MOISÉS ESTÉVEZ GARCÍA

El forense se ajustó los guantes de vinilo negro, dispuesto a continuar
con la autopsia que interrumpió para salir a desayunar al Starbucks de la acera
de enfrente de comisaría. Un sándwich de pavo, acompañado de un largo e
intenso café aderezado con un toque de nuez moscada y vainilla.
A simple vista la cosa estaba bastante clara, aunque se obligó a seguir
el procedimiento. El disparo en la cabeza anticipaba el posible motivo de la
muerte, pero su labor podría ser crucial para la investigación, así que se
esmeró en recoger muestras, analizar contenidos estomacales, restos de
sustancias estupefacientes en el organismo, calibre de la bala alojada en el
cerebro…
Casi había terminado cuando el detective Mike y su compañera J.M.
aparecieron con sendos cafés en las manos. -¿Cómo va eso doctor?- Preguntó
ella.
La identidad del inerte cadáver la mostraba la documentación que
llevaba encima en el momento del fatídico suceso. Se trataba de Carlos García
de la Vega, soltero, de cuarenta y dos años de edad y residente desde hacía
treinta y tres en la ciudad.
– Estaba a punto de llamaros. Me temo que al señor García le dieron
pocas opciones.-
– Llevo tiempo dándole vueltas a la cabeza y la verdad es que me suena
la cara de este tipo.- Comentó J.M.
– Es cierto, ahora caigo.- Dijo Mike.- ¿Puede ser el fulano ese que es
testigo de la acusación en el juicio de corrupción política del que ahora todo el
mundo habla?-
– Pues si es así, poco va o poder decir ya.- Sentenció el forense…

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