ALBERTO ROMERO

Deyan desconfía
Ana llamó al inspector Aguirre por la mañana, antes siquiera de que le trajesen el
desayuno del hospital. Después de reflexionar sobre sus orígenes estaba dispuesta
a pedir al inspector que le ayudase a buscar a sus verdaderos padres.
—Buenos Días inspector —dijo Ana en cuanto Josu Aguirre descolgó el teléfono.
—Buenos Días Ana, ¿Qué tal estás? —preguntó Aguirre muy educado.
—Bien, pero me gustaría hablar con usted. ¿Podría venir al hospital?
—¿Ha recordado algo más?
—No, pero me gustaría pedirle un favor.
—De acuerdo. Deme una hora y estaré allí.
—De acuerdo, muchas gracias inspector —dijo Ana mientras colgaba el teléfono.
No le había dicho a Antonio nada de que quería conocer a sus verdaderos padres,
y quedar con el inspector de policía aquella mañana le venía de maravilla.
Justo esa mañana ella le había animado a quedarse tranquilo en casa y a hacer algunos
recados. No le podía haber salido mejor la jugada.
Si el inspector no podía ayudarle a encontrar a sus padres, al menos no le daría
a Antonio otro motivo de preocupación para añadir a la lista de los que ya tenía.
Después de la conversación del inspector Aguirre con Deyan del día anterior
este llamó a su cuñado para informarle de como había ido la entrevista.
—Buenos Días cuñado, ¿Cómo estás? —dijo Deyan en cuanto Antonio descolgó.
—Bien, aquí limpiando un poco la casa. ¿Tú qué tal?
—Bien, te llamo porque ayer al mediodía estuve hablando con el inspector de
policía que está investigando lo tuyo.
—Anda, no sabía que quisiese hablar contigo.
—Yo tampoco, apareció de repente en el trabajo a la hora de comer.
—¿Y qué tal fue?, ¿Es amable, verdad?
—Bueno a mi no me gustó ni un pelo.
—¿Por? —dijo Antonio sorprendido.
—No sé. Se interesó mucho por mi relación contigo. Quería saber todo de
como nos llevamos. Hasta me preguntó por el gimnasio. Me pareció muy desconfiado.
—Ya…Imagino que está investigando todo nuestro entorno.
—Me dio la sensación de que no se cree tu versión de los hechos. Deberías tener
cuidado con ese policía.
Antonio se quedó en silencio, preocupado por lo que le estaba contando Deyan.
—Bueno, no te preocupes. Ya sé que tú no eres muy amigo de la policía, pero
le he contado la verdad. Estoy tranquilo en eso.
—Ha investigado trapos sucios míos de cuando vine a España.
—¿Lo de las peleas?
—Sí, mis problemas con el alcohol.
—No te preocupes tampoco Deyan. Eso es pasado, ahora estás bien, eres un
hombre honrado.
—No sé…No me ha gustado. No me gustaría que fuese con chismes a Marta.
—Hablaré con él para pedirle discreción con ese tema.
—Te lo agradezco cuñado.
Terminaron la conversación hablando de cosas más triviales y se emplazaron a
verse esa misma semana.
El inspector Aguirre llegó puntual al hospital. Ana le esperaba en la cama, agotada
de la sesión de fisioterapia que tenía cada mañana temprano. Cuando entró
en la habitación Aguirre se interesó por su salud antes de entrar en materia, pero
fue la propia Ana la que fue al grano.
Le explicó como se sentía después de todo lo ocurrido y su inquietud por conocer
a sus verdaderos padres.
Ana, visiblemente nerviosa, interrogó al policía tratando de saber si había conseguido
información del expediente de adopción. Algo que arrojase luz en torno a
sus padres verdaderos.
Aguirre le aseguró que era algo que iba a investigar, pero que aún se encontraba
en la fase de interrogar testigos. Que sería lo siguiente que haría.
Ana se echó a llorar emocionada por la situación.
—¿Me ayudará agente? —suplicó casi sin voz y envuelta en un mar de lágrimas.
—Por supuesto —dijo Aguirre con voz firme.

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