ESTEFF
Te escribo desde nuestro rincón. Sigue todo tal y como lo dejaste; no me atrevo a cambiar nada por si acaso te me pierdes por el camino. Te escribo desde el más bello de nuestros recuerdos y con mi pecho reconvertido en una tierra de minas. Ya han habido algunas explosiones devastadoras, pero sigo en pie.
Tu amor me está convirtiendo en el peor de los humanos y en el más fiero de los animales. Me descubro albergando sentimientos y reaccionando como alguien muy diferente a mí. Tu amor me está matando; me está hirviendo lentamente, cada día un poco más. Te ruego que me mates o me salves, pero paremos esta agonía. Al final no voy a poder diferenciar tu amor del dolor y acabarán fusionándose; entonces, a ver cómo salimos de esa.
He de decirte que esta libertad que pactamos se está convirtiendo en una terrible condena. Es la más cruel de las prisiones. Te confieso que he estado probando varios néctares, me he embriagado de otras mieles, pero todo fue un desastre. Su efecto era efímero: quizá horas, quizá días; como todas las malas mezclas, acababa siendo el más amargo de los sabores.

Ahora mis labios sobreviven acres, me pregunto cuándo podré volver a sentir la dulzura al humedecerlos. Me pregunto en qué momento mis manos dejarán de parecer tan ásperas y de buscar tus rectas y tus curvas; me pregunto cuándo olvidarán sus obsesiones. Ya he tenido mi merecido. He aprendido la lección.

¿Qué quieres de mi? ¿Que más queda por vivir? ¿Cuánto piensas alargarlo? . Tengo ganas de gritarle al mundo que esta libertad encabeza mi lista negra. Que no sólo perjudica la salud, sino que es letal. Que sigo cumpliendo su sentencia.
Anduve incansable por lugares comunes forzando reencuentros. Me fui olvidando a base de decepciones nocturnas y tragos de ginebra. Y hace poco, en el sitio menos pensado, te vi. Disfrutando de tu libertad corroída, con barrotes transparentes. Esta libertad tan tóxica que pactamos. Me pregunto si será igual para ti como para mí. Pude quedarme y me fui. Pude rendirme ante ti, pero preferí seguir con mi duelo. Porque estoy seguro de que al final serás tú la que vuelva.
Quise la agonía de tu olvido. Beberme tus recuerdos. Esa noche llovía como si le hubieran roto el corazón al cielo.
Y después de todo, y a pesar de mis incoherencias, sólo puedo decirte que te amo. Te amo, te amo, te amo. Hasta en los momentos en los que sólo podía odiarte, también te amaba.
Te escribo desde nuestro rincón entre despojos de alma. Me has roto el corazón de mil formas imaginables y llevo todo este tiempo buscando, recolectando, recogiendo los pedazos. Te escribo con los trozos desperdigados en las manos, creo que no me falta ninguno.
Te escribo desde el más bello de nuestros recuerdos y con mi pecho reconvertido en una tierra de minas.

Un comentario sobre “La carta #Reload

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