FERNANDO

No sé si Sara haría el amor con su marido esa noche, casi estoy seguro que no, pero a mí me tocó cumplir como un campeón aunque no me apeteciese nada. Mis huevos estaban vacíos y mi pensamiento estaba con Sara, pero mi mujer se esmeró y muy bien de despertar mi libido, y ponerme cachondo, sabía que si no se me ocurría algo se daría cuenta de que algo me pasaba, creo que aguantaría un polvo y eso siendo optimista porque estaba agotado y entonces se me ocurrió.

—Sabes cariño, la dije meloso, no me he podido quitar de la cabeza a ti con ese dildo metiéndolo por tu coñito o por tu culo…me encantaría ver cómo te follas con él.

—¿Lo dices en serio? Preguntó mi mujer asombrada.

—Dios, si, es algo que no me he podido quitar de la cabeza.

Mi mujer puso cara de puta y levantándose saco a “Pedrito” de su escondite y se acostó en la cama con sus piernas bien abiertas.

—Cómeme mi amor mientras yo lubrico bien a mi “pequeñín”

Metí mi cara entre sus piernas y me dedique a lamer y chupar su coñito y su anito, de vez en cuando la miraba metiéndose esa monstruosidad en su boca y era increíble que le cupiese más de la mitad. Con mi boca se corrió una vez, pero lo más asombroso fue ver como ese dildo desaparecía casi completamente dentro del coño de mi mujer, su coño parecía no tener fondo, me dijo que fuese yo quien la follase con el dildo mientras ella gemía y se agitaba agarrándose sus tetas y maltratando sus pezones. estuvimos así un buen rato viendo como de su coño rezumaban babas hasta que saque el dildo y lo puse en su anito. Mi mujer tembló al saber lo que se le venía encima, pero debido a sus fluidos estaba todo más que lubricado y pasados unos minutos lo tenía completamente en su interior.

—Mi amoooor me estas matando de gusto…diooos sigueeee…no pareees. Gemía mi mujer fuera de sí.

Mi polla estaba como una barra de hierro, era un espectáculo ver esa monstruosidad alojada en el culo de mi mujer mientras ella movía sus caderas buscando más placer y entonces se me ocurrió, me encaramé y poniendo mi polla en la entrada de su coño se la metí de golpe.

—¡¡AHHHHHHHHHHH!! DIOOOOOS…SIIIIIIIIIIIIIIIIIIII. Gritó mi mujer.

Tardo segundos en alcanzar un devastador orgasmo que la dejo rota, pero yo quería correrme en su coño y aunque me costó un poco lo logré. Mi mujer encadeno orgasmos, estaba medio desmayada y su cuerpo se convulsionaba sin control, buscaba mi boca, me besaba, gemía, sus ojos se ponían en blanco mientras notaba en mi polla las contracciones de su vagina. Cuando terminé de correrme mi mujer creo que se había desmayado, me salí de su interior y me asombró ver la cantidad de semen que caía de su coñito. Saque el dildo de su culo con un sonoro “PLOP” y vi su esfínter abierto, enrojecido y muy dado de sí. Se dio la vuelta se puso en posición fetal y con un inaudible “te quiero” se quedó profundamente dormida.

A la mañana siguiente, mi mujer me despertó con muchos besos y mucho cariño, la vi ruborizada, pero en sus ojos se adivinaba que estaba encantada con lo que paso anoche.

—Ayer creo que fue unos de los días más felices, me diste todo mi amor, te amo. Dijo mi mujer.

Pego su cuerpo desnudo al mío, y mi polla no tardó en reaccionar, Isabel me miró traviesa y levantándose me agarró de la mano y nos metimos en la ducha, mi mujer sabia como ponerme a mil y mirándome golosa se puso de rodillas y me dio una primera mamada.

—Mi amor, siempre te dije que nunca dejaría que un hombre se corriese en mi boca…

Se la volvió a meter hasta la garganta y succionando la fue sacando muy lentamente sin dejar de mirarme a los ojos.

—Hoy quiero que te corras en mi boquita, quiero probarte, quiero saborear la leche de mi hombre.

A ver, era mi mujer, pero oírla hablar así de esa manera mientras literalmente su naricilla chocaba contra mi pubis, me puso más caliente que las calderas del infierno. Agarré su cabecita y empecé a follarme su boquita, oía el gorgoteo de mi polla y sus babas, la mire y vi sus ojos de placer clavados en los míos y una manita suya follandose su coño con saña. Note mi orgasmo crecer en mi interior.

—Me corro mi amor dije con la voz quebrada.

Empecé a correrme con mi polla clavada en la garganta de mi mujer mientras ella la sacaba muy lentamente. Para cuando terminé mire sus ojos risueños mientras golosa abría su boca y me enseñaba mi corrida que se tragó inmediatamente.

—Ummmm cariño, me encanta lo bien que sabes.

—Cielo ya me da miedo preguntarte, pero ¿dónde has aprendido a chuparla así?

Mi mujer se puso en pie y me besó notando mi propio sabor, la vi colorada como un tomate.

—Bueno cariño, internet da mucho juego, pero ver pelis porno de mamadas y tutoriales hacen que te des cuenta de cómo hacerlo bien para volver loco a tu hombre.

—No quiero que te lo tomes a mal, pero me encanta lo puta que te has vuelto en la cama.

—Si cariño, muy puta, pero recuérdalo, soy tu puta.

Mi mujer me besó con pasión y terminamos de ducharnos rápidamente, se nos hacía tarde. Antes de salir revisé mi móvil y tenía un wasap de un número desconocido recibido de madrugada «Estoy solita en mi cama echándote de menos. No me puedo quitar de la cabeza lo que me has hecho sentir. Estoy deseando verte mañana. Sara». Me hizo sonreír y mascullé entre dientes.

—Dentro de muy poco estoy a tu lado.

Sabia de sobra que nuestro encuentro seria en un entorno laboral y las muestras de cariño estarían descartadas, pero saber que iba a estar a su lado era ya uno de los mejores momentos del día. Cuando llegué a mi despacho veinte minutos antes Sara ya estaba trabajando rodeada de carpetas y papeles sobre su escritorio. Cuando me vio, una gran sonrisa dibujo su cara y con la mano me dijo que pasase a su despacho, cuando lo hice me invitó a sentarme en una silla frente a ella.

—Sabes que me encantaría besarte hasta que nos quedásemos sin aire ¿verdad? Dijo Sara mimosa.

—Lo se cielo y lo estoy deseando, pero también entiendo que aquí no es recomendable y debemos de ser profesionales.

—Creo que debo de decirte que soy muy cerebral, pienso mucho las cosas, confesaba Sara. Se en el lio que nos estamos metiendo y no quiero pensar en ello, solo quiero que nos vayámonos descubriendo, pero te confieso que estoy muerta de miedo.

—Pues no tengas miedo mi amor, dije con cariño, por ahora pongámonos a trabajar y ponme al día, creo que esta empresa espera mucho de nosotros.

Nos hacía falta distraernos, nuestras miradas denotaban deseo y ahora estábamos en el trabajo, Sara me dio la mitad de un montón de carpetas y me explico el procedimiento a seguir. Básicamente nuestro cometido es el que las plataformas y las refinerías estuviesen operativas al 100%. Si se registraba un fallo, ya fuese estructural o de funcionamiento y los propios empleados no eran capaces de resolverlo se mandaba un expediente a la compañía y éramos nosotros los que de inmediato teníamos que ponernos manos a la obra y solucionar el problema.

Durante el primer mes, nuestro ritmo de trabajo fue infernal, jornadas maratonianas de catorce horas en las que Sara y yo nos dimos cuenta de la conexión que había entre nosotros tanto a nivel personal como en el laboral. El antecesor de Sara se durmió en los laureles y descuidó mucho sus responsabilidades creo que debido a su jubilación, con lo que Sara se encontró con cientos de expedientes sin resolver. Sin dejar de lado nuestro trabajo a la mínima oportunidad nos demostrábamos el cariño que nos teníamos, besos furtivos y abrazos clandestinos dejando que nuestras manos recorriesen nuestros cuerpos aunque solo fuese por encima de la ropa.

Tanto trabajo volvió a repercutir en mi matrimonio con Isabel, de tener sexo a diario pasamos al sexo esporádico entre diario y los fines de semana. Aunque sin enfadarse explícitamente mi mujer me recrimino lo poco que me veía y que quizás este trabajo no fuese lo que ella quería para sí.

—Mi amor entiéndelo, me decía frustrada, quiero a mi marido con un horario normal, no comes en casa y cuando llegas tardísimo casi siempre estoy dormida y te necesito, casi no te veo.

Quien la entendía, era como el dicho “Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio, contigo porque me matas, sin ti porque me muero” aunque cuando llegó mi primera paga todos sus males se acabaron para ella, se volvió loca de alegría, en la cuenta del banco aparecía un ingreso de mi empresa de 9.200€. Cuando vi a Sara nuevamente se lo dije preocupado.

—Pedro, este mes sin movernos del despacho hemos solucionado 98 incidentes y como te dije es tu sueldo más incentivos y por cómo has trabajado por mi te daría el doble.

—Pues Sara agradezco tu confianza.

—Ya, dijo Sara bajando la mirada, ahora empiezan los expedientes con problemas más serios. Toca viajar y como consecuencia nos veremos menos. Dijo Sara con tristeza.

En ese momento el teléfono de su despacho sonó insistentemente, cuando escucho quien era me miro preocupada.

—Era nuestro querido presidente, dijo con ironía, quiere vernos en su despacho inmediatamente.

Subimos los dos a la última planta del edificio y tras decirle a su secretaria que nos encontrábamos allí nos hizo pasar al despacho de inmenso lujo del presidente de la compañía. Enseguida se levantó de su sillón y vino a darnos la mano.

—Sara, Pedro, mis dos mejores ingenieros, antes de nada quiero daros la enhorabuena a los dos por los resultados obtenidos este primer mes, dijo ese hombre con orgullo, espero que sigáis en la misma línea.

Sara y yo nos miramos entre el orgullo y el cariño que nos profesábamos. Solo con la mirada nos besamos hasta en el alma, pero la voz del presidente nos bajó de nuestra nube.

—Pero aparte de daros la enhorabuena os he llamado por que algo ocurre en la refinería del sur que está haciendo que todo vaya muy mal. Mañana viernes cogéis el avión de la compañía y os quiero allí para solucionar el problema cuanto antes, estamos perdiendo mucho dinero.

Creo que quise gritar de alegría solo con oír que me iba de viaje con Sara, aunque cuando la miré su expresión no era de alegría, no estaba tan contenta como yo. Fui algo inconsciente pero mi mente pensó en unas vacaciones con ella cuando todo iba a ser trabajo. Inmediatamente vino a mi cabeza mi mujer, estaba seguro que no le iba a gustar nada que me fuese de viaje pero lo que vino a continuación me dejo mucho más frio.

—Espero que sepas trabajar bajo presión igual de bien que en un despacho, dijo Sara de forma fría y cortante.

Su voz sonaba seca, ruda, agresiva, como si el culpable de esa avería en la refinería fuese mía. No nos dijimos nada en el trayecto desde el despacho del presidente hasta el despacho de Sara, de hecho actuaba con soberbia, como ignorándome. Cuando llegamos a su despacho se puso a recoger papeles y meterlos en carpetas sin orden alguno.

—Sara, ¿Ocurre algo que deba de saber?

—Nada, no ocurre nada. Dijo sin mirarme.

—Bien, si tú lo dices te creo. Por cierto mañana como quedamos, esto es nuevo para mí.

—Me enviará un correo el presidente con el horario, ya te lo diré.

No quise quedarme mucho más en ese despacho, di media vuelta y me metí en el mío, necesitaba ver los planos de esa refinería y saber a lo que me enfrentaba. Sara se fue a su casa al poco y ni se despidió y para que mentir, no me gustó nada su actitud. Como esperaba cuando llegué a casa y le dije a mi mujer que salía de viaje me armó una bronca monumental, no entendía como me enviaban de viaje en fin de semana y aunque le quise hacer ver que era parte de mi trabajo no lo entendió o no lo quiso entender.

—Pues cariño, dije ya molesto, lo entenderás cuando mires la cuenta del banco el mes que viene, entonces quizás si lo veas claro.

Esa noche, mi mujer se fue pronto a dormir y no me invitó a ir con ella, imagino que “Pedrito” se encargaría de darla placer. Sobre las once de la noche me llego un wasap de Sara, citándome a las ocho de la mañana en la oficina, solo le mande un “OK” y me fui a dormir. A las 7.30 estaba en la oficina, Sara todavía no había llegado me metí en mi despacho y seguí viendo los planos, ya me había hecho una idea aproximada del funcionamiento y he de reconocer que era una gran obra de ingeniería.

Cuando Sara llegó me dio unos secos buenos días y durante el trayecto hasta la refinería del sur no hablamos mucho más. Cuando llegamos cerca de las once, el encargado de la refinería y su ingeniero nos recibieron con los brazos abiertos, nuestras maletas las llevaron al hotel mientras nosotros nos quedábamos para solucionar el problema. No sé si sería la suerte del principiante o que estaba tocado por la mano del ingenio, que a las once de la noche la refinería funcionaba al 100% de su capacidad sin fallo alguno. Alguien había infectado a propósito el ordenador central con un virus que afectaba a las válvulas de seguridad. Hasta aquí nuestro trabajo había terminado, Sara me miró entre agradecida y avergonzada y llamó al presidente para darle novedades, él se encargaría de averiguar quién era el culpable.

—El presidente me ha comentado que nos quedemos aquí hasta el lunes por si falla de nuevo o sale algún otro imprevisto. Nos comunicó Sara.

El encargado de la refinería nos aconsejó que aprovechásemos el viernes noche ya que en la ciudad había mucho ambiente y nos dijo que si ocurría algo nos llamaría enseguida. Durante el trayecto hasta el hotel, Sara intentó un tímido acercamiento al que no respondí y me comporté de la misma manera fría y correcta con el que ella me había tratado a mí. Cuando llegamos cada uno se fue a su habitación, notaba una inmensa tristeza en el comportamiento de Sara pero no sería yo quien fuese detrás de ella mendigando su cariño.

Me metí en la ducha, el día había sido agotador en todos los sentidos y necesitaba relajarme, quizás bajase al bar del hotel a cenar algo y si acaso luego me iría a dar una vuelta y palpar el ambiente de la ciudad. En esos pensamientos estaba cuando llamaron tímidamente a la puerta, cuando abrí vi que era Sara, me miraba avergonzada.

—¿Pu…puedo pasar? Preguntó Sara con miedo.

—Claro, pasa. Le conteste animoso.

Mentiría si no dijese que me alegraba que Sara estuviese en mi habitación, creo que por fin me enteraría de que es lo que la había llevado a estar tan fría y distante.

—Creo que te debo una explicación por mi actitud desde ayer, me siento muy avergonzada por mi comportamiento. Empezó diciendo Sara.

—Aunque me dijiste que no te pasaba nada, tu trato hacia mi dio un giro de 180º según salimos del despacho del presidente, creo que me culpabas de todo. ¿Qué te ocurrió?

—Como te dije hacía tiempo que optaba por el puesto de ingeniero jefe de la compañía. El día que firmaste tu contrato estuve reunida con el presidente y me comunicó que el puesto era mío, aunque me dejo claro, muy claro que ese puesto desearía que lo ocupase un hombre. «Comete un solo fallo y le daré tu puesto aunque sea al guarda de seguridad. Una mujer está hecha para otros menesteres, no para ocupar puestos de responsabilidad» Eso es lo que me dijo ese hijo de puta misógino antes de darme la enhorabuena.

—Joder con el presidente, mascullé entre dientes.

—Sé que está sorprendido contigo y la idea de que tú seas ingeniero jefe ronda en su cabeza. Cuando nos comentó lo de la refinería del sur tú no te fijaste en su expresión pero yo sí, era de determinación, de ponerme a prueba sabiendo que la iba a “cagar” y estando contadas las horas de estar en mi puesto y verme degradada por incompetente. Sé que ha sido una actitud pueril, pero me dio tanta rabia que lo pague con la persona que más me importa en estos momentos, lo pagué contigo…espero que me perdones.

No sé por qué pero sabía que los tiros iban por esos derroteros, Sara vio en mí a un enemigo, a alguien que quería su puesto en vez de verme como un colaborador, a una persona que siempre estaría apoyándola. Alargue mi mano y ella la agarró, la atraje hacia mí y la abracé con fuerza, noté su llanto silencioso, pasó sus brazos por mi cuello y escondió su cabecita entre mi cuello y mi hombro.

—Mi amor, la dije con cariño, ¿hace cuánto nos conocemos? ¿Dos meses? Quizás no sea tiempo suficiente para que me conozcas bien, pero mi actitud contigo debería de darte una pista. Te recuerdo algo que me dijiste y que lo tengo presente todos los días «Vamos a trabajar en una especie de simbiosis tú y yo, no quiero ser tu jefe, quiero que seamos compañeros y que nos apuntemos tanto los éxitos como los fracasos. De eso depende que esto funcione»

Sara ya se echó a llorar sin consuelo mientras me repetía sin cesar y entre hipidos que la perdonase.

—Venga cariño tranquilízate, no tengo nada que perdonarte, pero me gustaría que me hicieses participe de tus preocupaciones y tus dudas, creo que entre dos se piensa mejor ¿No crees? Anda cielo, ve a arreglarte que te invito a cenar.

Sara me besó hasta en el alma mientras la acompañaba a su habitación para que se vistiese. La dije que la esperaba en el bar del hotel tomando algo, tenía que aprovechar para llamar a mi casa y ver cómo iban los “ánimos”. Creo que esa llamada me dejo muy mal sabor de boca, mi mujer me volvía a tratar con el mismo desprecio demostrado hacia poco más de un mes y sinceramente ya estaba harto. La única que me dio ánimos y demostró su orgullo y admiración por mí fue mi pequeña, mi niña.

Cuando Sara se reunió conmigo no pude dejar de admirar su belleza, creo que en ese momento me di cuenta de que estaba muy enamorado de esa mujer, la bese tímidamente y le pedí una copa de vino blanco, mientras decidíamos a dónde íbamos a cenar.

No tardo ni un minuto en darse cuenta de que mi estado de ánimo había cambiado debido a la conversación mantenida con mi mujer. Le conté todo de nuevo y solo me dio ánimos y mucho cariño, realmente la necesitaba a ella. Esa noche charlamos mucho de todo, de nosotros, de nuestro trabajo…de un posible futuro. Por primera vez me hablo de Jorge, su marido, un cirujano con mucho porvenir pero mujeriego y seductor según ella.

—Me enamoré  de el en la universidad, fui un poco ingenua y no hice caso a mis amigas que me decían que se tiraba a toda la que se ponía a tiro y me lo decían ellas que ya se las había follado a todas. El mismo día que me casé con él sé a ciencia cierta que se folló a una prima mía y a una amiga de su hermana que imagino conocería.

—¿Y aun así te casaste con él, sabiendo cómo era? Pregunte perplejo.

—A veces las mujeres somos tan estúpidas que creemos poder enderezar a un hombre y llevarlo por buen camino. Jorge es muy guapo y está muy bien “dotado” no quise tirar la toalla con él y me puse como meta el que me desease solo a mí y comiese de mi mano. A los cinco años de casados me di cuenta que hacia demasiadas guardias y lo que más me dolió, me dijo que no quería tener hijos. Ya no tengo ninguna meta con el de hecho ni se por qué sigo a su lado  el hospital es su harén, creo que tiene hasta lista de espera. Dijo sonriendo con amargura.

—Anda vámonos, le dije a Sara, exploremos la noche de esta ciudad y olvidémonos de nuestras parejas.

Esa noche disfrutamos mucho, la cena fue genial y luego nos fuimos a un par de sitios que nos recomendaron, en el último sitio que estuvimos bailamos y nos divertimos como dos jovenzuelos inconscientes, aunque me daba cuenta de las pasiones que levantaba Sara en mitad de la pista de baile y es que ver como se movía, con esa sensualidad que imprimía en cada movimiento y que te obligaba a mirarla no dejaba indiferente a nadie.

Cerca de las tres de la mañana, Sara y yo bailábamos muy abrazados, mis manos acariciaban su espalda y los costados de su cuerpo, y las suyas acariciaban mi nuca y mi pelo. Mi erección era ya ingobernable y oprimía el pubis de Sara que se frotaba contra mí disimuladamente.

—Voto por irnos al hotel y continuar este baile pero sin ropa. Susurró en mi oído.

Solo me limité a besarla con pasión no la dije nada ya que deseaba irme con ella y follarla hasta caer rendido. Desde el día de mi firma de contrato en el que acabamos follando en un hotel, salvo algún escarceo esporádico y muestras de cariño, todo había sido trabajo y más trabajo y necesitaba sentir su piel desnuda de nuevo y el sabor y el olor de su sexo. Cuando llegamos nos metimos directamente en su habitación, nos desnudamos mutuamente y nos devoramos a besos, Sara me agarro de la mano y nos fuimos a la ducha ya que de bailar estábamos sudorosos. Ya dentro la ducha nuestra pasión se desató, nuestras manos enjabonaban el cuerpo del otro estimulando los sentidos, mi polla estaba erguida y la miraba suplicante pidiéndola mimos, Sara la pajeo con cariño y arrodillándose me dio una de la mejores mamadas que recuerdo, estaba tan excitado que ver así a Sara hizo que no aguantase nada.

—Sara me voy a correr, dios que bien la chupas, no aguanto más…Saraaaaa.

Cerré mis ojos y empecé a correrme en la boquita de mi amada, oía su ronroneo de placer y como tragaba mi corrida que fue muy abundante. Sara no dejo de chuparme mientras amasaba con cariño mis huevos intentando sacar hasta la última gotita. Cuando abrí mis ojos, sus ojos me miraban sonrientes mientras pajeaba delicadamente mi polla. Agarre sus manos y la puse en pie,  nos besamos con pasión mientras mis manos recorrían su cuerpo, me separé ligeramente de ella y mi boca fue a buscar su pezón derecho mientras la mano izquierda atacaba su anito y la derecha chapoteaba dentro de su coño.

—¡¡AHHH!! Pedro sigueeee…no pares…jodeeeer.

Sara bajó las manos y separo sus glúteos, creo que eso fue una invitación a que indagase con mi dedo el interior de su culito y no se hizo esperar, con determinación empujé ligeramente y mi dedo desapareció en su interior.

—Ummmmm…siiiiiii…que ricoooo…sigueeeeee.

Seguí follandome su culo y su coñito con mis dedos, mientras mis labios, mi boca y mis dientes mordían, lamian y succionaban las tetas de Sara que empezaba a mover sus caderas sin control.

—Me corro Pedro…me corrooooooo…si…si…siiiiiiiiiiiiii…diooooos.

Note como su cuerpo temblaba y su anito y los músculos de su coñito atrapaban mis dedos, sentí como su corrida regaba mi mano y mi brazo, inundando la ducha de un olor a sexo penetrante y delicioso, llego a convulsionarse abrazándose a mí para no caer mientras me rogaba que parase.

—Para por dios…paraaa…me estas matando. Decía Sara con la voz quebrada por el placer.

Cuando saque mis dedos de su coñito un chorrito de flujo cayó a la ducha, no lo pude evitar y llevé mi mano a mi nariz y aspire su fuerte aroma inundando mis sentidos para seguidamente lamer mi mano y mi brazo.

—Joder Sara sabes riquísima, necesito comerte y beberte.

—Vamos a secarnos y vamos a la cama mi amor.

Cuando llegamos a la cama Sara se tumbó abriéndose bien de piernas y mostrándome ese coñito, pequeño y lampiño, agarre sus pies y fui lamiendo sus deditos piernas y muslos, mientras  ella gemía y me rogaba que la follase. Su coñito era una fuente, estaba brillante y por su rajita caía el fluido que se perdía por su culo y caía a las sabanas. Mi boca enseguida se posó en su sexo y mi lengua recorrió todos sus pliegues sacando grititos de placer de Sara.

—Asiiii mi amoooor…asiii…sigueeeeee.

Sara alcanzo otro orgasmo brutal con mi boca pegada a su coño, me volvía a repetir que parase, pero me puse encima de ella con mi polla tocando la entrada de su coño, estaba muy abierto, esperando mi ataque. Nos miramos a los ojos y con mimo pero sin detenme metí mi polla en su interior hasta que mis huevos rebotaron en su culo, mientras me abrazaba y abrazaba con sus piernas mi cintura.

—Ahhhhh…aahhh…siiiii…follameeeee…fuerte…siiiiiiii. Gemía en mi oído.

Sara se aferraba a mí intentando fundirse conmigo, bombeaba dentro de ella con fuerza, con un ritmo alto que sacaba gritos de placer de su garganta que acallaba besándola, creo que si seguíamos así nos llamarían de recepción. No tardo en alcanzar otro orgasmo y otro y otro mas, mientras su cuerpo se retorcía debajo de mí.

—Para, decía fatigada, para mi amor…ufff….déjame…déjame cambiar de postura.

Me salí de su interior y me fije en lo abierto y enrojecido que tenía su coño, dios, era preciosa en todas su facetas. Con movimientos pausados y mirándome con lujuria se puso en cuatro y hundiendo sus riñones dejó su coñito y su culo a mi disposición.

—Follame el culo mi amor, quiero sentir como me rompes.

Su voz sonaba a agotamiento, pero quería más de mí, yo todavía aguantaba y oírla hablar así era  morboso y provocativo, metí mi polla nuevamente en su coño hasta la empuñadura para embadurnarla bien de sus babitas, Sara gemía con placer y cuando la saque brillante de sus jugos, apunté a su anito y se abrió para mí como una flor. Ese no era terreno virgen y mi polla despareció en su culito hasta los huevos.

—Ahhhhh…cariñoooo…que gustooooooo.

Me quedé quieto para que su esfínter se acostumbrase a mi polla, pero Sara movía sus caderas con lujuria, provocándome a que la follase y no me hice de rogar, empecé a follar ese culo que desde el primer día que lo vi me tenía hipnotizado. Sara gemía, gritaba, hundía su cara en la almohada y se agarraba a la colcha crispando sus manos. Veía la piel de su espalda erizada y su anito estrangulando mi polla y estalló en uno de los orgasmos más violentos que he visto en una mujer.

—Me corroooooo… me corroooooo…Jodeeeeer, mas fuerte…revientameeee….siiiiiiii…

Empecé a bufar como un toro en un orgasmo imparable, notaba la corrida de Sara salpicando mis piernas y empapándome y empecé a largar trallazos de semen en el culito de esa tremenda mujer que me estaba haciendo tocar el cielo, fue un orgasmo largo que dejo a Sara rota por el placer. Saque mi polla del interior de ese culito perfecto y borbotones de leche salieron  resbalando por su coñito y cayendo en gotas sobre la cama. Sara se tumbó derrotada de cansancio y yo lo hice a su lado, me miraba con ojitos de cansada pero con mucho amor.

—Te quiero cielo. Susurro mimosa.

—Yo también te quiero mi amor. La respondí abrazándola contra mí.

Quitamos la colcha que estaba empapada de fluidos y echamos una manta fina, nos metimos entre las sabanas y Sara abrazándose a mí se quedó profundamente dormida. A mí me costó un poco pensaba en mi mujer y lo que sentía hacia ella y pensaba en Sara y en lo que me estaba dando. No sé qué hora seria, ni a qué hora me quedé dormido, pero una manita acariciaba mis huevos con mimo y agarraba mi polla dura como el acero.

—Buenos días mi amor. Me dijo Sara besándome con cariño. Me ha encantado despertarme contigo al lado y…ummmmm…tan dispuesto para mí. Decía acariciando mi polla y mis huevos.

—Esta noche me he despertado unas cuantas veces y me fascinaba ver tu carita de felicidad. Sara eres una preciosidad de mujer.

Nuestras bocas se juntaron de nuevo en un beso intenso y mi mano fue hacia su coñito que ya estaba empapado, esperando a ser penetrado por mi polla. La atraje hacia mí y ella intuyendo lo que deseaba se puso a horcajadas sobre mi acariciando mi polla con los labios de su coño y dejándome notar su humedad.

Creo que esa mañana hicimos el amor, fue tranquilo y muy tierno cuando llevábamos un rato así, Sara agarro mi polla y la apunto a su coñito, dejándose caer se metió toda mi polla hasta que su culo choco con mis huevos.

—Dios mi amor, te siento tan dentro de mí, me encanta como me llenas.

Esa mañana creo que subimos un nivel más nuestra relación, Sara llevo el ritmo en todo momento, disfrutando de mi polla y lo que le hacía sentir y haciéndome enloquecer de placer a mí. Nuestro orgasmo fue intenso y casi a la par y regué su útero con mi semen que ella acogió con un largo suspiro. Los siguientes días hasta que volvimos a Madrid todo fue sexo y más sexo con algo de trabajo, pero eso hizo que nos conociésemos más y a cada momento notaba como iba enamorándome de manera irremediable de esa mujer increíble.

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