ALBERTO ROMERO

La escapada
—Ya veo que Antonio le ha contado todo —dijo Ana mirando a su marido mientras
bajaba la cabeza avergonzada.
—Sí, me gustaría que me lo explicase usted con detalle.
—Tras la muerte de mi padre, mi madre cayó en una profunda depresión. Ambos
estaban muy unidos y a mi madre le costó volver a encauzar su vida sin el apoyo
y la presencia de mi padre a su lado, como estaba acostumbrada. Cuando ya
parecía que empezaba a recuperarse de la tristeza de los primeros meses empezaron
a suceder cosas raras.
Una mañana fui a visitarle para echarle una mano con las tareas de casa y hacerle
compañía. Mientras estaba yo en el baño la escuché hablando como si hubiese
alguien más en casa con ella. Cuando salí y le pregunté con quien hablaba
me dijo que lo hacía con mi padre. Yo la abracé tratando de animarla, pensando
que era fruto de la pena, y de que le echaba mucho de menos. Ella se revolvió y
me dijo que papá la acompañaba muchos días, y que tenían conversaciones muy
interesantes.
La cara de mi madre no era de «me ha parecido oírle», era de total convencimiento.
Estaba segura de que él estaba allí con ella. No le quise dar importancia,
pero pude comprobar como en días sucesivos hablaba con él como si estuviese
de verdad presente con nosotras.
Al tiempo de aquellas conversaciones empezó a hablar mal de Antonio. Yo estaba
sorprendida, porque siempre habían tenido muy buena relación, y no entendía
muy bien aquel cambio. Cuando íbamos juntos a visitarla yo le notaba más tensa
con él. Le miraba con desconfianza y daba la sensación de que no quería tratar
con él, le miraba raro. Cuando estábamos solas y le contaba cosas de Antonio me
2
decía que tuviese cuidado con él, que sentía que no era de fiar. Tuve que pararle
los pies cuando empezó a decirme que Antonio ocultaba algo, que tenía un secreto,
que le quería hacer daño a ella. Le dije que no era cierto, que no debía hablar
así de Antonio, porque él no tenía ninguna mala intención hacia ella, ni mucho menos
quería hacerle daño.
Al final viendo que mi madre no estaba bien hablé con su médico. Me recomendó
un tratamiento psicológico que le ayudaría a relajarse y a centrarse de nuevo.
—¿Ese tratamiento incluía internarla en un centro especial? —dijo Aguirre tratando
de que Ana confirmara lo que él ya sabía.
—Sí, fue necesario internarla.
Antonio se sintió un poco traicionado al escuchar el relato de Ana sobre el internamiento
de su madre. Ya lo sabía de boca de su mujer, entendió sus argumentos
cuando lo confesó, pero no pudo evitar aquella sensación al escucharla de
nuevo.
—¿Cómo fue el tratamiento?, ¿Sirvió para que su madre mejorara?
—Lo cierto es que la mejoría duró apenas una semana. A la siguiente hubo un
problema porque intentó agredir a un auxiliar de la clínica.
—¿El auxiliar no denunció a su madre? —preguntó Aguirre mientras anotaba
todo en su libreta.
—No, no llegó a hacerle nada grave, apenas unos arañazos y algún moretón. Él
mismo decidió dejarlo pasar. Fue muy amable, la verdad.
—¿Y qué sucedió después?
Ana guardó silencio unos instantes antes de continuar el relato. Las lágrimas
afloraron de sus ojos. La emoción se apoderó de ella antes de contestar al inspector.
—Se escapó. Fueron apenas unas horas, pero se escapó…

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s