FERNANDO

La respuesta la obtuve del propio presidente de la compañía en conversación telefónica. Ese hijo de puta no tenía escrúpulos y era un tirano.

—Pedro no se deje llevar por sentimentalismos que podrían acabar con su brillante porvenir en esta empresa. Está haciendo un gran trabajo y me tiene impresionado, cuando vuelva quiero que nos veamos porque tengo grandes planes para usted. Siga así, un abrazo.

Me despachó como se despacha una barra de pan, literalmente se deshizo de mí y mi problema, estaba jodido. Podría hacer dos cosas, irme por mi cuenta a España y “pasar” de la compañía y su presidente o pensar fríamente, hacer mi trabajo terminarlo cuanto antes y regresar para ver qué demonios estaba ocurriendo. Opté por la segunda opción ya que la primera de seguro me costaría el trabajo y tampoco quería perderlo, así que escribí un escueto correo a Sara explicándole mi malestar y que si deseaba hablar conmigo lo hiciese porque realmente no entendía su silencio y su frialdad hacia mí. No obtuve respuesta y su silencio creo que me dejó claro su actitud hacia mí y que había algo más que no deseaba o no quería contarme. Aunque lo pasé bastante mal, el tiempo y Fer me ayudaron a apartar de mi mente a Sara y no pensar en ella constantemente, me volqué en mi trabajo nuevamente y los fines de semana me veía con Fer y lo pasábamos muy bien. Ella fue mi confidente y mi paño de lágrimas y solo supo darme ánimos. Sabia de sobra que la relación que manteníamos era puramente de una amistad muy íntima, éramos folloamigos y los dos disfrutábamos como benditos en la cama o donde surgiese. Fer era muy viciosa y siempre inventaba algo para provocarme, con ella el sexo era diferente, era libre, sin ataduras y hacia que disfrutásemos mas ya que no había vinculo sentimental. Una noche me llevó a una fiesta a la que le habían invitado en la playa, recuerdo que la noche era increíble y el entorno impresionante. Música, comida, alcohol y Fer bailando de manera provocadora hicieron que esa noche terminásemos haciendo un trio con otro chaval y follando su culo y su coño a la vez mientras encadenaba orgasmos y berreaba de placer al sentirse llena de nuestras corridas.

Todo en esta vida tiene un final y mi trabajo en esa plataforma había terminado, hasta vino el presidente para ver todo lo hecho y quedo gratamente impresionado. Habían pasado exactamente trece meses desde que salí de España y la verdad necesitaba volver y abrazar sobre todo a mi niña que de seguro estaría muy cambiada a punto de cumplir sus 17 años. Pensé que me iría en el avión privado de la compañía junto al presidente, pero me volvió a demostrar su clasismo y su mala baba al mandarme por vuelo regular, ahora eso si en primera clase.

Un día antes de irme Fer vino a mi apartamento y pasamos la noche juntos, follamos hasta caer rendidos y al día siguiente me llevó al aeropuerto. Aunque intentábamos aparentar que no pasaba nada la tristeza nos invadía, cuando facturé nos dirigimos hacia la entrada de seguridad y allí llego el momento de despedirnos. Fer se abrazó a mí y me beso tiernamente en los labios mientras juntaba su cuerpo al mío y notaba su estremecimiento.

—Sé que esto no es una despedida mi amor, es un hasta pronto, decía Fer con la voz quebrada por el llanto. Pero eso no significa que no te vaya a echar de menos, solo te pido que de vez en cuando te acuerdes de mí y me llames para charlar.

—Claro que si cielo y déjame que te de las gracias de corazón porque sin ti creo que esto no lo habría soportado. Eres una mujer increíble.

Me separé de ella y vi sus lágrimas cayendo por sus mejillas, la mire con cariño mientras mis dedos secaban sus lágrimas y la besé, en un último beso cargado de cariño y agradecimiento. Me costó separarme de ella y un último vistazo cruzando el arco de seguridad me dejo ver a tan tremenda mujer agitando su mano para despedirse ya en el avión un mensaje de ella entraba en mi teléfono «Ya te echo de menos papi. Que tengas un buen viaje» seguido de caritas lanzando besitos y corazones y un gran corazón latiendo. Quise responderla pero la azafata me dijo que apagase el móvil, aunque antes de apagarlo le mande caritas, corazones, besos y abrazos.

Como en viaje de ida el de vuelta fue igual de malo para mí con el inconveniente que encima tenía que añadir siete horas más. Llegue al aeropuerto cayendo la tarde, estaba cansado pero tenía ganas de llegar a mi casa, abrazar a mi niña y retomar mi vida anterior. No sé por qué pensé que Sara estaría esperándome, ella tenía que saber que llegaba a esa hora ya que el presidente se lo habría comentado, pero cuando salí al hall de llegadas internacionales no había absolutamente nadie esperándome. La única que podría haber ido a recibirme seria Alba mi niña, pero quería darle una sorpresa.

Cuando llegué a mi casa y abrí la puerta esperaba encontrarme a mi mujer con cara de vinagre, increpándome lo mal que lo había pasado y que tendríamos que hablar, pero extrañamente estaban las luces encendidas pero no había nadie en el salón aunque un gran gemido proveniente de nuestra habitación me indico que allí ocurría algo aunque no estaba preparado para lo que iba a presenciar. La puerta de la habitación estaba abierta y vi a mi mujer y a mi hija a cuatro con sus culos y sus coños expuestos y al hijo de puta de Jorge el marido de Sara follando el coño de mi mujer para seguidamente sacarla llena de babas y clavarle su enorme polla hasta los huevos en el culo a mi hija mientras esta gemía de placer. Me quede petrificado, sin creer lo que mis ojos veían, ese desgraciado se follaba a mi mujer y a mi hija por sus agujeritos de forma indiscriminada.

Cuando reaccioné entre en esa habitación y agarrando a ese hijo  de puta por el cuello hice que se saliese del interior de mi niña.

—¡¡HIJO DE PUTA NO TE ATREVAS A TOCAR A MI HIJA ES MENOR DE EDAD!!

Le di un puñetazo en la cara y cuando caía le di una patada no sé dónde pero que le dejo retorciéndose en el suelo, gritos, suplicas de que parase pero estaba encolerizado. Fui hacia mi mujer rojo de ira, creo que vi en su cara una mueca de satisfacción al verme en ese estado.

—Y TU PUTAAA, ZORRAAA DE MIERDA, ¿COMO HAS CONSENTIDO ESTO? Gritaba fuera de mí, ES TU HIJA POR DIOS Y ADEMAS MENOR DE EDAD, ERES UNA MIERDA DE MADRE Y UNA MIERDA DE PERSONA Y AHORA MISMO VOY A DENUNCIARTE HIJA DE PUTAAA.

—¡¡PAPA!! Grito mi hija llorando sin consuelo, YO HE QUERIDO QUE OCURRIESE ESTO, NO CULPES A MAMA, NADIE ME HA OBLIGADO A NADA. Decía mi hija intentando taparse para no ver su desnudez.

—Co…como dices eso cariño, dije confundido.

—Es así papa, me dijo bajando su vista, quise que ocurriese y le provoqué.

Mi hija salió corriendo de la habitación desnuda como estaba mostrando su perfecto cuerpo y oí como se encerraba en su habitación.

—Tu hija es tan zorra y tan puta como yo, dijo mi mujer con desprecio, nadie la ha forzado a nada y esto que has visto era inevitable que ocurriese según se conocieron Jorge y ella, vi el deseo en sus miradas.

—Esto no va a quedar así Isabel, ahora mismo pienso ir a una comisaria a denunciaros a los dos.

—Puedes hacer lo que te dé la gana gilipollas, pero tu hija ya es mayorcita para saber lo que quiere y lo que deseaba es follar con Jorge. Denuncia lo que quieras pero no te va a servir de nada.

Salí de esa casa derrotado y sin creer lo que había visto, cogí un taxi y me llevó a la comisaria y allí interpuse una denuncia a Jorge y a mi mujer ¿Qué saldría de todo esto? Solo el tiempo lo diría pero la guerra entre mi mujer y yo estaba declarada.

Me vi fuera de la comisaria a media noche sentado en mis maletas y sin saber muy bien ni qué hacer ni dónde ir. Busque en mis bolsillos un chicle o un caramelo que compre antes de coger el avión para poder tranquilizarme pero solo encontré mis llaves de casa, me las quedé mirando pensando que ya no las necesitaría por mucho tiempo, pero también me fije en que al lado estaban las del apartamento que teníamos alquilado Sara y yo.

—¿Por qué no? Me dije a mi mismo en voz alta.

Seria duro entrar allí de nuevo, los recuerdos me asaltarían enseguida, pero que mejor lugar para vivir de momento, además sabía que seguía alquilado por nosotros ya que en su momento Sara me dijo que le gustaba ir a trabajar allí porque se concentraba mejor y yo sabía que todos los meses se pagaba el alquiler.

Paré un taxi y más o menos a los cuarenta minutos estaba abriendo la puerta del apartamento y cuál fue mi sorpresa al ver que había luz y se oía de fondo una televisión.

—¿Hola? ¿Hay alguien? Pregunté estúpidamente.

Pues claro que habría alguien, si no de que estaba la luz y el televisor encendido. Lo primero que pensé que Sara habría dejado las llaves de nuestro apartamento a alguna amiga o amigo para que se desfogasen a gusto, incluso pensé que sería la propia Sara la que estuviese allí acompañada. Las piernas me temblaban y mi corazón latía a mil pulsaciones y entonces la vi aparecer por la puerta del dormitorio, bellísima, radiante, preciosa.

—¡¡PEDRO!! Exclamó en voz baja.

Se llevó las manos a su boca, mientras de sus increíbles ojos caían dos lagrimones, vino corriendo hacia mí y me abrazó con todas sus fuerzas mientras rompía a llorar con desesperación. No sabía muy bien cómo reaccionar, su muestra de cariño en ese momento chocaba con su silencio hacia mis mensajes y correos, pensaba que no me quería ni ver, pero sentir su cuerpo pegado al mío de nuevo hizo que la abrazase con fuerza contra mi mientras llenaba de besos su carita. Cuando nos tranquilizamos nos quedamos mirando a los ojos, note su mirada de cariño, teníamos mucho de qué hablar.

—Ven vamos a sentarnos. Dijo Sara con dulzura.

Nos sentamos en el sillón, ese sillón que fue testigo de tardes tórridas de sexo e infinitos orgasmos por ambas partes. Sara llevaba un vestidito ligero que cuando se sentó dejos sus piernas al aire, se sentó de manera que quedaba enfrentada a mí con lo que incluso se atisbaba el triangulito de su braguita. Juntó sus manos con las mías y las besó con amor mientras me miraba ilusionada.

—Sara, ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué no has respondido a mis mensajes ni mis llamadas? Me he vuelto loco, estando a miles de kilómetros de ti.

—Por miedo. Miedo a todo.

—¿Miedo? ¿Qué miedo? ¿Por qué? Pregunte extrañado.

—A que te enfadases conmigo, a que dejases de quererme…a que me rechazases. Lleve esto demasiado lejos y luego no sabía cómo explicártelo, me volví a equivocar y en vez de contártelo me lo callé.

—A ver Sara, ¿por qué me voy a enfadar contigo? ¿Qué motivo tengo para recházate? Explícate por que no te entiendo.

Sara me miró por un interminable minuto, sin decir nada, tenía miedo de la respuesta que me diese, no soportaría otra mala noticia.

—¿Estas con alguien ahora mismo? Pregunté con miedo mirando hacia la habitación.

—Sí y no. Contesto Sara con una sonrisa.

—¡¡SARA!! Exclamé mosqueado.

Sara me miro divertida, aunque yo no estaba para juegos ella parecía feliz, se levantó me dio la mano y me llevó al dormitorio. Antes de entrar llevó su dedo índice a sus labios para que no hiciese ruido. Dentro de la habitación solo había cambiado una cosa había una cuna y un precioso bebe dormía plácidamente. Me quedé mirando embobado a esa preciosidad, era relajante verlo dormir, Sara se abrazó a mí y apoyó su cabeza en mi hombro y a los pocos minutos salimos en silencio de esa habitación. Estaba hundido, literalmente todo, absolutamente todo estaba patas arriba y nada guardaba orden. Sara cuando me miró hizo una mueca de preocupación.

—¿Cuándo fuiste madre? Pregunte abatido.

—Si te refieres a cuando nació mi hija, a los nueve meses de irte tú a Méjico.

A veces los hombres somos muy cortitos y no sabemos escuchar, estaba como ido y ya no razonaba en condiciones.

—¿Quién…quien es el padre? Pregunté absurdamente.

—Pedro, te lo acabo de decir, dijo Sara con temor. Tu eres el padre mi amor y por eso tenía miedo.

—¿Cómo? Yo soy el padre…pero si tu tomabas anticonceptivos.

—Ya cariño, pero cometí un error y durante dos días confundí la pastillita. Pensé que no ocurriría nada, pero no fue así, y a los nueve meses nació Emma. De todas formas yo estoy segura de quien es el padre, pero quiero que hagas la prueba de paternidad, no quiero que tengas dudas.

—¿Y por qué no me lo dijiste? ¿Por qué no hablaste conmigo? ¿Y tú marido?

—Mi EX marido, matizó Sara. Me divorcié de el a los dos meses de tu partida. Como te comenté ya no teníamos metas comunes, era un golfo mujeriego y al saber que estaba embarazada de ti…¿Qué me ataba a él? Nada de nada. Y ¿Por qué no te lo dije? Realmente quise hacerlo, pero estaba aterrada por tu posible reacción, además coincidió con la época en que dejaste de llamarme tan a menudo y supuse que te habías enterado y querías poner tierra de por medio.

—¿Enterarme? Pero si estaba al otro lado del mundo y solo hablaba contigo. Estaba desconectado. Dije ya molesto.

Creo que en ese momento Sara se dio cuenta de su error conmigo, actuó casi de la misma manera que cuando fuimos a la refinería del sur.

—De acuerdo cariño, dijo Sara agachando la cabeza, mi comportamiento ha sido infantil y no tengo perdón. Pero te ruego que me comprendas, un año sin ti ha sido horrible y estaba muy confundida te pido que me perdones…pero necesito saber si estas conmigo.

La mire con amor, después de lo vivido al llegar a la que fue mi casa, pensé que mi vida estaba vacía y ahora me encontraba con una nueva familia. Tenía una sensación agridulce pero estaba contento.

—Estoy contigo hasta que te canses de mí, te amo Sara.

—No me cansaré de ti en la vida. Eres lo que siempre he buscado y yo también te amo.

Nos besamos como dos desesperados, nos necesitábamos y nos queríamos, aparte que ahora había una personita que nos unía aún más. Sara se puso a horcajadas sobre mi mientras me besaba y se frotaba lascivamente, pero entre el viaje, que estaba muy cansado y lo vivido no tenía el cuerpo para muchas juergas y mi libido estaba desaparecida. Sara lo notó enseguida, sé que ella me necesitaba, quería follar, pero en ese momento sabía que yo no era lo que ella esperaba.

—Estas muy cansado del viaje, ¿verdad?

—Sara, debo de contarte algo que me ha ocurrido antes de venir aquí. Algo para mí, terrible que me marcará de por vida.

Le expliqué lo que había visto, mi reacción y la denuncia que interpuse contra Isabel y Jorge. Sara se mostró al principio preocupada, para pasar al enfado por la actitud de Isabel y su ex marido. Estuvimos hablando hasta bien entrada la noche y aunque no me apetecía cenar por tener el estómago revuelto, Sara preparó algo para que no nos fuésemos a dormir con el estómago vacío. Solo sé que me quede dormido, el jet lag me pasaba factura, recuerdo a Sara ayudándome a llegar al dormitorio y nada más hasta casi las diez de la mañana que escuché el llanto de Emma. Estaba solo en la habitación, cuando entro Sara a por la niña la encontró en mis brazos, era guapísima y no es amor de padre era una preciosidad, de seguro cuando fuese más mayor sería tan bella como su madre.

—¿Has dormido bien cariño? Pregunto Sara dándome un beso. Veo que ya os habéis conocido, y mírala que tranquila esta con su papá. Nos hacía falta a las dos que estuvieses aquí te hemos echado mucho de menos.

Besé a Sara y le entregué a la niña, ella enseguida se sacó un pecho y la niña se aferró a el hambrienta oyéndose sus chupetones, me levanté y quise grabar esa estampa en mi cerebro. Las dejé solas en ese momento tan íntimo entre las dos, y yo me fui a desayunar mientras pensaba en todo lo que estaba pasando, al cabo del rato vino Sara a mi lado y se volvió a sentar a horcajadas sobre mí, note humedad sobre mis bóxer e intuí que debajo de su camisón iba desnuda. Me besó con pasión y me miró con deseo.

—Necesito sentirte dentro de mí, dijo excitada, ayer te hubiese violado, pero entendí tu cansancio y tu malestar por lo que habías visto.

Esto me lo decía, besándome, excitándome, notando su respiración acelerada. Se puso en pie y me puso en pie a mí, bajó mi bóxer hasta quitármelo y me volvió  a sentar en la silla, Sara se quitó su camisón quedándose desnuda delante de mí, mi polla estaba ya dura como un bloque de granito y se volvió a sentar a horcajadas sobre mí, apuntó mi polla a su coñito y se dejó caer con un gran suspiro, notaba como mi polla iba abriéndose paso hasta que entró hasta los huevos.

—Ahhhhhh, mi amor, como te echaba de menos, como he soñado con tu pollón follandome otra vez.

Sara movía sus caderas lentamente, con mi polla bien clavada en su interior, mientras me besaba con pasión y ponía mi cara entre sus tetas. Quise chupar, morder sus pezones, amasar sus tetas, pero me advirtió.

—Cuidado mi amor, tengo los pechos muy sensibles y si chupas seguro que me sacas leche.

Los besé con amor mientras me agarraba a su culo y la ayudaba a subir para dejarla caer nuevamente clavándose más mi polla y notando como hacia tope en su matriz.

—Cariñooo…ufffff…te necesitaba tantooo…te siento tan dentro de mí.

Empecé a follarla con desesperación, mientras mis dedos jugaban con su anito, Sara ya estaba tan excitada que notaba su mirada vidriosa, mientras su lengua se enroscaba con la mía. Notaba su coño chorreando, mojándome, hasta que note como se tensaba su cuerpo.

—Mi amor, me corrooooo…Pedro, diooooos que ricoooo, joder…joder…siiiiiiii.

Sara estalló en un orgasmo largo que la hizo temblar durante un buen rato dejándola relajada. Yo no me había corrido, pero notar las contracciones de su vagina sobre mi polla me volvieron loco y notaba mi orgasmo crecer, temía correrme dentro de ella, no quería dejarla embarazada de nuevo.

—Mi amor, no creo que aguante mucho más, déjame salirme.

—Córrete dentro amor, hazlo, no temas, necesito sentir como tu leche me llena.

—Ufffff…Saraaaaa.

Oírla decir eso me hizo estallar, le clave la polla hasta casi querer meterle también mis huevos, y empecé a correrme en su interior. Los dos gritamos nuestro orgasmo, mientras las caderas de mi amor se movían sacando todo lo que tenía almacenado en mis huevos. Nos quedamos muy abrazados, sintiéndonos, recuperando nuestras respiraciones y todas las sensaciones que teníamos mientras nos mirábamos con amor y nos besábamos.

—Dios mi vida, te he echado taaanto de menos.

—Y yo mi amor, lo he pasado muy mal sin saber de ti, pensé que ya no te vería mas.

—Lo siento cariño, no me cansaré de pedirte perdón por mi estupidez.

Cuando nos levantamos nos fuimos derechos a la ducha, Sara me recuperó rápidamente y mi polla estaba lista para otro asalto, me miro traviesa mientras me hacia una buena mamada, levantándose se apoyó y sacó ese culito respingón que siempre me había vuelto loco.

—Follame el culito mi amor, rómpemelo otra vez.

Ufffff, quién se podía negar ante esa petición. Hasta que la niña protestó de nuevo reclamando su comida, no paramos de follar como animales. Intentábamos recuperar el tiempo perdido, pero de vez en cuando venían a mi cabeza las imágenes de Jorge follando a mi hija y eso me desesperaba.

Se supone que el lunes empezaba de nuevo en la oficina, pero creo que me iba a tomar la semana libre, ya que en ese año no tuve vacaciones y me las debían. Además necesitaba poner en marcha mi divorcio y preparar todo lo referente al juicio contra mi mujer por haber permitido a una menor tener sexo con un adulto delante de ella.

Al día siguiente otra sorpresa me esperaba en la oficina, nuestro querido presidente quiso destituir a Sara de su puesto y ofrecérmelo a mí. Tuvimos una agria discusión y puse en entredicho sus aptitudes como presidente y como persona al frente de esa compañía. Amenazó con el despido y yo solo le anime a hacerlo a sabiendas que él tenía las de perder y que con solo descolgar el teléfono y hacer algunas llamadas tendríamos de nuevo trabajo Sara y yo. El haber trabajado en esa plataforma me dio a conocer a otras compañías que me ofrecieron también trabajo.

El divorcio de mi mujer tardo muy poco y eso me extraño por la denuncia que había interpuesta. En el divorcio estuvimos de acuerdo los dos, no nos podíamos ni ver, pero el escollo fue la patria potestad, yo la reclamaba para no poner en riesgo la adolescencia de mi niña que peligraba por la promiscuidad de mi mujer. La justicia en este país para mi esta en entredicho, aunque mi abogado defendió la postura de que Alba era una menor expuesta a hábitos sexuales no aconsejables en su edad, la jueza que llevaba el caso solo atendió al testimonio de mi hija ya con 17 años. Ella cuando pasó a mi lado ni me miró y ni me saludó, eso fue como una puñalada en mi corazón, pero lo peor fue como defendió a su madre y a Jorge y como juro y perjuro que todas las relaciones eran consentidas por ella y que incluso las deseaba. Eso me termino de romper, eso y el saber que no habría régimen de visitas, mi hija no quería verme. La jueza lo tuvo claro, y el abogado de esos dos también hizo su trabajo, asegurando que durante un año me desentendí de mi familia. Al final mí ya exmujer se salió con la suya y acercándose con una sonrisa cínica me lo espetó con desprecio.

—Te lo dije gilipollas, hicieses lo que hicieses no te serviría de nada.

Me miró con superioridad y dándose la vuelta agarro la mano de Jorge y los dos salieron de la sala entre risas. Me quedé sin mi hija, sin mi casa y encima tuve que pasar una pensión a la zorra de mi exmujer.

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