TANATOS 12

María se despertó el sábado especialmente cariñosa y contenta. Estaba realmente agradecida tanto de mi idea de ese fin de semana como de las horas de sueño que había recuperado. Decidí no atosigarla con el tema de mi fantasía hasta volver a casa. Estaba dispuesto a poner el lunes todas las cartas sobre la mesa.

Bajamos a desayunar como dos enamorados, entre caricias, sonrisas…. degustamos el bufet y nos mirábamos con amor de verdad, parecía que era nuestro primer fin de semana de viaje, nadie que nos viera pensaría que vivíamos juntos.

Subimos al dormitorio para ponernos los bañadores y ella se rió pues según ella le “había traído bikinis para parar un tren”. Era cierto que ella más o menos me había indicado qué cosas quería que le metiese en la maleta pero los bikinis, al ocupar poco, casi había vaciado un cajón en la maleta. Me puse el bañador y María estaba desnuda pensando cual ponerse. Estaba espectacular desnuda, de pie, en medio de la habitación. Me acerqué y la besé… poco a poco el beso se iba haciendo más caliente… hasta que ella dijo:

-¿Cual me pongo?
-El que quieras.
-¿Sí?
-Sí… con este cuerpazo te quedan todos bien…

La volví a besar y comencé a acariciar su culo desnudo. Ella me rozó la entrepierna sobre el bañador.

-¿Y esto? -preguntó riendo.

Finalmente nos apartamos y ella cogió un bikini negro, con unas copas bastante grandes. Conocía aquel bikini y le tapaba mucho pecho. Demasiado para mi gusto.

-¿Por qué no te pones el rojo?
-¿El de triángulos? Estás fatal. El negro me queda mejor. -Yo sabía que “me quedan mejor” para ella significaba “me tapa más”.
-Te queda mejor el rojo -insistí.
-No sé…
-¿Por?
-Hombre… con ese se me salen por todos lados.
-¿Y?
-Pues… para un spa… no lo veo…
-Venga, no seas sosa- le dije yendo al cuarto de baño a lavarme los dientes y a por los albornoces.

Cuando volví de lavarme los dientes María se había puesto el bikini rojo, y bajamos a las piscinas.

Estuvimos super acaramelados en el agua. Yendo de un chorro a chorro. Y la verdad es que ella tenía razón con que aquel bikini, con sus tetas, no era demasiado apropiado. Me lo preguntaba varias veces y yo le decía que no era para tanto, pero ella tenía razón. Casi todas estaban con bañadores de cuerpo entero o bikinis más discretos; hubo un momento en el que María se puso de espaldas contra un chorro, con el agua por la cintura, y el chorro impactaba fuerte en su espalda, haciéndole templar el torso que era una locura… las tetas le botaban y parecía que se le salían del bikini en cualquier momento. Ella se dio cuenta y se las sujetó, y las tapaba con las manos… intentando disimular, pero consiguió el efecto contrario.Yo estaba empalmado como un burro viendo aquello. Y el empalme no se me iba cuando se salía de ese chorro y se acercaba a mí con sus pezones transparentando el bikini… También me ponía cachondo que no había ni un solo hombre en las piscinas que no siguiera con su mirada a María… todos se bababan mirando para ella. El culo y sus tetas eran el blanco de todas las miradas. Creo que ella se acabó dando cuenta pues abandonó el circuito de los chorros y acabamos en una zona en la que el agua le cubría por el cuello.

Por la tarde fuimos a un pueblo cercano pero no tenía mucho que ver y decidimos cenar en el hotel. Ella se había puesto un vestido granate, ceñido y bastante corto, que le hacía un pecho y un culo de infarto. Yo estaba deseando cenar rápido para subir a follar a la habitación: entre mi fantasía, que no se me iba de la cabeza y se cruzaba por mi mente de vez en cuando, y el numerito del spa, estaba que tenía una gota de líquido transparente permanentemente en la punta de mi polla.

Fue casual, totalmente sin pensar, en el restaurante una pareja acababa de cenar y se iba hacia el ascensor, el chico se parecía muchísimo a Edu.

-Hostiá, mira Edu -le dije riendo.

Ella giró su cabeza y se rió, reconociendo que sí que se parecía.

-Pero este Edu está con una morena… -dijo.

Llevaba 24 horas pensando que la siguiente vez que sacara el tema Edu sería bastante incómodo y allí nos encontrábamos hablando de Nati sin mayor problema. María reconocía que era guapísima.

Acabamos de cenar y ya en el ascensor comenzamos a besarnos y a tocarnos como si estuviéramos completamente en celo. Yo le acariciaba el cuello y la sujetaba por la cintura mientras la besaba… no podía más.

A penas cerré la puerta de la habitación tras de mí y mi camisa había volado y ya le mordía el cuello a María. Me aparté un poco para quitarme los pantalones, nos quedamos en silencio esos cuatro o cinco segundos y María dijo:

-Anda… escucha.

Yo me quedé quieto, y no había duda, los de la habitación de al lado estaban echando un buen polvo. Se oían los gemidos de una chica con total nitidez.

Me quité los pantalones y calcetines en silencio, ya solo en calzoncillos le dije:

-Igual es el doble de Edu…

La verdad era que resultaba bastante morboso escuchar follar a los de al lado pero yo veía a María más impresionante que nunca. No solo por su cuerpo si no por como estaba guapa de cara en la penumbra de la habitación y esa mirada vidriosa de haber bebido algo de vino siempre la hacía especialmente atractiva. No tardamos nada en tumbarnos sobre la cama, besarnos, tocarnos… mi mano se colaba sobre sus bragas y ella se deshacía de mis calzoncillos. Suspirábamos y resoplábamos de deseo con el permanente ruido de fondo de la vecina que cada vez gemía más alto.

Yo le preguntaba a María si estaba cachonda y ella me respondía que sí, mientras yo le apartaba las bragas y uno de mis dedos se deslizaba entre los labios de su coño. Ella no perdía el tiempo y me sobaba la polla de forma algo caótica, unas caricias que siempre anteceden a que me empiece a pajear.

Le aparté los tirantes del vestido y se lo bajé un poco para tener acceso a su sujetador que desabroché en seguida. Al minuto ella me pajeaba, con el vestido enrollado en su cintura y yo la masturbaba con una mano y acariciaba su pecho con la otra, de nuevo preguntándole si estaba cachonda. En ese momento la vecina pegó un grito impresionante. Nos miramos y sonreímos.

-Joder con el doble de Edu… -dije.
-Ya… bueno… sería mucha casualidad que fuera él.
-Él se parecía… pero la morena estaba bastante lejos de Nati…
-Ya… -dijo María.

De lado, uno frente al otro, yo ya metía un dedo en su coño mientras ella me pajeaba… Vi que era el momento.

-¿Crees que la tiene satisfecha?
-¿Este de aquí al lado?
-No.. esos no…
-¿Edu a Nati?
-Sí…
-Pues no sé…
-¿No?
-Pues supongo… por algo estará con él…
-¿Qué quieres decir? -Dije yo, cachondísimo. La besaba y me apartaba para que respondiera… sentía que podía meter dos dedos en su interior en cualquier momento…
-Que por majo no creo que esté con él.

Los vecinos estaban montando un escándalo fuera de lo normal, que ya rozaba lo improcedente, cuando me coloqué sobre María para follar… estaba fuera de mí…

Me la agarré y puse la punta en la entrada de su coño… poco a poco me fui dejando caer… dejando que mi polla fuera enterrándose en su interior. Entraba de una sola vez, hasta el fondo y ella emitió un gemido larguísimo de puro placer finalizándolo con un “dioooos….” morbosísimo. Comenzamos a follar lentamente, suspirando, gimiendo, casi en silencio, besándonos los labios y el cuello. Ella estaba especialmente cachonda, lo sabía, ya no solo por su mirada si no porque me agarraba el culo para empujarme contra ella. Yo estaba tan caliente que no besaba sus tetas mientras la follaba para no correrme.

Decidimos que ella se pusiera encima… era brutal la imagen de su cuerpo subiendo y bajando, casi entrando y saliendo completamente de mí… suspirando en silencio… dejando caer su cabeza y su melena hacia atrás, mientras la vecina seguía con sus gritos. Llevé mis manos a sus tetas y ella bajó el torso para besarme, haciéndome cosquillas con su melena sobre mi pecho.

-¿Entonces crees que se la folla bien? ¿Edu a Nati? -insistí.

Ella no respondió y dejó de llevar ella el ritmo de la follada, dejando su cuerpo quieto, para ser yo quién subía y bajaba mi cadera para penetrarla.

Ella soltaba un “uuff” a cada metida.

-¿Crees que se la estará follando ahora?
-Supongo… -dijo ella en mi oido haciéndome casi explotar.
-¿Se la estará follando así ahora?
-Sí… uuff…
-Le está metiendo la polla a ese pibón… ¿A que sí…?

Yo seguía metiéndosela, lentamente… sabía que ella estaba a punto. Nos besábamos y nos hablábamos al oído, con las caras pegadas.

-Dime… ¿le está dando polla a ese pibón?
-Ummm… sí… si, joder… dios… dame algo más rápido.
-¿Crees que la folla bien? -le gemí al oido y aceleré algo el ritmo.
-Joder síi… uff… se la folla… se la folla bien…
-¿Sí?
-Síii… uf… dios… lleva todo el día follándosela…
-¿Tu crees?
-Ummm sí… la está matando del gusto… ¡dios…!
-¿Te corres…? ¿Te corres como ella?
-¡¡Síii… ahh… dios…!!
-¡¡Dímelo!!
-¡¡¡Síi… jodeeer… me corrooo… me corro como ella…!!!
-¿Síii?
-Sí… ¡¡ahh dios… joder!!!
-¡Córrete… córrete así…! -dije ya empezando a eyacular dentro de su coño… ella comenzó a chillar, a decir “¡¡¡diooos, me corroo!!!” en unos gemidos que se solapaban con los de la habitación de al lado. Sentía que su coño se fundía… se deshacía literalmente… se estaba pegando una corrida bestial.

Se quedó exhausta sobre mi cuerpo. Nos quedamos en silencio. Parecía que nos íbamos a quedar dormidos y los de al lado seguían follando. Yo estaba feliz. Me había puesto más cachondo que nunca y ella me había seguido la fantasía más de lo esperado. Me di una ducha rápida y al volver a la cama ella me sorprendió claramente pidiendo echar un segundo polvo. Como otras veces intentamos reanimarme pero mi polla, tras haber tenido su orgasmo hacía 15 minutos, no llegó a ponerse dura del todo. Finalmente nos quedamos en silencio, escuchando como los de al lado seguían con su maratón de sexo. Follaron durante dos horas más por lo menos, y yo sabía que María no dormía, se lo notaba en la respiración, y se había quedado con ganas de más.

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