FERNANDO

La vuelta a la rutina fue muy dura, ya en el aeropuerto nos costó mucho trabajo el separarnos, yo sabía lo que me iba a encontrar en casa y Sara pues no me comentó nada en especial pero su cara lo decía todo, estaba a punto de echarse a llorar, me besó con dulzura y me abrazó.

—Me encantaría que cenásemos juntos y luego irnos al hotel, creo que esta noche se me va a hacer muy larga sin ti a mi lado.

Solo la abracé contra mí y la bese con ternura, estuvimos así un buen rato hasta que entendimos que teníamos que separarnos. Aunque no lo exteriorizase, por dentro estaba hecho polvo sabiendo lo que me iba a encontrar en casa.

—Mi amor, nos vemos mañana en el trabajo, le dije a Sara con tristeza, descansa.

Cuando llegué a mi casa la única que salió a recibirme con alegría fue mi hija Alba, mi mujer no se dignó ni en levantarse del sillón a darme un beso de bienvenida, aunque yo si se lo di, pero en la mejilla, me negó sus labios. Volvíamos al principio, a su indiferencia y su desprecio hacia mí.

—Isabel no entiendo tu postura ni tu actitud hacia mí. Trabajo y me esfuerzo por y para esta familia pero creo que tú no aprecias lo que hago.

—Lo aprecio Pedro, pero quiero a mi marido en casa con un horario normal, que podamos disfrutar el uno del otro, no que venga casi de madrugada y que encima se vaya de viaje y no le vea por días.

—Creo que te vas a tener que acostumbrar, porque este es mi trabajo ahora y prefiero estar trabajando a que me trates como a un parasito por no estar ocupado. De todas formas no hay quien te entienda, creo que nada de lo que haga es suficiente para ti.

Mi mujer me miró con rencor y sin decirme ni buenas noches se fue a nuestra habitación. Yo tarde un poco más, cuando me acosté, no sé si lo hizo a propósito o no tenía a “Pedrito” encima de su mesilla como demostrándome que yo no le hacía falta para obtener su placer. Bien, sería como ella quería, pero su actitud no me gustaba nada.

A la mañana siguiente tenía un wasap de Sara citándome media hora antes en el parking de la oficina. Cuando llegué, me llevó de la mano a una especie de cuarto de servicio que estaba bastante escondido, según cerró la puerta nos comimos la boca con desesperación.

—Mi amor como te he echado de menos esta noche, decía excitada, necesito tenerte dentro de mi ahora mismo.

No me dejo decir nada, a los pocos segundos mi polla bombeaba dentro de su coñito, con Sara apoyando las manos en la pared y sacando su culo para poder follarla bien y con mi mano en su boca tapándola para ahogar sus gritos de placer. No tardamos ni quince minutos en alcanzar un orgasmo muy placentero que nos dejó relajados a los dos. Subimos a nuestros despachos como si nada hubiese pasado y con miradas cómplices transcurrió la mañana hasta que Sara entró en mi despacho con cara seria.

—El “presi” quiere vernos, dijo con ironía y algo de amargura.

—Tranquila cariño, dije cerca de ella, será para felicitarnos por nuestro trabajo.

Como dijo Sara ese tío era un cerdo misógino, según entramos en su lujoso despacho ignoró por completo a Sara su jefe de ingenieros y se centró solo en mí.

—¡¡Pedro!! Dijo el presidente dándome la mano efusivamente, mi gran descubrimiento. Solo quería darte la enhorabuena por tu trabajo en la refinería del sur, creo que sin tu intervención todavía estaríamos parados.

—Gracias señor, pero creo que está mal informado, si no llega a ser por su jefe de ingenieros y su conocimiento de la informática de esa refinería, creo que ahora mismo estaríamos en un callejón sin salida, fue ella quien nos dio un nuevo enfoque y quien hizo que descubriésemos el fallo.

—¡¡Ah, vaya!! Exclamo el presidente disgustado. Pues Sara déjame que te de la enhorabuena por tu trabajo, lo habéis hecho muy bien.

Ese desgraciado se sintió contrariado y se dirigió a Sara con indiferencia, con un amable, podéis volver a vuestros trabajos, nos despachó. Cuando bajábamos en el ascensor Sara me agarro la mano y la apretó fuerte contra la suya, con cariño.

—Gracias por el capote mi amor, quizás ahora me entiendas mejor, dijo Sara con tristeza.

—Te entiendo cielo, pero todavía estoy alucinando, cuesta creer que a estas alturas de la vida todavía existe gente con esa manera de pensar. Y créeme que en mi tienes a tu mejor aliado, no quiero tu puesto, te quiero a ti, veras como todo va a ir bien.

Note en su mirada las ganas que tenía de besarme y de abrazarme, pero el típico tintineo del ascensor anunciando que llegábamos a nuestra planta hizo que deshiciésemos toda muestra de afecto y nos comportásemos como jefa y subordinado. Hubo más viajes de los dos y muchas noches de pasión, me fascinaba la manera de ser de Sara y poco a poco se adueñó de mi corazón hasta hacerse doloroso el separarme de ella cuando volvíamos a nuestras vidas. Mi relación con Isabel, mi mujer no mejoró mucho, casi al contrario empeoró, pero eso sí, todos los meses cuando veía la cuenta del banco me obsequiaba con una noche de sexo desenfrenado.

Sara y yo nos alquilamos un apartamento a las afueras de Madrid, necesitábamos más tiempo para estar juntos y un sitio que no fuese un hotel o el coche para poder follar a gusto sin tener que preocuparnos por si alguien nos reconocía o nos pillaban. Incluso abrimos una cuenta conjunta para poder hacer frente a los gastos del alquiler, teléfono, luz, gas, etc. Pasamos muchas horas en ese apartamento, era agradable abrir la puerta y que Sara viniese hacia mí corriendo vestida solo con una camiseta de tirantes y un tanguita. Juntos trabajábamos desde nuestro apartamento, pero era difícil concentrarse cuando tenías sentada en tu polla a una mujer excitada moviendo su culo sobre ti y ronroneando como una gatita mimosa pidiendo que la follases. Organizamos nuestros propios viajes, pero era solo una tapadera para pasar el fin de semana juntos y follar hasta la extenuación.

Sería necio el no comentar que Sara y yo hablamos mucho de nuestra situación y nuestras respectivas parejas. Ella estaba dispuesta a dejar a Jorge su marido, pero yo sufría por mi niña, por Alba, pronto iba a cumplir 16 años y creo que sería traumático para ella el que su madre y yo nos separásemos. Mi niña me quería mucho, era su héroe y creo que aunque yo pidiese la custodia, se la daría a su madre en estos casos el padre poco tiene que decir y la justicia siempre se pone del lado de la madre.

Hubo dos situaciones que cambiaron el rumbo de nuestra relación, la primera fue en una cena de Navidad que organizó la empresa para sus empleados y sus parejas. En esa cena nos conocimos las dos parejas y fue inevitable el que mi mujer se fijase en la belleza de Sara, pero también me di cuenta de la mirada golosa que le echo a su marido.

—Pedro, no me habías dicho que tu jefe era una mujer y muy guapa por cierto. Dijo mi mujer de manera taimada e hipócrita.

—Bueno querida, tú tampoco has demostrado querer conocer nada de mi trabajo ni siquiera a mis compañeros.

Note la mirada de odio de mi mujer, que rápido se le pasó cuando Jorge agarrándola de la cintura  se la llevó.

—Vamos a pedir algo de beber Isabel, dejemos a estos muermos hablando de su trabajo.

Los vi alejarse con la mano de Jorge más bien en el culo de mi mujer mientras ella reía seductoramente. Esa noche Sara había optado por un vestido elegante aunque muy discreto que no resaltaba toda su belleza, en cambio mi mujer llevaba un vestido a medio muslo que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel con su espalda al descubierto y un escote de vértigo, un recogido que dejaba su cuello al aire y zapatos con taconazo que resaltaba su culito respingón. Me puse al lado de Sara y lo susurré para que me oyese solo ella.

—Estas guapísima mi amor, desearía abrazarte aquí mismo.

—Tu mujer es muy guapa Pedro, nunca me lo habías comentado.

—Sí, no te lo voy a negar, pero yo estoy enamorado de otra mujer que no es ella.

Los dos mirábamos hacia la barra viendo como esos dos flirteaban descaradamente entre ellos, con las manos de Jorge siempre acariciando los brazos o la cintura de mi mujer.

—Si te digo algo ¿Te vas a molestar? Dijo Sara.

—En absoluto, dímelo.

—Mi marido y tu mujer esta noche terminan follando, conozco a Jorge.

—Dime algo que no sepa. Dije irónico.

Durante la cena en varias ocasiones tuve que llamar la atención a mi mujer por la manera de comportarse con Jorge. Zorreaba con el de manera descarada, pero es que en la mesa había más gente que me conocía y empezaba a ser incómodo para mí, sobre todo por la mirada de deseo de los hombres. Sara se las arregló para frenar en ímpetu de su marido y parece que se tranquilizaron los dos, aunque una vez terminada la cena y tomando algo con los demás compañeros de pronto me encontré solo. Ni Sara ni Jorge ni mi mujer aparecían por ningún lado, me aparté a un rincón mirando en todas direcciones, hasta que vi aparecer a Sara por una puerta. Fui a su encuentro y estaba seria, con esa mirada furiosa y ese gesto hosco y de mal humor.

—Entra por aquella puerta, dentro hay una especie de pasillo la tercera puerta a la izquierda, me dijo con determinación.

Ni la pregunté pero sabía lo que iba a presenciar, cuando me encontré frente a esa puerta ya me llegaban los gemidos de placer de Isabel. Abrí con cuidado y entre en una especie de almacén, detrás de una estantería pude ver como Jorge se follaba a mi mujer. Me quede varios minutos viendo como ese desgraciado la follaba taladrando su coño sin compasión, mentiría si dijese que no me excite, sobre todo cuando la zorra de mi mujer le paró y le miró con cara de puta viciosa.

—Por el culo cabrón decía excitada, diooos que pollón necesito sentirla en el culo.

El mierda de Jorge saco su polla del coño de mi mujer llena de babas y brillante de sus jugos, me quedé asombrado del pollón que se gastaba el hijo puta ese. Era bastante más grande que la mía y bastante gruesa. Isabel se apoyó en unas cajas y dejo su culo al descubierto, Jorge solo apartó la tirita del tanga y con una ligera presión fue enculando a mi mujer, la muy zorra aulló de placer cuando se la clavó hasta los huevos.

—Cariñoooo follameeeee, gemía Isabel, Diooos fuerte rompemeee el culoooo…asiiiiiiii…maaas.

Me fui de allí, ya había visto suficiente. Con el mismo cuidado que entre salí de esa habitación, en ese preciso momento se oyó a mi mujer gemir más alto y a Jorge con la voz ahogada diciéndola que se corría. Me reuní de nuevo con Sara que me miró con cara de circunstancias, estaba muy cabreado y muy molesto con mi mujer y de acuerdo que tanto Sara como yo no éramos unos santos, pero por lo menos habíamos mantenido las apariencias.

—Mi amor, cuando salga de aquí me voy a ir a nuestro apartamento, no quiero estar al lado de Jorge.

—Te iba a decir lo mismo, después de lo que he visto ya no quiero estar con Isabel.

Sara y yo nos integramos en una de las muchas conversaciones que había, ellos no se dieron cuenta pero les vimos salir primero a mi mujer y a los cinco minutos al marido de Sara, se juntaron los dos en la barra y pidieron algo de beber, al poco vinieron y mi mujer me comentó que quería irse a casa. Aunque había bebido algo de alcohol, creo que si me paraban no daría positivo. En mi cabeza se repetían las escenas de mi mujer follando con ese desgraciado.

—Vas muy serio, ¿Ocurre algo? Preguntó mi mujer.

—Isabel, esta noche me has avergonzado con tu manera de comportarte en la mesa con el marido de Sara.

—Vamos Pedro, solo era un tonteo sin importancia.

—¿Un tonteo? Si hasta Sara ha tenido que llamar la atención a su marido también, ha sido vergonzoso. Aparte de eso ¿También llamas tonteo el que te haya visto follar con ese desgraciado?

—¿Co…Como? Pregunto mi mujer asustada.

—Vamos Isabel, no te hagas la inocente, esta noche muchos ojos os han estado siguiendo debido al espectáculo que habéis dado. No ha sido difícil encontraros, te he visto follando con él y pidiéndole que te rompiese el culo.

Mi mujer miro hacia otro lado y escuche su llanto ella sabía tanto como yo que nuestro matrimonio había acabado, en cambio en mi cabeza solo aparecía Sara, y mi deseo de estar con ella. Cuando llegamos a casa mi mujer pensó que me quedaría con ella y hablaríamos de lo sucedido, pero yo entré en nuestra habitación y metí unas mudas y algo de ropa en una bolsa de deporte.

—Cariño, ¿Qué haces? ¿A dónde vas? Preguntó mi mujer llorando.

—Necesito pensar, no quiero estar a tu lado ahora mismo y por favor no me llames cariño, después de cómo me estas tratando y lo que he visto, ni soy tu cariño ni tu amor. La espeté con desprecio.

Isabel se fue al salón y se sentó en el sillón llorando con amargura, cuando salí por la puerta ni me despedí de ella ni ella reclamo nada más. Cuando llegué a nuestro apartamento Sara estaba esperándome, según me vio se abrazó a mí y se echó a llorar y aunque nosotros éramos tan infieles como ellos, nosotros lo habíamos visto con nuestros ojos y eso duele mucho.

El fin de semana que pasamos juntos Sara y yo nos dejó claro que queríamos estar juntos, tanto Jorge su marido como Isabel mi mujer, sobraban en nuestras vidas. Sara me aseguro que ellos dos se verían más veces incluso llegarían a mantener una relación, pero que Jorge se cansaba rápidamente de follar el mismo coño y buscaba nuevas sensaciones. A Sara y a mí no nos quedó más remedio que volver a nuestras casas y a nuestras vidas, pero ya nada era igual. Hablamos de lo que iba a ser inevitable, íbamos a divorciarnos y aunque sufría por Alba mi hija, creo que yo también tenía derecho a ser feliz y al lado de mi mujer no lo iba a conseguir

Como dije al principio dos situaciones cambiaron el rumbo de nuestra relación. La “pillada” de Jorge e Isabel fue una de esas situaciones, la segunda creo que fue más cruel aun. Sara y yo formábamos un equipo fantástico, nuestra compenetración en el trabajo y fuera de él era increíble y eso hacía que cosechásemos éxitos en nuestros proyectos. Las envidias son muy malas y los “lameculos” en una empresa muchos; alguien o algunos fueron con el cuento de que Sara y yo éramos más que jefe y subordinado y llegó a los oídos del presidente que parecía que se la tenía jurada a Sara. De la noche a la mañana me vi fuera de la oficina, de viaje todas las semanas y con Sara anclada en su despacho ahogada en papeleo. Teníamos muy poco tiempo para vernos y el poco que teníamos siempre ocurría algo para que todo fuese un aquí te pillo aquí te mato con nuestra consiguiente frustración.

Las cosas en mi casa habían cambiado a raíz de descubrir la infidelidad de mi mujer, pero desde el día de la cena no me había acercado a ella y mi trato era frio e indiferente, tenía claro que me iba a divorciar de Isabel. Todo iba a cambiar a raíz de la decisión del presidente de la compañía. El lunes cuando llegue a la oficina y casi sin apenas haberme organizado vi a Sara muy pálida y con ojeras, era temprano y todavía no había nadie, según entre en su despacho se levantó se abrazó a mí y se echó a llorar.

—Mi amor ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? ¿Qué ha ocurrido?

—Vas a tener que irte lejos esta vez, gimoteo Sara, hay una plataforma en el golfo de México con un grave problema estructural en su helipuerto.

Algo había leído sobre esa plataforma, querían llevarla a dique seco y repararla, pero debido al volumen de barriles de petróleo que sacaba al día, decidieron ir poniendo “parches” que no aguantaban nada. Sabía que irme allí significaría mucho tiempo, en esos momentos ni me imaginaba lo que iba a cambiar mi vida, pero a la larga seria determinante.

Cuando el presidente de la compañía habló conmigo, me dejó claro que mi estancia allí seria larga y me recordó que en una cláusula del contrato quedaba claro que no me opondría a viajar aunque eso conllevase temporadas largas fuera de mi casa.

—Como somos una compañía que fomenta la conciliación laboral y familiar y no queremos interferir en el entorno de su familia, hemos dispuesto todo para que usted su mujer y su hija se instalen en Veracruz en una zona residencial de lujo.

—¿Y cuanto tiempo tengo para organizarlo todo? Pregunté asustado.

—El domingo que viene por la tarde tiene usted un billete en primera clase. El martes le quiero en la plataforma evaluando los daños y esperando su informe para la reparación.

—Pero señor eso es poquísimo tiempo, me hace falta algo más para solucionar asuntos pendientes que tengo.

—Pedro, yo le digo donde y cuando el cómo lo haga es cosa suya y ahora vuelva a su puesto y empiece a organizar todo tiene menos de una semana. Dijo tajante el presidente.

Todo fue una locura, Sara estaba sumida en una depresión y mi mujer cuando se enteró de donde me enviaban y que quería que se viniesen conmigo por no separarme de mi hija, me armó una bronca increíble y se negó en redondo a que su hija y ella me siguiesen por medio mundo.

—Yo tengo aquí mi trabajo, mi vida, mis padres, mis amistades y por nada del mundo pienso cambiarlo y por ti y tu trabajo menos. Por mí como si te vas para siempre, gritaba mi mujer fuera de sí.

Eso me terminó de rematar, no es que me hiciese ilusión que mi mujer se viniese conmigo, pero Alba mi niña, la iba a echar mucho de menos, además me iba a perder su 16 cumpleaños y eso me entristeció más aún. Lo único positivo fue que esa semana Sara y yo no paramos de follar, sabiendo que estaríamos tiempo sin vernos. El domingo por la mañana quedamos en nuestro apartamento y estuvimos toda la mañana haciendo el amor, porque eso es lo que hicimos amarnos. La despedida fue muy dura y lloramos los dos, en ese momento maldecí mi trabajo y quise mandarlo todo a la mierda pero Sara más cerebral me hizo entrar en razón y me quitó esa idea de la cabeza.

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