ALBERO ROMERO

Ordenando ideas

Después de entrevistarse con los padres de Antonio y Marta, el inspector Aguirre
se fue a cenar a un restaurante próximo al hostal donde se hospedaba aquellos
días en Madrid.
Toda la familia parecía tener la misma versión de la historia de Antonio. Todos
contra Josefa y Josefa contra todos. La historia parecía verosímil, pero había un
montón de sucesos que cojeaban por falta de información.
Todos los datos se iban ordenando en la cabeza de Josu Aguirre al ritmo de
los bocados de la cena. La libreta, fiel compañera de sus aventuras, aparecía desplegada
en el lado izquierdo de la mesa, abierta, acompañando el repaso del inspector.
Al día siguiente comenzaría la segunda fase: Salir del círculo de la familia y
empezar a buscar otros testigos, y la información que faltaba en todo aquel puzzle.
La mayoría de las incógnitas partían de la desaparición de Josefa, pero mientras
no apareciese tendría que rebuscar en otras fuentes.
Aquella noche durmió poco. Repasó una vez más los papeles de la carpeta de
adopción de Ana. Había unos cuantos médicos y enfermeras para los que tendría
algunas preguntas. También las monjas de Barakaldo eran candidatas para recibir
una nueva visita de Aguirre.
Justo cuando se le empezaban a cerrar los ojos de sueño le vino una idea a la
mente. Interrogar a los médicos que trataron a Josefa en el episodio de la depresión
podría arrojar algo de luz en el caso.
Anotó en la agenda que llamaría a Ana por la mañana, o mejor la visitaría en el
hospital, para ver que más le podía contar sobre la patología exacta que llevó a su
madre a comportarse de manera tan extraña.
Estaba convencido de que aquel comportamiento, al que su hija había querido
quitar importancia, estaba relacionado con los sucesos de la actualidad.
Todos aquellos interrogantes podían ayudar también a su promesa de ayudar
a Ana en la búsqueda de sus padres biológicos.
Para una tercera fase, como le gustaba pensar a Josu Aguirre, quedaría descubrir
quien estaba detrás de las cartas anónimas de Antonio, el secuestro de Josefa
y la última amenaza recibida por Antonio. Esta última amenaza no tenía ni pies ni
cabeza para venir de Josefa, porque antes de su desaparición no sabía que Ana
estaba embarazada. Aquella tercera fase tendría su inicio en aquella prueba: saber
quienes estaban informados del embarazo. Tirar de aquel hilo hizo acelerar el corazón
de Josu Aguirre. Sentía que allí encontraría muchas respuestas, y se puso
nervioso ante el subidón de adrenalina. Aquellos momentos de investigación le
hacían revivir los tiempos de juventud, en los que se sentía realizado y feliz de su
trabajo.
Se durmió con una sonrisa en la cara, dudando en si seguir con la segunda
fase de su plan o saltar directo a la fase tres. Había tantas dudas como papeles extendidos
por aquella pequeña habitación de hostal, pero sentía que iba por buen
camino con sus pesquisas. Los primeros rayos del sol comenzaron a colarse por la
ventana del patio al que asomaba su alojamiento en Madrid, pero necesitaba un
par de horas de sueño para recuperarse.
El reloj de su muñeca marcaba las 09:30h cuando alguien aporreó la puerta de
su habitación. Despertó de un brinco y asomó la cabeza para preguntar quien le
llamaba.
Antonio esperaba al otro lado de la puerta.

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