ADÁN ECHEVERRÍA

 

En esta encrucijada espero por el hombre feliz.

He visto pasar carretadas de payasos,

esos convertibles rojos que siguieron hacia el norte,

mujeres con los ojos pálidos de amor,

pasaron también de rodillas.

Tres niños pasaron corriendo,

el primero con el cabello largo y el rostro lleno de pecas,

la segunda era una niña gorda con el vestido azul manchado de pastel,

el tercero un niño con el sombrero de paja y los pantalones rotos.

La cruz del pavimento que no termina de crecer

se convirtió en círculo

porque los niños descalzos giraron y giraron.

Me vieron y se quedaron silenciosos bajo mi sombra

¡eah vamos sigan su camino! aullé.

El gran ojo del sol fue diluyendo entre las nubes,

cayeron gotas,

los niños y la niña gorda me salpicaron los zapatos con sus ganas,

tuve que correr tras ellos para castigarlos,

exhausto caí sobre los charcos,

su risa me mordía los pies descalzos.

El hombre feliz jamás llegó a la encrucijada.

 

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