ECONOMISTA

Sobre la 13:00 llegamos a la casa rural que habían alquilado para toda la familia los padres de Claudia, ya estaban ellos junto con nuestras dos hijas a las que estaban poniendo crema para bañarse a la piscina.

– Mami, mami, nos vamos a bañar.
– Papá ¿te bañas con nosotras?, dijo Blanca.
– Claro que si, ya llevo hasta el bañador puesto, la dije.
– Es muy bonita la casa, tiene de todo, pasad a verla, dijo Pilar.
– Ahora la vemos, David antes de bañarte vamos a subir las maletas a la habitación, venga saca todo del coche, contestó Claudia.

También estaban Pablo, junto con Marina y sus 4 hijos, era sin duda lo mejor del fin de semana, poder ver a mi cuñada en bikini. Tenía un cuerpazo, era alta, esbelta, juvenil a pesar de los 43 años y los 4 hijos, pero esas tetas nuevas le quedaban de maravilla y el culito aunque no estaba tan duro como el de mi mujer también me ponía mucho.

Nos dimos dos besos y tras estrechar la mano de Pablo salí a buscar las maletas. La casa era enorme, con varias habitaciones en la planta de arriba, no le faltaba detalle, aparte de la piscina y un pequeño parque infantil para que jugaran los niños. Dejamos las cosas en nuestra habitación que a parte de la cama de matrimonio tenía dos camas supletorias para las niñas.

– Me voy a poner el bikini y ahora bajo, dijo Claudia.
– Yo voy bajando ya para estar pendiente de las niñas.

Cuando regresé a la piscina Marina ya estaba en el agua con los 6 niños, iba ella muy fashion con un bikini negro de estos de nuditos por los lados, cuidando a los peques, pero intentándose mojar lo menos posible con las gafas de sol puestas.

Desde la ventana de la habitación se veía la piscina, Claudia se quedó asomada unos instantes, su padre y Pablo se tomaban una cerveza sentados en el porche, seguramente estarían hablando de negocios y su marido acababa de entrar en la piscina donde estaba Marina con todos los niños. Cerró la puerta de la habitación y sacó el bikini de la maleta, era de color blanco, no tenía nada especial, sin tiras ni nada en la parte de abajo, como si fuera una braguita pequeña.

Todavía se acordaba de lo que había pasado la noche anterior, se había mostrado desnuda ante Toni y había tenido uno de los mejores orgasmos de su vida, le parecía increíble haber llegado a esos extremos y masturbarse sin ningún pudor ante un desconocido por el chat. Luego estaba lo de David, le había humillado conscientemente haciendo que se le bajara la polla para luego volvérsela a poner dura, al final terminaron echando un polvo que disfrutó porque estaba muy excitada, pero no podía negar lo evidente y es que después de haber tenido dentro el enorme juguete previamente a la penetración de David, la polla de éste se le había quedado pequeña.

Cerró la puerta de la habitación y tras echar un último vistazo a lo que pasaba debajo se apoyó desnuda en la ventana, se metió la mano entre las piernas sacando el culo hacia fuera y pensando en el pollón de Toni calmó su calentura con la habitual masturbación diaria. Apenas tardó 30 segundos en correrse. Luego se puso el bikini y bajó a la piscina.

Casi a las 14:30 llegó mi cuñado Gonzalo junto con su mujer Carlota, la verdad es que no traían muy buena cara, ella como siempre tristona y Gonzalo con gafas de sol que parecían cubrir una buena resaca del día anterior. Hacia mucho calor y mi cuñado iba en pantalón corto junto con un polo azul, Carlota llevaba una falda ancha intentando disimular su enorme cadera junto con una camiseta roja de tirantes. Yo seguía en el agua junto con Marina y los niños, ya llevábamos casi una hora de baño. Me encantaba estar con ella, entre nosotros siempre nos hemos llevado muy bien y la mayoría de las veces nos ocupábamos de los niños mientras estaban jugando y el resto de la familia hablando.

Gonzalo no tardó en coger una cerveza y se puso a hablar con mi mujer que estaba en bikini sentada en el porche. Bueno mas que hablar le miraba las tetas desde arriba, o eso me parecía a mi. No me gustó como lo hacía aunque en cierta manera lo veía lógico pues yo estuve haciendo lo mismo con Marina en la piscina.

– Venga, no has subido las maletas y ya te estás tomando una cerveza, protestó Carlota.
– Buenoooo, que ahora las subo, déjame que me tome una cervecita con tu hermana, que hace mucho calor, ¿has visto como me trata?, pues así todo el día, le dijo a mi mujer intentando establecer una complicidad con ella.
– Vamos saliendo del agua que ya viene la paella, dijo mi suegro.

Efectivamente había encargado una paella para comer. Durante la comida estuve haciendo unas fotos y luego se quedaron de tertulia un poco, yo les dije que me iba a echar la siesta. Los niños se fueron a jugar un rato a la zona infantil.

Me asomé a la ventana vigilando un poco a los niños, parece que Marina había tenido la misma idea que yo, pero en vez de subirse a la habitación se echó en bikini en una de las tumbonas. Estuve un rato mirándola y no tardé en meterme la mano bajo las bermudas. Me parecía muy degenerado masturbarme mientras la veía, pero a la vez era morboso, me la estuve meneando unos minutos, aunque no llegué a correrme. Luego decidí echarme la siesta.

Cuando bajé estaba Gonzalo en la piscina, junto con Carlota y Claudia, los 6 niños jugaban con ellos, sobre todo con Gonzalo que hacía de monstruo y les iba persiguiendo por el agua, cuando alcanzaba a alguno se le subía al hombro y se iba a por mas niños.

– Ahhhhhhhhhh, soy el hombre del saco, dijo agarrando a tres niños a la vez.
– Ten cuidado que ya no estás para muchos trotes, dijo Carlota.
– Puedo con estos y con muchos mas, dijo Gonzalo, si queréis os cojo a vosotras dos.

Soltó a los niños y poniéndose en medio de su mujer y Claudia las agarró por las piernas levantándolas a las dos a la vez. Con el gesto seguro que tocó el culo a mi mujer porque puso la mano muy cerca de sus glúteos. Las lanzó a las dos hacia atrás metiéndolas en el agua.

Desde fuera le rieron la gracia, sobre todo al ver lo enfadada que salía su mujer.

– Eres un estúpido, dijo Carlota saliendo del agua echándose el pelo hacia atrás.

Pasó a mi lado, llevaba un bañador de cuerpo entero de color rojo, intentando disimular sus caderas, pero lo que no podía era ocultar sus enormes tetas, que botaban salvajes a cada paso que daba. Con el pelo mojado, lo guapa que era y esas tetas tan descomunales me la hubiera cascado allí mismo. Además el carácter que tenía todavía hacía que me pusiera mas. Tenía que ser una gozada poderte follar a semejante hembra con esa mala hostia que se gastaba Carlota.

Cogí la cámara de fotos y estuve haciendo unas cuantas a la piscina, donde estaban los niños. Ahora Gonzalo charlaba tranquilamente con mi mujer en uno de los lados. Los niños se le acercaban para que siguiera jugando con ellos.

– Vale ya chicos, dejarle descansar un poco al tito Gonzalo.
– Vamos saliendo para fuera que hay que merendar, dijo mi mujer.

Yo me acerqué donde mi suegra y también la hice una foto, luego a Pablo y su padre, que estaban sentados en una mesa tomando una cerveza.

– ¿No os vais a bañar o que?, les dije yo.

La verdad es que hacer fotos a todos no era mas que una excusa para ir hasta la zona de las hamacas donde Marina recostada con una pierna semi flexionada estaba leyendo un libro. Sin que me viera hice una foto, aquel muslo tenía que inmortalizarlo.

– Haber cuñada, una fotito.

Marina bajó el libro y sin cambiar la pose empecé a tirar fotos.

– Quítate las gafas de sol para que se te vea mejor.

Aquellas fotos eran de paja obligatoria, el pelo le caía por uno de los hombros, la pierna medio flexionada le hacía unos muslazos apetitosos y lucía orgullosa sus nuevas tetas. Era todo clase y sensualidad.

Tuve que parar sino se me hubiera puesto dura, para disimular, seguí haciendo fotos a la zona infantil y luego al resto de la casa, aunque estuviera vacía. Ya era el fotógrafo oficial del fin de semana.

Mientras mi suegra Pilar les daba la merienda a los niños Pablo se metió en el agua y cogió una pelota que había en el agua, a ambos lados de la piscina estaban colocadas unas pequeñas porterías.

– Venga ¿echamos un partido?, hacemos dos equipos, dijo mi cuñado.

El primero que se tiró al agua fue Gonzalo, detrás fue su mujer Carlota y sin pensarlo Claudia fue detrás. Esto se ponía interesante.

– Vamos cuñadito, ¿no te atreves?, me retó Gonzalo.

Me tiré de cabeza poniéndome al otro lado, yo quería jugar en contra suya.

– Marina, nos falta uno, dijo Pablo a su mujer.

Se levantó de la hamaca, dejando el libro y las gafas de sol y se tiró también de cabeza con mucha suavidad sin apenas salpicar.

– Yo voy con David, dijo chocándome la mano. Me encantó que hiciera eso.
– Yo con Claudia, dijo Gonzalo pasando la mano a mi mujer por detrás de su hombro.

Carlota vino hacia nuestro lado. Yo creo que la daba lo mismo en que equipo jugar con tal de ir en contra de su marido. Casi mejor que hubiera ido con ellos porque era nula para el deporte, como si jugáramos con uno menos, entre Gonzalo que se ponía de espaldas a nuestra portería y no había manera de impedir que nos metiera goles, Claudia que era una gran nadadora y Pablo que se defendía bien en la portería teníamos poco que hacer.

Marina se puso de delantera y entre los dos les metimos varios goles, mientras Carlota deambulaba por la piscina con sus grandes tetas. Sería el hombre mas feliz montándome un trío con mis dos cuñadas, pero me tendría que conformar con jugar un estúpido partido de waterpolo en la piscina.

Lo peor fue ver como Gonzalo y mi mujer no dejaban de marcarnos goles y para celebrarlos o bien chocaban, o se daban un abrazo o incluso mi mujer se subió un par de veces en la espalda de Gonzalo y éste la llevaba a cargas hasta su campo.

La humillación estaba siendo total.

– Última jugada, el que marque gana, dije yo.

Gonzalo y yo empezamos a forcejear al lado de nuestra portería para ganar la posición, mi cuñado era mucho mas grande que yo y aunque intentaba ponerme delante no lo conseguía, nos picamos un poco e incluso llegamos hasta a darnos alguna patada. Cuando Claudia le lanzó la bola, salté con todas mis ganas para intentar adelantarme, Gonzalo giró un poco el cuerpo y me metió el codo en la boca agarrando después la pelota, luego a cámara lenta metió gol en nuestra portería mientras yo me echaba la mano a la boca.

Me hizo un corte en el labio y empecé a sangrar como un cerdo.

– Ten cuidado cuñadito, que te vas a hacer daño, joder te me has tirado encima.

Salí del agua cubriéndome la boca mientras Gonzalo no dejaba de excusarse.

– Ha sido sin querer, ni le he visto.

Así terminó el partido, Claudia se me acercó para ver que tal estaba, pero yo la aparté de mala hostia.

– Déjame en paz…
– Oyes que yo no he hecho nada, veo que sigues teniendo muy mal perder, dijo mi mujer.

No terminó muy bien el día, aunque luego por la noche en la cama me disculpé con Claudia. Cuando estábamos en la habitación, las niñas dormían a nuestro lado, encendí el portátil para pasar las fotos de la camara.

– ¿Tienes que hacer eso ahora?, dijo Claudia.
– Si, prefiero pasarlas día a día, ya sabes para irlas guardando y así voy borrando algunas que no hayan salido bien.
– Bueno, yo me voy a dormir.

Empecé a ver las fotos en la pantalla del ordenador, rápidamente busqué las que me interesaban. Las de mi cuñada Marina a cuerpo completo en la hamaca. Cuando comprobé que Claudia ya estaba dormida miré con detenimiento las fotos haciendo incluso algunos aumentos de su cara, o de sus piernas y sobre todo de sus tetas. Había tirado unas 12 fotos muy parecidas todas entre ellas, cambiaba un poco la expresión de la cara y en las tres últimas ella se había quitado las gafas de sol.

Me dieron unas ganas terribles de pajearme, pero preferí guardarlas para otra ocasión mejor. Sin ninguna duda la paja con esas fotos iba a ser antológica. Cogí 9 fotos y las guarde en otra carpeta, para que no hubiera tantas de Marina, sino cuando las viera mi mujer me iba a preguntar que para que la había hecho tantas fotos.

Luego fui repasando las otras fotos, de los niños, de la casa, de la paellada y las de la piscina. Me fijé detenidamente en una en la que Claudia estaba en el agua hablando con Gonzalo, la mirada de él estaba en las tetas de mi mujer y al ser mucho mas alto que ella me imaginé las vistas que debía de tener. Claudia estaba tremenda con ese bikini blanco y el necio de mi cuñado no perdía detalle de su cuerpo.

También aumenté esa foto, cada vez mas grande, hasta que estaban los dos en la pantalla y Gonzalo en grande clavaba los ojos en los pechos de Claudia. No sé porqué pero se me puso mas dura incluso que con las fotos de Marina. Dudé seriamente de si levantarme al baño para aliviarme, si no lo hice fue para no despertar a las niñas, pero con el recuerdo de esa foto en la cabeza y la polla tiesa me costó mucho dormirme.

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