HÉCTOR JESÚS

 

El disparate de estar enamorado

Cuando uno está enamorado, está comprobado científicamente que tu cuerpo se transforma químicamente. Comienzas a producir ciertas hormonas que tienen el mismo efecto en tu cerebro que si te fumaras un cigarro de marihuana. Cometes locuras y disparates que, al pasar del tiempo, te cuesta creer que lo hubieras hecho, o en otros casos, te costaría mucho volver a repetirlos.

Una de esas hazañas que logra el efecto “enamorado” (o embobado, o estupidizado, como quieras llamarle) es aparecerte, sin previo aviso al lugar donde tu “fiancée” trabaja. Nada extraordinario es cuando ella es dependiente de un departamento en alguna tienda o supermercado, o abogada en un bufete, chef de cocina en un restaurante o actriz de telenovela… más loco es si la dama fuera cuidadora de leones en un zoológico o médico forense en una morgue… eso puede resultar “valiente” y tal vez romántico… pero si tu chica trabaja justo con lo que más miedo le tienes, ahí la cosa es de superhéroes.

El tema es que Mili, mi rosa, es doctora en una clínica estomatológica; nada particular si no es porque a mí me da fobia el dentista. Más que el dentista me dan ganas de cargarme en los pantalones, el sólo hecho de pensar en el ruidito de la máquina que taladra las muelas, aunque ellos (los especialistas dentales) le llaman cariñosa y dulcemente “fresas”.

Allí me aparecí “por casualidad”, más que por el dolor de muelas que por verla a ella. Me llené de valor y entré con un dolor de barriga que no sé si era producto al estrés o de la pizza que me había comido. El tema es que el efecto “enamorado” hizo brotar más dopamina que la que tomó Maradona en toda su vida.

– Hola, “bello” – me dijo ella entre sorprendida y curiosa- ¿qué haces por aquí?

Su bata blanca le daba un halo angelical y su voz, su dulce y tierna voz me hizo olvidar por completo las náuseas que me provocan el olor penetrante derivado del acrílico y la clorhexidina.

– Na´, que tengo un pequeño dolorcito de muelas y como ayer me dijiste que eras estomatóloga, vine a ver si me revisabas la “caja’ediente”

– Siéntate, te reviso las muelas – dijo ella con mucha naturalidad sin notar (creo yo) mi nerviosismo que a esa hora tampoco pude descubrir si era por el hecho de estar en un salón dental o por el beso en la mejilla que me había dado.

El tiempo pasó volando… no sentí ni la fresa, ni la turbina ni los separadores que utilizó… Sólo miraba sus bellos ojos muy cerca de mi rostro. Fue la primera vez que la tuve tan cerca de mis labios y sin poder besarla. Me bastaba su mirada y la tierna calidez de su leve roce en mi cara.

Once años después:

Mi rosa: ¿Qué haces, amor?

(Viene y me abraza por el cuello y lee curiosa lo que tecleo en la computadora.)

Yo:           Escribo un libro de nuestras anécdotas

Mi rosa:   ¡Es un disparate!

Yo:           Así mismo se llamará el libro.

Mi rosa: ¡Loco! (Sonríe) ¿En qué capítulo estás?

Yo:           En el del día en que fui por primera vez a verte a la clínica, el día del dolor de muelas.

Mi rosa: (leyendo el escrito) jajajaja, amor el aparato que da “el ruido” que a ti no te gusta es la pieza de mano y también hay varios productos que dan ese “olor”. El que más me gusta es el del acrílico. Ah, lo que “abre el hueco” en la muela, se llaman fresas y que se colocan en la pieza de mano. Para las extracciones se utilizan los fórceps pero los separadores son las matrices.

Yo:           ¿El qué? ¿No se llama taladro?

Mi rosa:   jajaja No, que lo que abre el hueco en la muela son las fresas….

Yo:           ¿Y el flúor no es que le da ese olor característico a las clínicas estomatológicas?

Mi rosa: No, es el acrílico con otros productos Y es pieza de mano o turbina. El micromotor es para pulir las restauraciones

Yo:           mmm ¿y el flúor no da “olor a dentista”?

Mi rosa: Que no, te dije que es el acrílico con el que se ponen las uñas…  Ah también está el eugenol que es la esencia del clavo de olor que también produce ese tufillo característico, ya te digo que es una mezcla… pero el que más me gusta es el del acrílico.

Yo:           Muy interesante la disertación

Mi rosa:   jajaja ¿Cómo es posible que lleves once años casado con una estomatóloga y no te sepas los nombres de sus instrumentales o de las cosas de su trabajo?… ¡nuestros hijos saben más de estomatología que tú! jajajaja

Yo:           ¿No ibas a dormir?

Mi rosa:   No, voy a ver una película, te quiero.

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