ECONOMISTA

Marina salió huyendo con la excusa de ir a echar un vistazo a los niños y nos quedamos allí los tres.

– Cristina, la de la tienda de muebles, dijo Gonzalo.

Evidentemente por la cara de mi mujer no sabía nada de aquello, así que mi cuñado disfrutó humillándome mas si cabe.

– Si, la chica esta alta, ¿sabias que habían sido novios en el instituto ella y tu marido, no?.
– Ehhhh, si, claro, claro, dijo Claudia.
– Decía que que pequeña es la ciudad, al final nos conocemos todos.
– Ya está bien Gonzalo, dije yo intentando zanjar el tema, pero él seguía insistiendo.
– Tiene buen gusto para las mujeres tu marido, aunque seáis completamente distintas…

Cuanto mas hablaba Gonzalo mas se iba torciendo el gesto de Claudia. Apurando la cerveza dió un último trago y nos dejó allí solos.

– Luego vamos a hablar en casa tu y yo, me advirtió mi mujer ante la sonrisa burlona de mi cuñado.

Otra vez me iba a tocar dar muchas explicaciones, aunque esperaba salir del paso con facilidad, tan solo tenía que decir que Cristina había sido una novieta del instituto hacía muchos años y que casi no me acordaba de ella cuando la vimos en la tienda de muebles.

Comimos por última vez en la casa rural y luego después de darnos un baño y dejar que los niños jugaran en el parque por última vez nos fuimos para casa. En el viaje de vuelta Claudia iba muy callada en el coche y en cuanto acostamos a las niñas bajamos al salón para hablar.

– No paras de dejarme en evidencia, ¡toda la vida igual!, no he pasado mas vergüenza que hoy en la vida, ¿así que tu y la de la tienda de muebles habéis sido novios? y me imagino que lo sabían todos menos yo?, ¿porqué no me lo has dicho?, ¿tanto te costaba?, ¡joder hasta Gonzalo lo sabía!, ¿tienes algo que ocultar o que?…
– Fue hace mucho tiempo, cuando nos atendió en la tienda no le quise dar importancia…habían pasado tantos años…
– Si no me lo cuentas es cuando me pienso que es porque sí le das importancia.
– Éramos novios en el instituto Claudia, mira cuantos años han pasado, casi 15 años…
– ¿Solo eso?, en el instituto, o sea que fue una novieta pasajera…
– Bueno…eh…no exactamente…

Pude haber dicho que si, que Cristina había sido una novia del instituto y haber terminado así la historia, pero no sé porqué, se lo conté todo a Claudia. En el fondo es como si quisiera que ella conociera todo lo que me había hecho Cristina.

Le conté que estuvimos casi 6 años, lo de las infidelidades, como me ponía los cuernos con el que le daba la gana, como me trataba, incluso como me arrastré con ella al final de la relación. TODO. Incluso en algunas cosas entré en detalles, cuando ella me engañaba y al día siguiente quedábamos para que ella me relatara lo que había hecho. El humillarme así con mi mujer hizo que me excitara mucho. Me encantaba esa sensación y cuando terminé de hablar estaba empalmado. Simple y llanamente me había rebajado ante mi mujer y se me había puesto dura.

– O sea que al poco de que ella te dejara empezaste a salir conmigo.
– Si, mas o menos, unos pocos meses después.

Yo estaba sentado en el sofá mientras Claudia no dejaba de andar de un lado a otro, no podía estarse quieta.

– No sé que pensar, estoy bloqueada y ¿entonces con lo que pasaste con ella no se te ocurrió que me gustaría haberlo sabido el día que fuimos a comprar la habitación de Blanca?.
– Estuve dudando de si contártelo o no, pero como hicimos como que no nos conocíamos, entonces lo dejé pasar…
– ¡¡La colilla en la ventana!!, exclamó Claudia de repente, – cuando estuvo fumando aquí, ¿estuvisteis hablando, verdad?, algo pasó, ¿de que estuvisteis hablando?, ¿pasó algo?, y no me mientas…
– No, de nada, no hablamos realmente de nada, dije yo mintiendo, pero me había puesto tan rojo que yo mismo me delaté.
– ¡No me vueltas a mentir joder!, ¡¡cuéntame la verdad!!, ¿¡¡que pasó ese día.!!?
– Yo Claudia, no quería, ehhhh, yo…ehhhhh, ella…no, empecé a balbucear empezando a lloriquear.

Claudia se acercó a mi completamente enojada y me abofeteó como a un imbécil. Caí de espaldas en el sofá con la mano en la cara y ella descubrió mi tremenda erección.

– ¡Encima la tienes dura!, ¡¡no me lo puedo creer!!, ha sido contarme lo que te hizo esa zorra y te has puesto cachondo, ¡¡la tienes dura!!, lo tuyo es de locos…¡¡dime que pasó el día que vino a casa!!, no te lo voy a repetir más.
– No pasó nada, empezamos a hablar del pasado, ella se rió de mi, me dijo que seguía igual, que se lo había pasado muy bien conmigo cuando éramos novios, la dije que se fuera de casa, pero no quiso, ella seguía hablando mas y más, riéndose de mi, me dijo que había sido un buen cornudo y que me había engañado con mas de 30 tíos…yo la dije que se fuera de casa, pero no se iba Claudia, se lo pedí por favor…, ¿que podía hacer?
– ¡¡Echarla con dos cojones, que son los que te faltan!!, ¡Sigue hablando, cuéntamelo todo!.

Fui a incorporarme pero Claudia no me dejó.

– No te muevas, sigue hablando, ¿que mas pasó?.
– Me hizo ponerme de rodillas…, dije con voz temblorosa.
– ¡¡No me lo puedo creer!!, dijo Claudia tapándose la cara con las manos.
– Y ya está, no pasó nada mas…
– ¡¡Sigueeee joder!!.
– ¡¡Vale!!, ¡Me dijo que se lo comiera, que fuera bueno y se lo comiera!, pero yo no lo hice, de verdad que no, no lo hice, ¿estás contenta?, dije empezando a sollozar.
– Por el amor de dios, ¡encima no te pongas a llorar, eres patético!, ¿¿le comiste el coño a esa zorra en la habitación de tu hija??.
– ¡¡No, no lo hice Claudia, de verdad que no!!, tienes que creerme Claudia, no lo hice…antes me corrí en los pantalones, me corrí sin que ella me tocara, dije sollozando y tapándome la boca como si me diera vergüenza lo que acababa de decir, – me corrí en los pantalones…
– ¿O sea que me estás diciendo que mientras te ponías de rodilla ante ella te corriste en los pantalones?.
– Si, eso es lo que ocurrió Claudia, te lo digo de verdad, ¡¡no pasó nada entre ella y yo!!
– ¿Tan cachondo te puso que hizo que te corrieras?
– No sé lo que me pasó Claudia, se había estado burlando de mi, recordándome lo de los cuernos, ya sabes que eso me excita mucho…
– ¿Por eso eres así, por esa zorra?.
– ¿Así como?.
– Así, de la manera que eres, un puto cornudo que quiere que me acueste con otros hombres, ¿de verdad quieres que sea como esa fulana?, ¿eso es lo que te excita?.
– No, Claudia, no quiero que seas como ella.
– ¿Se lo hubieras comido?.
– ¿¡¡Como dices!!?
– Que si no te hubieras corrido en los pantalones lo hubieras hecho…
– No lo sé Claudia, puede que si, esa mujer es como el diablo, me anula la voluntad, no lo puedo evitar…
– Pues ahora lo vas a hacer conmigo, dijo dándome otra bofetada y tumbándome de nuevo…
– ¿Que voy a hacer…que?.

Claudia se quitó el pantalón corto junto con las braguitas quedándose desnuda de cintura para abajo, se fue subiendo sobre mi hasta que me puso el coño delante, luego se dejó caer sentándose en mi cara.

Yo no daba crédito a lo que estaba pasando.

Se restregó contra mi boca con furia, con ganas, con mala hostia, descargando la rabia acumulada durante nuestra discusión. Me agarró del pelo empotrando su coño contra mi lengua, apenas podía respirar, pero a Claudia eso le dió igual, unos segundos mas tarde ya se estaba corriendo.

– ¡¡Cómemelo, cómemelo!!, ahhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh…ahhhhhhhhhhhhh…

Yo que estaba con toda la tensión acumulada del fin de semana me apreté el paquete acordándome de mi ex, de las tetazas de Carlota, del cuerpo de Marina y con un par de frotamientos me corrí dentro del pantalón a la vez que ella lo hacía.

Se quitó de encima y volvió a ponerse el pantalón. Observó la mancha que tenía en la entrepierna después de haberme corrido y mirándola a los ojos pude adivinar perfectamente lo que estaba pensando,“yo también puedo hacer que te corras sin tocártela”. Sacó su móvil del bolso y me lo lanzó.

– Esta tarde me ha vuelto a escribir Víctor.

Miré su Whatsapp y efectivamente tenía un mensaje del tío que había conocido en Madrid.

– Hola Claudia, no te creas que me he olvidado de ti, seguimos teniendo pendiente una cena juntos, ¿cuando te pasas por Madrid?. 18:24

Ella no le había contestado, pero al enseñarme el teléfono me dejaba bien claras sus intenciones.

– ¿Entonces le contesto, no?.
– Lo que tu quieras.

Comenzó a subir escaleras arriba con el teléfono en la mano, cuando estaba en el segundo escalón se giró hacia mi.

– No quiero que vuelvas a ver a esa zorra. Si me entero que lo haces, no vuelves a saber nada de mi ni de las niñas y te lo estoy diciendo completamente en serio.

Desde luego que no estaba bromeando y veía a mi mujer perfectamente capaz de cumplir sus amenazas. Me quedé pensando en lo que acababa de ocurrir, todavía estaba perplejo ante la reacción de Claudia. Le había contado mi relación con Cristina, lo que había pasado mas o menos en la habitación de nuestro chalet (omitiendo algún detalle) y aunque se había enfadado como respuesta me había plantado el coño en la cara para que se lo comiera. No me lo podía creer.

Supongo que ya había aceptado por completo mi comportamiento. Otra posibilidad es que se hubiera puesto cachonda al escuchar lo que hacía Cristina conmigo, que también podría ser. Seguramente se habría puesto en su lugar y no le había desagradado la idea de hacerme todas esas cosas. El caso es que a mi me dio mucho morbo contárselo a Claudia, además me había quitado un peso de encima, ya no tenía secretos para ella (excepto lo que pasó en el almacén).

Le había dado carta blanca para hacer lo que quisiera.

Cuando subí a la habitación Claudia estaba whatsapeando por el móvil recostada en la cama.

– Si, es lo que estás pensando, estoy hablando con Víctor, debería quedar con él y hacerte lo mismo que me has contado abajo, pero el caso es que si lo hago sería como ella y yo no soy así, buenas noches, dijo dándose media vuelta y acostándose en la cama.
– Esto Claudia, ¿te podría pedir..

Claudia cogió su móvil y lo lanzó al lado de la cama donde estaba.

– Toma, para que te quedes tranquilo.

Me había leído el pensamiento sin tener que pedírselo, por supuesto que quería ver que es lo que se había escrito por mi mujer con el hombre que había conocido en Madrid. Desbloqueé el móvil y comencé a leer los whatsapp entre ellos.

– Hola Víctor, ¿que tal?, no tengo pensado pasarme por Madrid en todo el verano, vacaciones y tal, de todas formas ya sabes mi respuesta. 23:15
– Hola, gracias por contestar, pensé que no querías saber nada de mi, que pena que no puedas venir. 23:16
– No insistas, no puedo cenar contigo. 23:16
– ¿Porque?.
 23:16
– Ya lo sabes, no creo que tenga que decirlo. 23:17
– Me da igual que estés casada, ya te lo he dicho, incluso no me importaría que viniera tu marido si así te parece mejor.23:18
– No creo que a él le parezca una buena idea. 23:18
– Yo tampoco quiero que venga, prefiero cenar contigo a solas, en eso estamos de acuerdo. 23:18
– Bueno Víctor, te voy a dejar. 23:19
– Como quieras, yo seguiré insistiendo mientras no me bloquees, de todas formas me gustaría seguir hablando contigo por whatsapp. 23:19
– Ya veremos. 23:19
– Un beso Claudia. 23:19

Así terminaba la conversación de mi mujer con Víctor, no es que hubiera habido un gran avance pues Claudia seguía sin querer cenar con él, pero leyendo un poco entre lineas se podía deducir que él iba a seguir insistiendo y se le veía tan seguro de si mismo que yo ya no empezaba a ver nada descabellado la posibilidad de un encuentro entre ellos, a pesar que de momento Claudia no le había dado muchas opciones.

Víctor no tardó en demostrarme que no debía menospreciar sus habilidades en seducir a una mujer.

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