MOISÉS ESTÉVEZ

Mientras esperaba pacientemente, pensaba en el siguiente paso que
tenía que dar en el asunto de Nueva York. Trabajo que llevaba de forma
paralela a este y sin demasiado esfuerzo.
Después de la colocación del artefacto explosivo en la comisaría, quería
cerciorarse de que las posibles pruebas que lo vinculasen, tanto a él como a su
cliente, hubiesen quedado destruidas de manera permanente.
La policía solo rastrearía el origen del explosivo, lo que crearía algo de
confusión, pues se trataba de un explosivo fabricado en Rusia y adquirido en
Corea del Norte, lo que traería de cabeza al personal científico de la 47.

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