TANATOS12

Para contar esto me tengo que remontar a un día que estaba cenando con mi novia en una terraza. Hacía cuatro días que no la veía pues ella había estado fuera, en un ciclo de formación, que tenía de vez en cuando por su trabajo, por lo demás era una noche cualquiera, sin nada de especial, hasta que en un determinado momento aparecieron varios chicos trajeados y se acercaron a hablar con ella. Inmediatamente me di cuenta de que eran compañeros del despacho de abogados de mi novia.

Fueron muy agradables y formales, como si hubiera una barrera que marcaba ser más colegas que amigos. Eso sí, con muchas ganas de agradar, creo que con esas ganas de agradar típicas ante una chica que es bastante guapa, como lo es María: de facciones muy agradables, buen tipo, amplia sonrisa… un culo no demasiado grande pero que en tacones se pone bastante potente y unas tetas medianas tirando a grandes que ella siempre trata de disimular más que de presumir de ellas. Llevábamos cuatro años de novios y vivíamos juntos.

No fue más que una conversación de a penas un minuto pero hubo un chico, el más callado, que me llamó la atención. Estaba bastante moreno para esa época del año, tenía un poco de barba y ojos claros; parecía una especie de abogado pero surfista en ratos libres. O había ido a la nieve. Algo así había. Parecía también algo más joven que nosotros, quizás unos 28 años, por los 35 míos y los 34 de mi novia. Se despidieron en seguida y yo le pregunté a María:

-¿Y el chico guapo ese?
-¿Quién?
-El moreno de barbita.
-¿Edu? ¿Guapo ese?
-Pues sí, ¿no?
-Hombre, guapo no hay ninguno. Pues no sé. Uno más del despacho.

La cosa quedó ahí y no pensé para nada en aquello ni en aquel chico hasta esa noche. Y no es que pensara en él voluntariamente si no que soñé con él y mi novia. Soñé algo surrealista, que no llegaba a recordar bien del todo, pero era algo así como que él efectivamente se acercaba a saludarnos mientras cenábamos, pero al final se sentaba con nosotros y, desde aquel preciso momento, yo desaparecía de la faz de la tierra para mi novia, que solo tenía ojos para él. La conversación era entre ellos dos, así como miradas primero, y después se cogían de las manos… yo seguía comiendo y mirándoles hasta que se acababan besando delante de mí, como si no existiera, y se acababan marchando los dos solos.

Me desperté con una sensación extrañísima, como un sueño especialmente intenso. Recordaba que en el sueño no había sentido celos, tampoco mucha excitación, si no más bien expectación y algo de humillación. No le di más importancia.

A la mañana siguiente, viernes, María se fue a trabajar y yo me quedé en casa, como era habitual los últimos meses, pues no me habían renovado un contrato finalmente, por lo que estaba desempleado, aunque pensaba que sería pasajero, pues con experiencia laboral, licenciatura y Máster esperaba encontrar algo más pronto que tarde. Mis días consistían en hacer deporte, echar curriculums y hacer entrevistas de trabajo.

Estaba investigando en internet sobre una empresa interesante, cuando entré en una red social y busqué en los amigos de mi novia a ver si tenía agregados a sus compañeros de despacho, pero solo vi a uno, con el que tenía más trato. Era innegable que el moreno aquel me despertaba cierta curiosidad, pero no lo tenía agregado. Tenía un magnetismo extraño y aun tenía muy reciente el sueño y aquel sentimiento de humillación de ver como mi novia pasaba de mí al principio y se besaba con él después.

Un rato más tarde, sin ser yo muy apasionado del porno en internet, me vi navegando por ese tipo de páginas, como un daño colateral de pasar mucho tiempo en internet, que siempre acaba uno aburrido y donde no debe. Me acabé tumbando en el sofá y, aburrido de vídeos que no me decían nada, y con aquel chico y el sueño aun en mi cabeza, comencé a masturbarme pensando en el sueño. Nunca, jamás, había pensado o fantaseado, con la idea de mi novia con otro hombre, pero cuando me quise dar cuenta tenía mi polla como un mástil imaginando no solo que se besaban en mi presencia si no que se iban a nuestra casa, yo con ellos como si fuera invisible.

Imaginé que se desnudaban, que aquel chico le comía las tetas a mi novia, que devoraba sus pezones en mi presencia y que María, por primera vez, parecía pedirme permiso con su mirada para continuar.

Yo cruzaba la mirada con ella y sin responderle nada ella se acababa poniendo de rodillas ante él, dándome ella la espalda, y fue imaginarme el vaivén de la cabeza de María ante la polla de aquel chico y comencé a correrme como un loco sobre mi vientre. Mientras me corría me imaginaba al chico llevando su mano a la cabeza de María, marcándole el ritmo de la mamada, mientras aquel cabrón me miraba y sonreía… creo que eché por los menos seis chorros sobre mí mientras me imaginaba aquello.

Una vez acabado mi orgasmo me quedé exhausto y me sentí algo culpable. No tenía ni idea de la caja de los truenos que acababa de abrir con aquella paja absurda a media mañana.

CONTINUARÁ…

Un comentario sobre “Jugando con fuego (1)

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