HÉCTOR RÍOS

 

La señora esperaba su turno a ser atendida, cuando la muchacha que sacaba copias le pidió unos minutos, pues debía buscar otra resma de papel, entonces quedó la señora sola, con la luz y la brisa de media mañana que recorría el pasillo amplio que en su oportunidad fue la entrada a una gran sala de una casa grande, lo que tras el boom urbanizador dió por llamárseles casa-quinta. Todo ese eufemismo utilizado para poder vender sensación de ascenso social a la gente.

Y allí estaba aguardando la señora cuando de pronto escuchó. – Pssst, oiga señora– esta miró a los lados y se asomó en la amplia sala, que aun conservaba todos sus muebles, pero no vio a nadie y dudando de su salud mental, se preocupó de las jugadas de su mente.

Una vez ya calmada, sintió de nuevo que le decían:

Hey amiga, si usted, tengo que decirle algo. Necesito  decirle algo, y creo que usted es la indicada.

La señora, en vez de salir corriendo espantada, se limitó a decir con dudas.

-Síííí, dígame?- sin saber a quién le hablaba.

-Escúcheme amiga, ¿le puedo decir amiga, verdad?, mire usted no se está volviendo loca ni nada, yo soy la que le hablo, pero es que necesito desahogarme, amiga.-

Y la señora sin miedo, solo respondía con monosílabos y estiradas palabras, como para sacudirse la incredulidad.

Ajaaa, peroo ¿quién eees?

-Ay amiga, soy yo, ¡míreme!, desde hace rato que necesito hablar con alguien, pero solo con usted es que pude conectarme.

– ¿Conectarse?, Coño, ¿un espanto?

-No chica, que espantos ni que nada, soy yo, ¡¡¡La Casa!!!

-¿Cómo es la vaina? Ahora si es que me volví loca- sentenció la señora.

-Ay no vale, chica, que loca vas a estar tú, ni que nada- le dijo La Casa.

– Es que conecté contigo, porque nos parecemos mucho, deja que te cuente mi historia.

Y ahí en ese iluminado y fresco pasillo, la señora se dispuso a escuchar la historia de su nueva amiga, La Casa.

-Mire, aquí donde usted me ve tengo mis 40 pasaditos, pero muy bien mantenidos, y eso se me nota en la fachada, y mis paredes siempre blanquitas, ni una filtración en el techo, sin goteras en los baños ni la cocina, los closets originales, mis espacios amplísimos, agradables, iluminados, todos emporcelanados. Claro, si aquí vivió gente decente, yo fui el aposento de la familia Isturiz-Bianchi. Si, si, la familia del mismísimo Doctor Isturiz vivió aquí, bueno hasta hace unos 5 años.

Mientras tanto, la señora, esperando a la muchacha de las copias, supo que de verdad las paredes hablaban, y como no tenía otra opción, se dispuso a escuchar.

Aja y entonces que pasó?- le dijo  a La Casa, para que se animara a contarle su historia.

-Bueno amiga, resulta que yo fui el regalo de matrimonio que el Doctor Isturiz le dio a su esposa, la señora Bianchi, y fui testigo del crecimiento de la familia, la llegada de los hijos, de la bonanza económica, tanto del doctor como del país.

-Mira, esa gente sí que sabía vivir bien, todos los años me consentían con mis capitas de pinturas y todo el mantenimiento que una necesita, eso lo hacía un jardinero todo uso, además de dos señoras que hacían el servicio, una para el orden y tenerme presentable y la otra para cocinarle a ese gentío, y que gente para tener buen diente; aquí todos los mediodías, luego que los niños llegaban del colegio, se lavaban, cambiaban de ropa y se sentaban todos en ese comedor grande que esta después del recibo principal, a  esa hora puntual, siempre llegaba el doctor, y disfrutaban su almuerzo, que no era nada improvisado, no amiga, nada que ver, a esta familia no la resolvías con un bistecito comprado media hora antes de la comida donde el portugués de la esquina más arroz blanco y esos jugos de sobre, ¡¡horror!!,

-No señor, la cocinera hacía las comidas con unas recetas que sacaban de un libro rojo ahí, que se lo dio la mamá de la señora Bianchi cuando se casó, porque según ella, toda casa respetable debía tenerlo, un libro de un tal Scannone, y le dijo que a los hombres se les amarraba por el estómago, y por las desinhibiciones de alcoba, que esas si no te las puedo contar por respeto a la señora Bianchi. Tú me entiendes, ¿verdad amiga?

-Si puedes ver hacia allá afuera, para el patio, veras mis áreas sociales, ahí casi todos los fines de semana, se hacían unas parrilladas, que ni te cuento, pero ¿sabes algo?, a lo mejor tú dirás que yo si soy pretenciosa, pero es que por lo general así eran las vidas de todas las casas que vivíamos por aquí. -Bueno aun vivimos aquí, ni modo, pero como esos años pujantes, no creo volverán porque tener otra gente dentro de una, sin saber de dónde vienen, sin ni siquiera saber a qué se dedican, y con esos apellidos tan comunes.

-Antes, hace unos 20 años, este urbanismo era una belleza, una quietud y una limpieza, todas las casas éramos muy cercanas, ¡en amistad pues!, porque con nuestros espacios, decir que éramos cercanas es como chiste, es decir, tu allá y yo aquí, pero nos comunicábamos, una le conocía la vida a todo el mundo, saber que éramos una zona exclusiva, de gente decente y pujante, bien lejitos del montón, eso daba gusto, una se sentía distinguida, y sobre todo segura.

-Mira, yo no sé qué pasó y como terminamos así, yo creo que todo empezó con eso de y que “progreso”…cónchale vale, que palabra tan fuerte y práctica, “PRO-GRE-SO”, una se imagina que es todos mejorando, que el progreso es para adelante, que los hijos del Dr. Isturiz, serían mejor que el mismísimo Doctor; y no que “Progreso” era que te pusieran una avenida en tu propia cara, donde de paso iban a transitar autobuses y todas esas cosas de uso público. ¡Imagínate tú!, Que cosa tan igualada, progreso es que una pierda privacidad y que todo lo que nos distinguía quedó expuesto a la vista de todos. ¡Como si te señalaran pues! O sea que el doctor y ese poco e´ gente que se fajó bien duro, ahora eran culpables de tener lo que tenían!

-Porque te digo una cosa, así se siente, ¡¡Señalada!! Con esa gente mirándola a una con esas ganas, ahora que pasa todo el mudo a toda hora aquí al frente.

-Una que se imaginó ver a la familia extenderse, y tener a los nietecitos del doctor y la Señora Bianchi corriendo por allí, rayándole las paredes a una, yo que imaginaba que iban a celebrarle los cumpleaños a esos muchachitos en mis espacios sociales, que bien bonitos que los tengo, cuanta celebración no imaginé que vería, los grados de los hijos del doctor, el matrimonio de la niña, los ascensos, todas esas cosas que una aspira, cuando la vida esta cómoda y bajo control.

-Pero yo creo que lo que pasa es que esto debe ser una maldición de familia, porque fíjate que la casa natal del doctor, que queda por el centro, bueno en esa casa se reunieron los próceres, en ese caserón colonial, que tenía sus caballerizas, su propio trapiche, ahí mismo se hacían en la colonia las reuniones que fueron determinantes para el futuro de este país, esa casa debió haber sido declarada hace décadas, por los gobiernos respetables como patrimonio de la nación, como una joya arquitectónica, que fue clave para este país, para que la gente le rindiera homenajes, para que los turistas la tuvieran de referencia, ¿y qué pasó? ¡¡¡Nada!!! A nadie le importó, ni antes, ni mucho menos ahora, y esa casa terminó como baño de borrachos y taller mecánico improvisado. ¡Que dolor! ¡Tú puedes creerlo chica?

-Y como cambian las cosas, el doctor y la señora Bianchi, tanto empeño en educar a sus muchachitos, que si ingeniero, que si abogado, que si médica la niña, porque bastante estudios, cursos e idiomas le metieron a esos niños, porque como decía el doctor, tenían estirpe de fundadores, y que debían dirigir, para que nunca les faltara el pan y para que no se dedicaran a cosas u oficios comunes, tan lejanos de su clase social.

-Pero bastante que criticaban al muchacho de la casa de atrás, ese niñito se la pasaba pintando y dibujando todo el día, y al doctor no le gustaba esas juntas, porque decía que le iba a poner vagos a los muchachos, que ese era un flojo y un hippie, puro pinta y pinta y pinta, que se iba a morir de hambre y que iba a terminar de borrachín, haciendo cuadros a cambio de botellas, pero fíjate como son las cosas, ese muchacho hace años que se largó para Europa, creo yo, cosa que puso muy triste al mayor de los hijos del doctor, y bueno por allá bien lejos ese muchacho resultó ser tremendo artista, quien iba a imaginarlo y bueno lo último que supe, fue que apenas murió el doctor, el supuesto hippie vendió un cuadrito y le mandó pasajes y euros al mayor de los muchachos y allá están los dos, felices con sus vidas, porque ellos fueron siempre, ¿Cómo te digo? Muy amigos pues.

-Del muchacho del medio el doctor no se equivocó, y jamás le falta el pan, porque, puedes creerlo, tantas clases jurídicas, tanto bufete que pisó ese muchacho y terminó fue siendo panadero, ¡que se iba a imaginar su papá! Y la niña, esa nos abandonó con el primero que le peló los dientes, y no me lo creas, pero parece que vive allá, en la casa que ahora es taller, que manera tan irónica de honrar el apellido, ¿no crees tú?

-Pues así son las cosas amigas, apenas el Doctor Isturiz murió, sumado a esa vaina de y que “Progreso” esta gente tuvo que empezar a vender las joyas, los cuadros, y algunas esculturas, para terminar comiendo con la venta de las acciones del club.

-Y bueno la decencia que nos queda, la mantenemos a flote, alquilando lo grande que ahora me sobra, al principio yo quería que por lo menos me alquilaran para consultorios médicos, porque bueno, mal que bien es un ingreso decente  que fuera acorde con la historia familiar, considerando además que a dos cuadras queda la clínica esa famosa, pero fíjate como es la vida, esa gente de y que “progreso”, montaron una de esas oficinas  aquí cruzando la calle para que esa gente ordinaria haga tramites y pida ayuda, que no quedó más remedio que subsistir alquilándome para copias y venta de empanadas. ¡No me jodas!

http://fuegolentovzla.wordpress.com

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