TANATOS12

Al día siguiente María se fue a trabajar y yo me desperté con una sensación de extraña culpabilidad. Como si le estuviera dando la matraca de madera excesiva a mi novia con ese tema. Se veía que ella me seguía el rollo, por mí, porque me quería, pero nada más.

Así que intenté controlarme. Por supuesto que estuve tentado de hacerme una paja pensando en ellos dos ese viernes, y estuve tentado de preguntarle por la noche si había estado con Edu en alguna reunión o algo, pero conseguí no hacerlo. Aunque todo seguía en mi cabeza, por supuesto; que María me hiciera una paja mientras hablábamos de la polla que podría tener Edu era tan morboso que cada vez que lo recordaba se me ponía dura, pero había decidido intentar paliar la obsesión.

Pasamos un fin de semana bastante tranquilo en casa pues hizo bastante mal tiempo. Vimos películas… follamos… y muchas veces había estado a punto de hablarle de Edu o de usar el consolador para imaginar que era la polla de Edu la que entraba en ella pero conseguí controlarlo. Fueron polvos como los de antes, incluso algo melosos, sentía que la quería como nunca.

El martes siguiente hice una entrevista de trabajo, lo cual me ayudó a apartar un poco el tema Edu. La entrevista me había salido bastante bien y, como si fuera un absurdo premio, el miércoles me dejé recaer y sí que acabé volviendo a la dichosa foto en la que aparecían María y Edu, y me hice una buena paja, tras la cual, me sentí bastante culpable.

Tan enfadado estaba conmigo mismo que el jueves ella se volvió a ir de cervezas y no le dije absolutamente nada de Edu. El hecho de que ella tampoco sacara el tema me reafirmaba en la idea de que a ella no le interesaba lo más mínimo mi extraña fantasía.

Llegó el viernes, habían pasado ocho días sin que en casa saliera el tema Edu. Esa mañana estaba de buen humor, solo me quedaba una entrevista por hacer con aquella empresa, y sería la típica en la que se negocia un poco el posible sueldo, etc. por lo que no me iban a preguntar cosas técnicas, así que estaba tranquilo. Estuve por internet de un lado para otro hasta que encontré un hotel con Spa y pensé que sobre todo a María le vendría bien desconectar ese fin de semana, la pobre trabajaba como una esclava. El hotel estaba a un par de horas en coche de nuestra ciudad, comprobé la disponibilidad y se lo comenté a María por móvil. A ella le encantó la idea, tanto que me pidió que hiciera su maleta y la fuera a buscar ya con el coche a las 8 al trabajo.

A las 8 menos 10 estaba aparcado cerca de su trabajo y me acerqué al portal de su despacho para ir a buscarla. Estaba tan tranquilo, feliz por el fin de semana que se avecinaba cuando salieron dos chicos trajeados del edificio, me subió algo por el cuerpo, no sabía por qué había imaginado que bajaría María y nos iríamos, no contaba con que era la hora de salida. Uno de los dos chicos era Edu. Se despidió del otro chico y nos quedamos mirando frente a frente. Yo no sabía con qué cara le estaba mirando, pues me quedé bloqueado. Me acabó preguntando si era el novio de María y le dije que sí. Comenzamos a hablar de que sí, que nos conocíamos de unas semanas atrás cuando yo había estado comiendo con ella cuando entonces apareció María. La conocía perfectamente, se había quedado algo cortada de vernos a los dos hablando, cuando Edu saludó a alguien que estaba en la acera de enfrente, llevé mi vista hacia allí y vi a una rubia… una rubia impresionante. Una chica alta, delgada, rubia natural, de unos 26 años, un pivón de los que llaman la atención, pero un pivón discreto, guapa de verdad, nada explosiva, incluso algo tímida. Parecía esperar a que acabásemos la conversación.

Charlamos los tres un poco. La situación era incómoda. Y lo cierto era que el chico era bastante seco, algo chuleta, tenía una mirada de perdonavidas, cuando te miraba, pues parecía de estos a los que les parece un premio excesivo prestarte toda su atención. Entendía a María por cómo me lo había pintado, como alguien un poco, o bastante gilipollas. “Bueno, os dejo que está Nati ahí esperando”, zanjó y se fue, como si él mandase y decidiese cuando empezaba y acababa cada conversación.

Fuimos hacia el coche María y yo. Yo desde luego aun algo aturdido y nervioso, y María había estado incómoda y violenta todo el tiempo. Era innegable.

Conduje dos horas hasta el hotel en las que a penas hablamos. Yo le acariciaba la cara de vez en cuando y ella a mi también. Se la veía cansada y le dije que durmiera un rato si quería. Mientras dormía me daba cuenta de que mi semana de desintoxicación de mi fantasía no había servido de nada, después de haberlo visto estaba más obsesionado con mi fantasía que nunca. Me imaginaba a Edu tonteando con María en el despacho y se me ponía la polla a punto de explotar, o me imaginaba que a María realmente sí que le ponía cachonda él y la polla se me salía del pantalón.

Llegamos al hotel bastante tarde. Cenamos algo rápido y subimos a la habitación. En el tiempo que me aseaba un poco en el cuarto de baño María ya se había quedado dormida otra vez. Yo llevaba un calentón impresionante pero no me parecía justo despertarla y más siendo el motivo del calentón no ella en sí si no la fantasía con aquel dichoso chico. Me tumbé en cama e intenté dormir, pero no era capaz. Recordé a Edu yéndose con la tal Nati. Pensaba que mientras María dormía y yo miraba para el techo seguramente Edu le estaría pegando un polvo de campeonato a aquel pivón…

No aguanté mucho hasta agarrarme la polla, con María durmiendo a escasos centímetros de mí… Empecé a pajearme lentamente pero ya pensando de nuevo en Edu con María… y en seguida decidí ir al cuarto de baño. Fui caminando hasta allí con la polla tiesa como nunca. No podía más con el calentón, me quedé de pie delante del lavabo y comencé a masturbarme como un adolescente. De nuevo las imágenes de Edu follándose sin parar a María. Me imaginaba que Edu y no yo estaba con María en aquella habitación de hotel y se la follaba a lo bestia, a cuatro patas en aquella cama… Me llegué a decir a mi mismo: “seguro que si María compartiese habitación con Edu y no conmigo ahora mismo no estaría durmiendo si no muriéndose del gusto… seguro que la estaría matando a polvos ahora mismo…” Tras decirme eso me imaginé a mi mismo viendo a María montada desde atrás y su cara desencajada del gusto, chillando como una zorra… y empecé a correrme sobre el lavabo como un loco…

Limpié el lavabo y me metí en cama. Pero esta vez, al contrario de otras veces, no me sentía culpable, es más, me decía a mi mismo que tenía que pedirle a María que le tentase, le calentase… algo. Estaba convencido de que no superaría aquello intentando dejarlo pasar, que necesitaba que María jugase con él y después me lo fuera contando todo, o algún plan similar, pero no podía pasar ya más del tema.

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