TANATOS12

Cuando María volvió del trabajo no me dijo nada de lo sucedido. Vino bastante ensimismada con otro tema, del trabajo, que a mi no me importaba mucho, pero a ella parecía haberla absorbido como para olvidarse del tema de Edu.

Yo ya empezaba a pensar seriamente qué coño me estaba pasando, ya me había hecho dos señoras pajas pensando en ese chico con mi novia.

Era viernes, teníamos todo el fin de semana por delante, y yo estaba caliente como pocas veces. La verdad es que si bien con otras parejas con el paso del tiempo había perdido, tanto yo como mi pareja, un poco el apetito sexual, con María llevaba 4 años y ambos manteníamos el deseo como si lleváramos 4 meses. No es que folláramos todos los días pero sí con mucha frecuencia y con pasión de adolescentes.

Ese viernes fui con María al cine y después fuimos a cenar. A pesar de estar yo desempleado en aquel momento no teníamos en absoluto problemas de dinero, ella cobraba bastante bien y yo tenía bastante ahorrado. Sería yo que estaba especialmente caliente o eso que decía que manteníamos la pasión, que poco a poco, durante la cena, cada vez nos inclinábamos más hacia adelante y nos besábamos.

Salió el tema de lo afortunados que éramos por no solo querernos, si no por desearnos tanto; estábamos completamente de acuerdo. María llevaba un pantalón vaquero y un jersey claro y yo me arrepentí de no haberle propuesto que se hubiera puesto algo más sugerente. Aun siendo el jersey algo holgado se le adivinaban bastante bien los pechos; entre beso y beso ya se los rozaba disimuladamente.

Algo que no he contado es que, yo tenía un pequeño complejo, que hacía que valorase más que María me siguiera deseando tanto, y es que mi miembro no es que fuera mi mejor arma. Cuando María me la cogía con una mano ya me la cubría entera menos el glande… con eso digo bastante.

A veces pensaba que me sentía en deuda con ella, si bien yo me consideraba guapo de cara, veía que ella mantenía unas tetas preciosas e imponentes y sin embargo mi arma, mi polla, no estaba a la altura, como si vestidos diéramos el pego como pareja, pero desnudos ella me diera mil vueltas.

Llamaron a María del trabajo, por el dichoso tema ese que la había tenido tan abstraída. Fue una llamada rápida. Cuando colgó, yo, por tener aunque no lo quisiera reconocer aquel dichoso tema en la cabeza, me lancé a la piscina:

-¿No sería Edu quién te llamo? -lo dije con una sonrisa.
-Anda, calla… que es para matarte.
-¿En serio te mira como si le gustases?
-Prefiero no hablar del tema…

Me daba cuenta que aquello era como chocar con un muro, por lo que decidí contarle mi sueño. Aquel en el que Edu se sentaba con nosotros en una terraza, ella se olvidaba de mi presencia, se cogían de las manos, se besaban y se acababan marchando solos. Ella escuchaba curiosa, y se reía de vez en cuando; soltaba a veces unos “estás de coña” o “me estás puteando”, siempre entre risas.

-Madre mía que sueños tienes… ¿Y por soñar eso vas y lo agregas con mi cuenta?
-Ya te dije que no sé por qué lo hice.
-Ya…
-Pues eso… que estabas con él…. y que a mí ni caso, jaja.
-Bueno, es un sueño.
-Bueno… y en la realidad… si él tuviera… ya sabes… un buen…. -Ella me conocía ese pequeño trauma y en seguida supo por donde iba.
-Jaja… estás fatal… ya sabes que eso no me importa, me importa la persona, ya puede tener ese crío lo que quiera ahí colgando que a mi me da lo mismo. A parte que ese chaval me repugna bastante.
-¿Por qué?
-No sé… es… un poco gallito… a mi esa gente…
-No puedes negar que es guapo, sabes que a mi me cuesta juzgar la belleza en hombres pero ese chico está bien.
-Bueno, ya te dije que para mi no, a mi no me gusta nada. Me gustas tú.
-Ya sé que te gusto yo, pero eso no evita que otra gente te pueda parecer guapa.
-Ay… qué pesado… ya te dije que no me parece guapo, no sé qué más quieres que te diga.

Al final la conversación fue derivando en otros temas y llegamos a casa. Una vez en el dormitorio, le quité el jersey y antes de quitarle el sujetador ella me fue desnudando y nos tumbamos en cama. Yo desnudo y ella en ropa interior comenzó a besar mi pecho hasta llegar a mi miembro, comenzar a lamerlo, hasta metérselo completamente en la boca. Yo estaba en la gloria, excitadísimo, tanto que en menos de un minuto tuve que pedirle que parara para no correrme. Le quité el sujetador y las bragas y mientras lamía sus pezones llevé mi mano a su entrepierna y comprobé en seguida que estaba muy excitada.

No es algo que hagamos con mucha frecuencia, quizás una vez al mes, y es usar un consolador que tenemos guardado en la mesilla. Tras besarle los pechos y empezar a jugar con mi dedo dentro de su sexo la abandoné un momento para coger el consolador.

-¿Para qué?- Susurró ella. Era curioso pero siempre decía eso al principio de cogerlo pero acababa disfrutándolo como loca.

A los pocos segundos nos besábamos mientras acariciaba el exterior de su coño con la punta del consolador… Poco a poco se lo fui introduciendo, un consolador normal, nada extraordinario, pero aun así con unas dimensiones considerablemente mayores que mi polla. Ella soltó un suspiro cuando empecé a deslizarlo por su interior hasta más al fondo. Poco tiempo más tarde ella misma se lo metía y lo sacaba de dentro de su coño, cogiéndolo con las dos manos, mientras yo me ponía de rodillas cerca de su cara y maniobraba para meter mi miembro en su boca. Yo estaba que iba a explotar:

-¿Te gusta lo que te estás metiendo?
-Mmm… Sí…
-¿Notas como se te abre el coño?
-Joder… Sí…

Ella respondía susurrando con los ojos cerrados, boca arriba, con sus tetas grandes impresionantes… y yo acabé colocándome de tal forma que le metía la polla en la boca mientras ella seguía retorciéndose del gusto por meterse aquello. Estuvimos así un tiempo en el que ella giraba la cara y yo le follaba la boca y ella seguía buscando su orgasmo con aquel objeto… sin poder evitarlo yo comencé a pensar que no era un objeto… si no otra polla la que la llenaba y empecé a sentir que me corría… ella lo notó y gimió con mi polla en su boca, y al escuchar ese gemido yo comencé a correrme dentro de su boca… ella acogió todo lo que yo fui derramando con total entereza, sin dejar de usar el consolador, pero sin llegar a correrse.

Me aparté un segundo, alucinado del terrible morbo que me había dado la imagen de María invadida por otra polla a parte de la mía. Y me di cuenta que mi orgasmo había sido inevitable cuando le había puesto cara a quién se la follaba.

CONTINUARÁ…

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