TANATOS12

Al día siguiente María se levantó temprano y me despertó pues estaba haciendo la maleta para irse el fin de semana. Cada cinco o seis semanas se iba a casa de sus padres. Siempre había sido muy familiar. Yo intentaba seguir durmiendo, ya me despediría de ella por la tarde.

Dormí como un par de horas más hasta que me levanté y ella me había escrito al móvil. Me decía que lo de la noche anterior había sido una locura, que había dicho cosas que no pensaba, que me quería y que la volvía loca sexualmente, que estaba plenamente satisfecha y que las cosas que había dicho durante el polvo habían sido fruto de un calentón. Acababa el mensaje repitiéndome que me quería como nunca.

Yo sabía que si le escribía se reafirmaría… así que no quise entrar en el tema y solo le dije que yo también la quería como nunca.

Estuve muy liado con recados por la mañana y por la tarde me acordé de milagro que le había prometido a un amigo que le ayudaría con una mudanza. Pensé que sería algo más rápido pero pronto vi que sería imposible despedirme de María antes de que se fuera a casa de sus padres. Fue realmente una putada… ningún viernes había tenido tantas ganas de despedirme como aquel… necesitaba además un polvo de despedida que no pudo ser.

María siempre tiene ganas de visitar a sus padres pero una vez allí siempre reconoce que se aburre y estamos todo el día colgados del móvil. Esa misma noche de viernes, cada uno en su cama, nos escribíamos sin parar y pronto el tema derivó en sexo. Le acabé escribiendo cómo me la querría haber follado en un polvo de despedida… lo que me gustaría haberle hecho… ella se cortaba un poco al escribir ese tipo de cosas pero me seguía el rollo también encantada de escribirnos en ese tono.

Nos deseamos las buenas noches y yo por fin tuve tiempo para estar solo y recapacitar sobre lo que había pasado la noche anterior. Aquellas frases de María… uff… quizás hubieran sido para complacerme pero… lo que había dicho era realmente fuerte. Me hice una paja tremenda recordando sus frases, aquellas… “hace que me corra…”, “me folla con su pedazo de polla…”. Joder… solo de recordarlas me corría en menos de un minuto.

El sábado cambiaron las tornas de lo que habían sido las últimas semanas, pues era ella la aburrida y me escribía mucho al móvil y yo el que estaba ocupado, en este caso con amigos, y no podía hacerle tanto caso. La cosa con mis amigos fue pasando de ir de cañas a cena con vino… a copas hasta tarde. Llegué a casa sobre las 2 de la madrugada y le escribí a María que para mi sorpresa estaba despierta. Me preguntó que qué tal los chicos… si había ligado… y le dije que no, pero que había visto a Edu.

-¿En serio?
-Jaja, que va, mujer…
-Ah.
-Habría estado bien verle.
-¿Tú crees? -preguntó.
-Pues sí. Oye… ¿Cómo estás?
-¿Cómo estoy de qué?
-Ya sabes… que si estás… cachonda…

Me respondió con un emoticono sonrojado.

-Jaja -le puse yo. ¿Quieres jugar?
-No sé… es un poco tarde.
-El jueves estabas increíble… en camisa blanca… con tus tetas…
-Tú también estabas guapo.
-¿Cómo ves lo de esa camisa sin sujetador con él? Piénsalo otra vez.

María respondió poniendo varios puntos suspensivos.

-Jaja, ¿eso que es?
-Que lo veo difícil.
-¿Difícil pero no imposible?

En ese momento la pantalla ponía que María escribía y escribía. Yo tenía la polla dura por la conversación. Me bajé un poco el pantalón del pijama y releía la conversación, excitado y expectante… y me pajeaba lentamente. Finalmente apareció un buen párrafo escrito por ella:

-No lo sé, lo estoy pensando, ¿vale? Se que a ti te pone muchísimo que haga eso… Igual paso un poco de vergüenza o ni se da cuenta… Si lo hago es por ti, porque te quiero y se que llevamos más de un mes con esto. Podría meter una reunión con él el lunes, una reunión corta e intentarlo. Pero no te prometo nada.

Joder… aquello era más de lo esperado. Comencé a pajearme mientras lo releía… ufff…. imaginarme a María, con sus tetas… y con esos pezones enormes…. transparentándose bajo la camisa y a Edu alucinando… joder… es que me corría solo de pensarlo.

-Joder, María… no me merezco la novia que tengo.
-Ya… ya…
-Jaja… en serio.
-Bueno, ¿dormimos? -preguntó
-Sí, dormimos.
-Te quiero.
-Te quiero mucho. Besazo.
-Besazoo.

Apagué el móvil e, imaginándome a María transparentándose las tetas en la cara de Edu, me hice una pedazo de paja que me dejé el vientre perdido de leche de una manera increíble…

El domingo yo estaba de resaca y María aburrida y volvió a salir el tema y comenzamos a fantasear con cómo sería esa escena. Ella de vez en cuando me decía que no podía prometer nada. Pero volvíamos al tema. Pondría la reunión para última hora, una reunión rápida a las siete de la tarde y si se veía capaz, puesto que tiene un despacho para ella sola y nadie entra sin llamar… se quitaría el sujetador, lo metería en el bolso, se sentaría en la mesa pequeña de reuniones… y vendría Edu que tendría una visión muy nítida de sus areolas y pezones… así como toda la silueta de sus tetazas. Yo de vez en cuando me sorprendía que ella accediera, se la veía super cachonda. La tarde del domingo le escribía cosas que me gustaría hacerle, aunque mi cabeza estaba en su show con Edu, pero sabía que si le escribía fantaseando con lo que podría ver Edu de sus tetas se podría asustar.

Llegó el lunes y María iba directa desde casa de sus padres al trabajo. Yo contaba las horas para que dieran las siete. Intentaba no hacerme pajas para disfrutar bien de María por la noche. Ya me veía follándomela mientras ella me contaba como Edu le había mirado las tetas. Pero fue inevitable que finalmente me hiciera una paja después de comer.

No la quería atosigar así que no le pregunté nada del tema. Dieron las siete y no había recibido ni un “sí, me atrevo”, ni un “uff, no me atrevo”. Dieron las siete y media y yo no podía más con los nervios… tenía las manos heladas y me palpitaba el corazón que se me salía del pecho. Le escribí y no respondió. Dieron las ocho y cuarto y la llamé y me rechazó la llamada. Finalmente me llamó ella pasadas las ocho y media ya desde la calle. Supe en el momento que la cosa no había ido bien, estaba muy alterada…

-¡¡He pasado la mayor vergüenza de mi vida!!¡Me quiero morir! Llevo un rato sola en mi despacho que se me caen las lágrimas. ¡No te perdono que me hayas comido la cabeza para hacer esto! ¡En serio! ¡ahora mismo te odio como no te imaginas! -me gritaba alteradísima.

-¡¡Quéee…!! ¿pero qué ha pasado? -Pasé de golpe de estar excitado a estar en shock total.

-Pues que al final lo hice y tan pronto entró por la puerta sabía que aquello era una locura. Nada más entrar me miró las tetas, era descaradísimo joder… no sé como se me pudo ir la olla así.

-Bueno, no es para tanto.

-¿Que no es para tanto? En serio, te lo cuento con lágrimas en los ojos. Estuvo como tres minutos mirándome las tetas, sin cortarse un pelo, haciéndome sentir incomodísima, yo no decía nada coherente, estaba bloqueada, y él lo sabía, y yo no sabía como taparme y me acabó diciendo… ¿sabes que me dijo?

-¿Qué ?

-Me dijo: “Oye María… me metes esta reunión con calzador… y… me enseñas las tetas… porque sabes que me estás enseñando las tetas, ¿no? Podríamos ser un poco profesionales”.

-Joder…. No me jodas…

-Te juro que me quise morir allí mismo. No me habían humillado así en la vida.

-Joder… María…

-Sí… ya… ¿Y sabes lo que hice? Le pedí perdón, dios.. le pedí perdón… joder… y fui a ponerme la americana para taparme… dios… qué puta vergüenza, la reunión no duró ni dos minutos más y se fue sin decir nada. ¡Como se lo diga a alguien es que me muero!

-Joder María… y qué va a decir… igual se te rompió el sujetador… esas cosas pueden pasar.

-Mira… nunca… jamás… en tu vida me vuelvas a sacar el tema de Edu ¡Jamás! ¡¡No quiero hablar de esto ni de ese hijo de puta nunca más!! ¡¡No me habían humillado así en la vida!! Voy para casa y no quiero ni que me hables. Voy directa para la cama. En serio, cuando entre no me digas ni una palabra.

María colgó el teléfono y yo estaba con el corazón en un puño, no me lo podía ni creer. Mi primera reacción era de que quizás no había sido para tanto, que ya se le pasaría. Después pensé que Edu era un buen cabrón, si yo me viera en una de esas me alegraría la vista y no diría nada… Es que había que ser hijo de puta para decirle aquello.

María llegó a casa y pasó por delante de mi y efectivamente se fue directamente al dormitorio. Media hora más tarde entré allí y le pregunté si quería cenar y no me respondió. Acabé metiéndome en la cama y no dijimos ni una palabra.

Yo sabía que la había jodido bien, lo que aún no sabía era hasta qué punto.

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