ESRUZA

El conjunto habitacional era un lugar agradable, aunque lo que lo rodeaba no tanto, y había una gran extensión de campo agreste, con pasto muy verde, pero sin árboles, sólo unos cuantos raquíticos arbustos, no. En él vivían familias normales, como en cualquier otro lado; las casas bastante grandes y muy soleadas, de dos pisos y muy bonitas. Durante el día salían a trabajar casi todos ellos, así que el lugar quedaba casi solitario, sólo dos o tres vecinas, amas de casa, permanecían en él. Los niños no acostumbraban a salir a jugar al andador, menos al campo, lo hacían en el patio trasero de sus casas.

En dicho conjunto había una casa vacía pendiente de alquilar, a la cual llegaron unos nuevos vecinos. Era una familia cubana, formada por los padres y un hijo ya adulto. Ella, una mujer bastante fornida, obviamente negra y común y corriente, él, un hombre negro descomunal, (no tengo ninguna animadversión al color) feo y con una mirada un tanto torva y con algo de estrabismo. Vestía como si estuvieran en un lugar completamente tropical: pantalones cortos, zapatos y camisola.

Durante los primeros días todo iba normal, pero de repente, una noche a las 3 de la madrugada, se empezaron a escuchar sonidos extraños de un tambor y algo que parecían “letanías” en un idioma extraño, como los africanos o haitianos, como si estuvieran poseídos, el rito duró más o menos una hora y media. A la siguiente mañana apareció en el campo una gallina muerta, descabezada, sanguinolenta. En el conjunto no había gallinas.

Los vecinos, más cercanos a su casa, se horrorizaron de todo lo que oyeron y hacían comentarios, estaban muy sorprendidos y asustados. Se miraba a esta familia con mucho recelo.

Era el mes de diciembre y al comentarle lo sucedido al administrador, éste les dijo que ellos se irían a Cuba y regresarían hasta febrero, lo cual los calmó un poco, pero el hijo permaneció en la casa y, nuevamente, otra madrugada, se volvieron a escuchar los sonidos tétricos del tambor y los cánticos, eran las 3 de la madrugada. La familia que colinda con esa casa podía ver desde su ventana el patio trasero de esos vecinos. Habían hecho un círculo blanco y estaba rodeado de velas, al centro permanecía asustado un animalito, no supieron decir si era una oveja pequeña o una cabra. Uno de los asistentes tenía en la mano un enorme cuchillo con el que seguramente iba a degollar al inocente animal; éste se defendía como podía y lanzaba chillidos que erizaban la piel, mientras el sonido del tambor continuaba y los demás danzaban alrededor del círculo cantando en el idioma extraño. La persona que tenía el cuchillo, tal vez un iniciado, no lograba y se cree que no lo logró, matar al pobre animal, pues no apareció nada en el campo al siguiente día. Aunque tal vez sí lo sacrificaron y llevaron el cuerpo a otra parte.

Los vecinos viven a la expectativa deseando que esta familia se vaya. La tranquilidad del lugar ya no es la misma y se les ve con recelo y temor.

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