MANGER

Sus ojos se agrandaron como platos al descubrir la alegría de aquel tiovivo, pletórico de luces y bañadas purpurinas entremezcladas con armoniosos tonos de color pastel. Para su deleite, creyose por un momento la única asistente y observó ensimismada a sus inanimados personajes viéndolos subir y bajar suavemente, accionados en perfecta cadencia por un invisible mecanismo mientras completaban sus inacabables giros llevándolos a ninguna parte. Eso la hizo infeliz y deseó su libertad. Sintió que aquella pegadiza musiquilla la envolvía con ellos y cerró los ojos para desear con todas sus fuerzas lo imposible; los latidos de su corazón empujaron aún más sus ansias de lograrlo e imaginó escuchar los alegres relinchos de aquellos caballitos de madera librándose por fin del yugo y galopar por ficticias praderas donde la hierba se mostrara a sus inesperados visitantes con su verde exuberante, fresca y dispuesta como dulce pasto con que recuperar las gastadas energías de tan hermosos animales, y …

El hombre tiró hacia atrás y empujó la silla de ruedas para alejarse del bullicio de las ruidosas calesitas. Mientras, ajena a la huída, Annie siguió soñando con la galopante carrera de tan hermosos corceles por alcanzar la libertad y, montada a su grupa, adentrarse en la belleza irreal de un mundo creado exclusivamente por y para ellos.

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