JUANA APARICIO
El otoño sangra sobre las viñas,
muda púrpuras sus hojas.
Se envuelven con el sol tibio,
se confunden sus colores,
porque el frío brota poco a poco.
Se quedarán así,
desnudas y desvaídas en su esqueleto oscuro.
Alargarán sus nervios, sus dedos,
para en el aire asir fantasmas que no se manchan de barro.
Rasgarán las siluetas del silencio con miedo de no despertar
y que su verde de primavera quede cautivo en los retorcidos nudos negros de su ropaje de invierno.

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