ALBERTO ROMERO

 

Alguien que me ayude
Esto resulta muy duro. No le deseo ni a mi peor enemigo una situación como la
que estoy viviendo. Ha pasado ya casi un mes desde que desperté del coma y parece
que mi amnesia por fin está curada. Mis amigos, mi familia y mi marido me
han ayudado en el largo camino que ha supuesto la recuperación de mis recuerdos,
pero hay ratos en que hubiese preferido quedarme tal cual, sin memoria.
Algunos ratos me vuelvo un poco loca pensando en todo lo que ha sucedido
desde el accidente, y como ha cambiado mi vida de golpe. Te despiertas de un
coma, dolorida, asustada, desubicada, y de repente todo el mundo empieza a ponerte
al día. No parece que dos meses sean mucho tiempo de ausencia, pero resulta
que todo ha quedado tan patas arriba, que ni tu madre es ya tu madre.
Estoy desesperada con este asunto.
Cuando Antonio me lo dijo me quería morir. Nunca se me había pasado por la
cabeza que a mi me pudiese pasar algo así. Estaba convencida y acostumbrada a
quienes eran mis padres, y de repente unos papeles dicen que fui adoptada.
Mi padre se fue a la tumba llevándose el secreto, aunque parece que me contó
algunos cuentos con moraleja, en el lecho de muerte, relativos a esto. Eran tan
«cuentos» que ni yo supe sacarles sentido.
Mi madre ha dado un cambio, y ha hecho cosas tan fuertes en mi ausencia,
que ni la reconozco.
Al principio no me quería creer lo que me estaban contando, pero cuando han
ido poniendo tantas pruebas sobre la mesa, no me ha quedado más remedio que
asumirlo.
Estoy en ello, en ese proceso de asumir y tragar este «bolo». No es fácil, no se
consigue de la noche a la mañana. Y menos aún si estás todo el día en una cama
de hospital con largas horas para dedicar a darle vueltas a todos los pensamientos.
Me gustaría pedirle muchas explicaciones a mi madre, la adoptiva. La madre
que me ha criado toda la vida diciendo que tenía la boca de mi padre, o sus ojos.
Esa que aparece en un expediente de adopción con mi nombre y apellidos. Pero
después de amenazar a mi marido, y comportarse como una delincuente, está en
paradero desconocido.
La he llamado cientos de veces y el teléfono siempre aparece apagado o no
disponible en ese momento. Pura desesperación.
Busqué respuestas en aquella carpeta sin mucho éxito. Resguardos del registro,
partidas de nacimiento y un montón de nombres que no tienen sentido, ni
pies, ni cabeza, para mí.
Considero que todas mis dudas merecen una respuesta, pero aquí nada, ni nadie
me las da.
Me gustaría conocer a mis verdaderos padres, los que me trajeron al mundo,
los que me entregaron en adopción. Ponerles cara, ponerles voz, saber por qué tuvieron
que entregarme en adopción y saber como estarán ahora.
Ahora que sé que existen quiero conocerlos. Creo que es justa compensación
después de haber vivido engañada tantos años.
Después de hablar con el inspector Aguirre el otro día he estado dándole
vueltas a pedirle que me ayude a localizarlos.
Seguro que él como policía tiene más idea o formas de localizar a alguien. Es
mi última esperanza. Solo me queda eso, o esperar a que mi salud esté de nuevo a
punto y ser yo misma la que salga a buscarlos.
Aunque me lleve años o, aunque tenga que recorrer cielo y tierra, no pararé
hasta saber cuales fueron mis orígenes verdaderos.
Lo dejo anotado en mi libreta para que conste. A modo de diario, de promesa,
de blog en papel, como el que tenía en proyecto. Ojalá pueda escribir una nueva
entrada más pronto que tarde, donde haya podido satisfacer mi curiosidad, mis
dudas sobre mi origen verdadero.
Ana.

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