HÉCTOR JESÚS

Mal de amores no tiene cura.

Una de las cosas que más amo de mi rosa es su faceta hipocondriaca. La amo porque esa faceta me hace mucha gracia y me divierte.

Recuerdo una vez en que fuimos a visitar a una amiga suya que estaba enferma. Salimos de su casa, su amiga reconfortada con la visita y mi esposa desconcertada, porque también ella sentía algunos síntomas idénticos a los de la enferma.

Otro día llegué con dolor en la espalda producto de estar sentado en la silla escuchando a los pacientes que iban a mi consulta de psicología; en la noche no pudimos hacer el amor porque mi rosa sentía dolor de espaldas.

Peor anécdota fue el día que visitamos el zoológico junto con nuestros dos hijos, pasamos por la jaula donde había uno de los animales que, al parecer, estaba preñada… al salir del zoológico ya mi esposa sentía náuseas… en fin, esa es mi rosa, mi adorado amor.

Sin embargo nunca le he escuchado quejarse del “mal de amores”… ¡y mira que vivo diciéndole estoy enfermo por su amor!

 

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