ECONOMISTA

Bien temprano ya estaban las niñas despiertas, Claudia se bajó con ellas a desayunar y yo me quedé otro rato en la cama. Cuando me levanté estaban todos abajo excepto Gonzalo que seguía en la cama. Por la cocina estaba trasteando Marina, llevaba el bikini puesto y en la parte de abajo un short vaquero, se me acercó y me puso el dedo en la barbilla.

– ¿Que tal tienes el labio?, me dijo.

No sé ni lo que contesté. Solo con ese leve roce cerca de mi boca ya me había alegrado el día.

Cuando salí fuera Carlota estaba preparando a las niñas para bañarse. Otra que me alegró el día. Se había quitado el horrible bañador de la tarde anterior y llevaba un bikini blanco como el de Claudia, aunque se cubría la parte de abajo con un pareo. Le colgaban las tetazas de una manera alucinante. Decidí que era buen momento para empezar a hacer fotos.

– Haber esos niños tan guapos vamos a hacer unas fotos y otra a Carlota, venga una sonrisa.

Estaba de pies a dos metros de mi. Aunque no me sonrió tampoco pude hacer nada para que no fotografiara sus enormes melones embutidos en el sujetador. Ya tenía otra foto de paja.

Se metieron los niños en el agua con ella, estuve haciendo mas fotos, luego se unió Marina, que se quitó el short vaquero antes de meterse en la piscina. Me gustó mucho como se desvistió antes de darse el baño. No quise fotografiarla porque ya iba a dar mucho el cantazo, pero con la excusa de que estaban en el agua con los niños si hice muchas fotos de ella y Carlota, hasta las dije que se pusieran juntas una vez.

– Una foto de mis dos cuñadas, muy bien…

Otra foto para paja.

O me tranquilizaba un poco o me iba a tocar subir a la habitación a cascármela. Decidí meterme a bañar con ellas y con los 6 niños, jugando con ellos se me pasó bastante el calentón.

Mientras nos bañábamos mi suegra estaba tomando el sol junto con mi mujer y en otra mesa estaban hablando Manuel, Gonzalo y Pablo. Estaba claro que hablaban de trabajo, mi cuñado se daba muchos aires como si él fuera uno de los jefes, a mi la verdad es que me importó tres narices de lo que estuvieran hablando, yo solo estaba pendiente de los movimientos de pecho de Marina y Carlota.

Vino Claudia hasta la orilla de la piscina.

– Oyes David, venga un poquito mas y salís que estos niños ya llevan mucho rato en el agua, me subo un momento a la habitación, ahora bajo.
– Vale, ahora en 5 minutos salimos.

Entró Claudia en la habitación y después de echar una ojeada rápida por la ventana se encerró en el baño quitándose la ropa frente al espejo, bajó la tapa del water y se sentó apoyando los pies también en ella quedando abierta de piernas.

Empezó a masturbarse con una mano mientras con la otra se acariciaba las tetas, se le acumulaban tantas las fantasías en la cabeza que no podía quedarse con una para correrse, se acordaba de Toni en el ordenador, como se había masturbado delante de él hacía dos noches. Había sido tan guarra. Luego se imaginaba a Mariola chupándosela a Lucas, casi nunca les imaginaba follando, solo a ella con la polla de su alumno en la boca. Le venían imagines de Don Pedro en su despacho, ella se sentaba sobre su mano y cuando él metía dos dedos dentro ella subía y bajaba sobre ellos, tenía muchas cosas en mente con su director cuando volviera en Septiembre y por último estaba Víctor, el atractivo médico que había conocido en Madrid, cada vez que pensaba en la proposición de cenar con él en Madrid le daba un pequeño gusanillo en el estómago.

Le vino una pequeña convulsión y se corrió ahogando los gritos con la mano que antes tenía sobre sus pechos. Luego se puso el bikini y volvió a bajar a la piscina con toda la naturalidad del mundo.

El resto del día me pasé haciendo todas las fotos que pude, centrándome especialmente en mis cuñadas Marina y Carlota. Una de las veces se juntaron con mi mujer, me acerqué mientras las tres se bebían una cerveza con limón, estaban de pies y llevaban puesto en la parte de arriba el bikini, tenían unas tetas fantásticas las tres, Marina con sus pechos recién operados, Carlota y sus enormes melones y mi mujer con algo intermedio entre las dos, pero también con unas tetas grandes y redonditas.

Durante la tarde fotografié varias veces mas a Marina que ya debía de estar mosqueada de que andara detrás de ella constantemente, incluso pude sacar fotos de su culo y unas cuantas mas tumbada de nuevo en las hamacas de la piscina.

En el atardecer coincidieron mi mujer Claudia junto a Gonzalo, ambos estaban sentados charlando tranquilamente, me acerqué con la cámara en la mano.

– Que pesado estás con las fotos, dijo mi mujer.

Gonzalo se acercó a Claudia y pasándola el brazo por detrás me echó una sonrisa bastante cínica mientras me decía.

– ¿Que tal llevas ese labio, cuñadito?
– Pues un poco, mejor, todavía me duele un poco.

Mi mujer se levantó diciéndome que teníamos que irnos preparando para salir a cenar fuera, mis suegros nos iban a invitar a un restaurante por el pueblo. Como Gonzalo también se ponía de pies aproveché para hacerles otra foto juntos, se había quedado detrás de mi mujer y la puso las manos sobre los hombros como si fueran pareja. Me dió especial morbo esa foto, por la diferencia de altura entre ambos y por las confianzas que se iba cogiendo Gonzalo con mi mujer.

Subimos a la habitación y mi mujer volvió a decirme que me estaba poniendo un poco pesado con las fotos.

– Luego bien que os gusta a todos que os pase las fotos, si no las hago yo no las hace nadie, no tenía que habértelas hecho con Gonzalo, se toma muchas confianzas…
– Y tu bien que le animas venga a hacer mas fotos…
– Tranquila que no te vuelvo a hacer ninguna con él.

Cuando volvimos de cenar ya en la cama encendí el portátil como la noche anterior para pasar las fotos, esperé a que Claudia y las niñas estuvieran dormidas y empecé a repasarlas. Había juntado un buen número de fotos válidas para paja. Como la noche anterior separé unas cuantas que eran muy cantosas de Marina o de Carlota y las puse en una carpeta aparte muy bien escondida.

Abrí la foto de mi mujer con Gonzalo y me quedé repasándola bien, mi cuñado detrás de Claudia tenía las manos sobre los hombros de ella, los dos sonreían y las tetas de Claudia lucían mas poderosas que nunca en ese bikini blanco. Por unos segundos me imaginé que Gonzalo bajaba las manos y le agarraba las tetas a mi mujer y yo como un pasmarote les hacía otra foto.

“Muy bien cuñadito, así me gusta que hagas una foto mientras le sobo las tetas a Claudia, sigo diciendo que es mucha mujer para ti, jajajaja”.

Luego estuve repasando las que tenía de mis dos cuñadas apartadas, no tardé nada en empalmarme, me hubiera gustado conectarme con Toni para compartir las imágenes y saber su opinión al respecto. Amplié varias veces el generoso escote de Carlota, las piernas y el culo de Marina, sus tetas recién operadas, su cara, su pelo, hasta me llegaba su olor a través del ordenador. Me acomodé la polla bajo el pijama. Empezaba a necesitar urgentemente descargar los huevos. Pero no iba a ser esa noche.

El domingo ya era el último día que íbamos a estar en la casa rural, para comer yo iba a preparar una parrillada y me habían dejado encargado de hacerla. Mientras los demás en una mesa se tomaban una cerveza y los niños jugaban en el parque fui poniendo la comida en la parrilla.. Marina se me acercó con una lata de cerveza en la mano.

– Toma David, que siempre al cocinero se le tiene olvidado.
– Gracias Marina.
– La verdad es que tiene muy buena pinta todo.

Estuvimos hablando un rato hasta que se acercó Gonzalo y como siempre, lo hizo para meter bien la pata.

– Bueno chicos, así que los tres tenemos una amiga en común.

Marina y yo nos quedamos callados, aunque sabíamos perfectamente a quien se refería, no queríamos hablar de mi ex pero Gonzalo siguió insistiendo.

– Si, Cristina, la chica de la tienda de muebles, por cierto Marina gracias por la recomendación, nos ha dejado la oficina estupenda.
– Vale, ya se lo diré.

Estaba claro que en todo este asunto Marina había sido muy discreta, pero mi cuñado no iba a serlo.

– ¿Sabes que fue muchos años novia de éste?, que pequeño es el mundo, siguió hablando Gonzalo.
– Bueno si, algo sabía, en el instituto o algo así, supongo que hace siglos, dijo Marina como si nada.

Yo no sabía que decir, prefería que se callaran y hablaran de otra cosa, pero ya era tarde. Lo siguiente que escuché fue la voz de mi mujer detrás de mi.

– ¿Quien era la novia de “éste” en el instituto?

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