más llamadas anónimas
—¿Qué hace usted aquí? —preguntó Aguirre sorprendido de que Antonio supiese
donde se alojaba.
—Llamé a la comisaría preguntando por usted y me dieron esta dirección.
—¿Por qué no me ha llamado al móvil?
—Le he llamado un montón de veces, pero me saltaba un mensaje de apagado
fuera de cobertura.
Aquel maldito móvil fallaba cada vez más. Aguirre maldijo a las nuevas tecnologías
y envió a Antonio al bar de debajo del hostal a esperarle. No podía dejar
entrar en la habitación a Antonio, todo estaba revuelto, la mesa con sus resúmenes
a la vista y solo llevaba los calzoncillos con los que había dormido.
Se duchó con rapidez y bajó al bar a reunirse con Antonio. No sabía que tendría
que contarle con tanta urgencia, pero la curiosidad terminó de despejarle. Había
dormido dos horas, quizás tres como máximo, pero sentía como si hubiese
descansado la noche entera.
—Esta noche mi hermana ha recibido llamadas en el telefonillo del portal como
las que recibí yo el otro día.
—¿Y no había nadie detrás de la puerta?
—¿Cómo lo ha sabido? —preguntó Antonio sorprendido.
—Hombre, si me ha dicho que han sido como las que recibió usted…—dijo
Aguirre mientras se lamentaba del poco recorrido de Antonio.
—Ahhh, bueno, claro —dijo Antonio mientras caía el solo del guindo.
—¿Hacía que hora ha sucedido?
—Me ha dicho Marta que serían las once y media de la noche más o menos.
—¿Están bien?
—Sí, están todos bien, pero el susto ha sido grande. Llamaron dos veces, sin
responder, al telefonillo del portal, y una vez al del rellano del piso. En ninguna de
las ocasiones vieron a nadie.
—¿Estaba Deyan en casa?
—Sí, de hecho, después de la segunda llamada al telefonillo bajó al portal y le
pareció ver una sombra entre dos coches que se alejaba.
—¿No se le habrá ocurrido ir detrás?
—No, no fue detrás, tranquilo. Estoy acojonado con esto de las llamadas. Solo
de pensar que Josefa anda cerca me entran escalofríos.
—No se preocupe. Estamos investigando todo y cuidaremos de usted y de su
familia. Llamaré a su hermana luego para que me de todos los detalles.
—Gracias inspector.
Josu se levantó para dar por cerrada la charla, pero Antonio siguió sentando
mirándole.
—¿Hay algo más Antonio?
—Creo que he visto a dos hombres en un coche cerca del portal…
—¿Qué quiere decir?
—No sé, he sentido como si me vigilaran. Tenían una actitud sospechosa.
—Si me dice como era lo investigaré.
Antonio le dio todo lujo de detalles sobre los sospechosos que había interceptado
en un coche, junto a su portal.
Josu Aguirre trató de quitar hierro a la suspicacia de Antonio, porque sabía
perfectamente que eran los agentes que él había ordenado para patrullar el entorno
de la familia. Se despidió de Antonio con la excusa de que tenía mucho trabajo
y llamó de inmediato a la comisaría para pedir explicaciones. Necesitaba discreción
máxima, y aquello no ayudaba en absoluto.
Tras la nueva orden llamó a Marta y a Deyan por separado, para escuchar las
versiones de ambos sobre el suceso de las llamadas anónimas.
Tenía la sensación de que alguien estaba poniéndose muy nervioso ante su
presencia. Alguien que estaba tratando de asustar a Antonio y a su familia.
¿Quién sería ese alguien? Al final parecía que la fase tres de su plan iba a ganarse
la prioridad con la que había dudado antes de acostarse la noche anterior.

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