FERNANDO

Eran cerca de las diez de la mañana y me fui a casa, no sabia muy bien lo que hacer, no me apetecía meterme entre cuatro paredes, pero tampoco tenia dinero para irme por ahí y pasar el día, solo esperaba que llegasen las doce del día siguiente para ver de nuevo a Sara, aunque debido a sus ultimas palabras no espera mucho. Cuando llegó mi mujer a medio día se sorprendió de verme allí.

―¿Qué haces aquí tan pronto? ¿Terminaste el trabajo que estabas haciendo? Preguntó mi mujer extrañada.

―Bueno he terminado una parte, dije improvisando, ahora quedan los remates, casi lo más pesado.

—Por lo menos podemos comer juntos, hacía tiempo que no lo hacíamos…y lo echaba de menos.

Notaba a mi mujer extrañamente amable, después de lo despreciable que había sido conmigo, empezaba a comportarse como antaño. Quizás pensó que estaba llevando esto demasiado lejos y su manera de comportarse no era la más adecuada, pero el mal ya estaba hecho, me sentía rechazado por ella al no tener trabajo, vaya, era una especie de castigo que no entendía y entendía mucho menos el que me hubiese echado de nuestra cama y me mandase al sofá a dormir solo por el mero hecho de no querer tener contacto físico conmigo. Esto último también me tenía intrigado, sabia las necesidades sexuales de Isabel, era una mujer muy ardiente y necesitaba sexo casi a diario y si a mí no me dejaba tocarla…¿Cómo satisfacía su sed de sexo?

Como comenté al principio, sabía que mi mujer no había sido fiel en nuestra relación aunque no podía probarlo. Estaba seguro que si indagaba un poco me encontraría con que tenía un folloamigo que vería muy a menudo y le daba lo que ella necesitaba, sabía que pretendientes no le faltaban.

Me pasé todo el día con Sara metida en mi cabeza, no la podía sacar de allí, quería intimar con ella, necesitaba sentir sus manos acariciándome, su boca besándome y su cuerpo desnudo buscando placer con el mío. No podía olvidar sus labios y su cuerpo casi fundido con el mío, una nueva erección se apoderó de mí con esos pensamientos y no lo pude evitar, me tuve que meter en el baño y pajearme en honor a esa tremenda hembra que copaba todas mis fantasías sexuales.

Estaba deseando que llegasen las doce del día siguiente, estaba excitado al saber que vería de nuevo a Sara y firmaría mi nuevo contrato de trabajo, ¿Qué esperarían de mí? ¿Cómo sería mi trabajo? Y mi relación con Sara ¿Avanzaría? Esas preguntas y algunas más copaban mi cabeza, esa tarde pasó muy lentamente para mí. Por la noche estando acostado en mi sofá preferido, oí como se abría la puerta de nuestra habitación e Isabel entraba en el baño, al poco oí sus pasos acercándose al salón donde yo dormía, sentí su presencia en la puerta y la escuche respirar.

—Pedro…¿Duermes? Susurró mi mujer.

—¿Ocurre algo? Dije preocupado.

—No mi vida.

Mi mujer vino sigilosamente hasta donde estaba, venia solo con una camiseta de tirantes y sabía que debajo iba desnuda, la claridad que entraba desde la calle así lo atestiguaba, se sentó a mi lado dejándome ver sus muslos, llenos, torneados, perfectos, casi se podía adivinar su sexo depilado solo con una tirita de pelo en monte de venus, acarició mi cara y me besó tiernamente.

—Sé que me he portado muy mal contigo, pero por favor ven a nuestra cama te necesito conmigo, necesito sentir tu calor.

Mi polla estaba ya al máximo, dura como un bate de béisbol y mi mujer lo sabía. Sus manos jugaban con los pelillos de mi pecho mientras sus dedos acariciaban mis pezones y los excitaba provocándome pequeñas descargas de placer. Posé una mano mía sobre su muslo y ella instintivamente abrió sus piernas, acercó su boca a la mía y me besó con deseo, con furia mientras mis dedos ya entraban en su encharcado coño.

—Mi amor…ufffff, como te he echado de menos, pero vámonos a nuestra habitación, necesito que me hagas el amor.

¿Hacerla el amor? Y una mierda, la iba a follar con desprecio y rabia por hacerme pasar la peor época de mi vida. Me levanté y la agarre por su perfecto culo mientras ella enroscaba sus piernas por mi cintura y se abrazaba a mi cuello besándome con lujuria, cuando llegamos a la habitación la deje en el suelo y la hice arrodillarse delante de mí, sabía lo que tenía que hacer y lo hizo sin rechistar, me bajo el bóxer y mis veinte centímetros salieron buscando su boca, ella me miro golosa y empezó a chupármela como antaño.

—No cariño, o me la chupas bien o te follo la boca…elige.

Mi mujer me miro confundida pero empezó a chupármela como nunca me la había chupado ella, síntoma de que había practicado con otras pollas, en alguna de las ocasiones la punta de su naricilla casi tocaba mi pubis y eso me llevaba a la gloria.

—Ufff…para, para que va a hacer que me corra, le dije excitado.

—¿Te gusta cómo te la chupo? Pregunto mi mujer orgullosa.

—Diooooos si, has mejorado desde la última vez. Dije con sorna.

Mi mujer me miró confundida, no sabía si cabrearse o sentirse alagada, no la dejé reaccionar mucho más, la levanté y la quité la camiseta dejándola desnuda, la tumbé en la cama y ella abrió sus piernas ofreciéndome su coño, hundí mi cara entre sus muslos y me comí ese manjar que tanto tiempo me había negado. La dejé al borde del orgasmo y con prisas busqué un preservativo.

—No cariño, dijo mi mujer muy excitada, a pelo, ahora tomo la píldora.

No me quise parar a preguntar, pero mi “amada” mujercita de nunca quiso tomar la píldora ni ningún anticonceptivo, decía que se negaba a meterse química en el cuerpo para follar, seguro que su amante se lo habría impuesto y ella habría aceptado sin rechistar. Puse mi polla en la entrada de su coño y empuje hasta que mis huevos rebotaron en su culo, entro sin dificultad y hasta el final y aquí es donde ya constate que mi mujer follaba con otro y que además la tenía bien grandecita. Conocía el coño de mi mujer y siempre había sido estrechita y por supuesto nunca podía llegar al final de la penetración, le dolía. Ahora mi polla casi bailaba dentro de ella de lo abierta que estaba y mis huevos jugaban al frontón en su culo.

—Así cariño mío, asiiiiii…dame fuerte que me estas matando…follaaaameee.

Mi libido despareció y me costó horrores mantener mi erección, estaba furioso , frustrado y engañado, la zorra de mi mujer desde luego no había perdido el tiempo, mientras yo me ahogaba en mi propia desesperación por no encontrar trabajo, ella me echaba de nuestra cama al estar más que bien follada. A medida que mi libido iba menguando mi cabreo y desprecio hacia ella subía exponencialmente, empecé a follarla con mucha rabia buscando hacerla daño, pero los efectos en ella fueron lo contrario que buscaba, aullaba de placer y me pedía más.

—Vamoooos cabrooon follaaaameee, rómpeme con tu rabo, así joder…fuerteeee…mas, no dejes de hacerlo…no pareees, maaas….maaaas.

Me repugnaba su cara de placer y como se abrazaba a mí, me asqueaba su sudor y empezaba a sentirme incomodo en esa postura, una idea se cruzó por mi cabeza, esa postura que ella encontraba tan humillante para las mujeres y que a mí me fascinaba, a lo perrito. Me salí de ella y con brusquedad la di la vuelta y ella supo enseguida lo que yo quería, se arrodillo y me dejo expuestos su culo y su coño, su sexo babeaba de excitación y mi polla estaba literalmente bañada en un pringue blancuzco que nunca había visto. Me fije mejor en ella y vi su coño goteando ese jugo, creo que mis instintos más primarios actuaron como afrodisiaco y recuperaron la erección que iba perdiendo, enfile mi polla hacia ese coñito babeante y de una estocada se la metí hasta que mi pelvis chocó con sus preciosas nalgas. Oí a mi mujer gemir herida de placer mientras su cuerpo empezaba a temblar.

—Me corrro mi amor…me corrooooooo…no pares, no pares….¡¡AHHHHHHH!!

Mi mujer arqueó su espalda y levantó su cabeza gimiendo por no gritar para no despertar a nuestra hija, ella espatarrada y cuando baje mi vista vi algo que me dejo helado, su ano, estaba dado de sí, enrojecido, palpitaba al son de su orgasmo, se abría y se cerraba como la boca de un pez, ¿Necesitaba más pistas? Encima a su puto amante le había dado lo que a mí me había negado siempre, ese culito que me volvía loco. Mi vista se nubló de rabia, quería hacerle daño, mucho daño, el mismo que sentía yo en esos momentos, no sé si esa noche terminaría en comisaria o divorciado, pero saqué mi polla de ese coño dado de sí y puse la punta en el anito de mi mujer. No la pedí permiso, ni fui con cuidado, un golpe de caderas y más de la mitad de mi rabo estaba metido en su culo, mi mujer me miró con cara de puta, mientras sus ojos se ponían en blanco.

—¡¡Hijo de puta que doloooor!! Pero no pares maricón, follame el culo vamoooos, es lo que deseabas hace muchos años, rómpelooo.

Empecé a follarme ese culo divino con furia, la cabeza de mi mujer golpeaba rítmicamente el cabecero de la cama, mientras mi verga era devorada por ese culo, note su mano acariciándose y de vez en cuando acariciando mis huevos, note que su espalda se erizaba y chilló, su esfínter estrangulaba mi polla en un orgasmo que la dejo rota, pero yo no me corría, estaba muy cabreado y mi mujer empezaba a estar agotada.

—Mi vida me tienes rota de placer, necesito que te corras, quiero sentir tu leche llenándome.

Cerré mis ojos y visualicé a Sara, sus besos, sus tetas pegadas a mi pecho…su abrazo cálido y note como mi orgasmo crecía, creí por un momento que el culo que me follaba era el de ella, y explote en los intestinos de mi mujer con violencia, mis caderas dieron dos golpes más y hundí hasta la empuñadura mis veinte centímetros y note otro orgasmo más de ella. Mentiría si dijese que no disfruté, lo hice, pero pensando en otra mujer.

Nos costó recuperarnos, estábamos empapados en sudor, en otras circunstancias habría dicho que había sido un polvo de antología, pero estaba muy dolido y no pensaba con claridad. Me levante y me fui a la ducha, dejando a Isabel en la cama. Cuando estaba enjabonándome entro ella en la ducha y quitándome la esponja se dedicó a lavarme, pero mi reacción fue otra.

—¡¡NO ME TOQUES ZORRA!! Casi grité.

Mi mujer lejos de enfadarse, me miro con cariño y sin hacerme caso siguió enjabonándome.

—Sabía que tu reacción seria esta, de hecho si no lo hubieses hecho creo que ahora estaría muy enfadada porque me habrías demostrado que yo no te importaba nada.

Volvió a mirarme a los ojos. Mientras yo estaba que me subía por las paredes ella estaba desesperantemente tranquila.

—Todo tiene un por qué y si me dejas explicártelo creo que lo entenderás, ¿me dejas hacerlo?

Seguía callado mientras la miraba furibundo, aunque me empezaba a picar la curiosidad.

—Sé que ahora mismo piensas que tengo un amante que me ha dejado el coño y el culo abiertos como una boca de metro. Que ha sido a él a quien le he dado lo que te he negado tanto tiempo. Incluso seguro que has pensado que por el tomo anticonceptivos sabiendo tú lo que me negué siempre a hacerlo. En tu cabeza ahora mismo no cabe otra explicación que esa, pero estas viendo fantasmas donde no los hay te lo aseguro.

—Pues explícamelo, porque te aseguro que estoy a punto de mandarlo todo a la mierda.

—Tú quizás no te diste cuenta, pero al perder tu trabajo todo influyó para que nuestra vida se viese afectada en todos los aspectos incluido en el sexual. De acuerdo que siempre he puesto muchos inconvenientes a ciertas prácticas sexuales, pero entre lo sosa que era y tú que con tu preocupación no me atendías me sentí rechazada y me cabree mucho contigo…Lo siento mi amor.

Mi mujer utilizaba un tono de voz seductor, hablaba de una manera que casi hipnotizaba y pasaba la esponja con suavidad por mi piel, se arrodilló delante de mí y echando gel en su mano agarró mi polla y empezó a lavarla con mimo.

—Fui una egoísta, solo pensé en mí y en mi bienestar, te culpaba de todo y empecé a odiarte, necesitaba a un hombre a mi lado sin darme cuenta del tremendo esfuerzo que estabas haciendo por mí, por nosotras.

Aquí la voz de mi mujer se quebró, agachó su mirada mientras acariciaba con esmero y mimo mi polla y mis huevos. Ya para entonces tenía una erección de caballo y si mi mujer seguía así me correría sin poder evitarlo.

—Estuve a punto de cometer una locura. Un día antes de salir del trabajo un compañero que sé que está loco por mí, me invitó a tomar algo al salir. Me dije ¿Por qué no? Estaba cachonda y necesitaba follar, tenía claro que según saliésemos tomaríamos algo, pero sería puro trámite para lo que vendría después.

La hice levantarse, empezaba a encontrarme incómodo y creo que lo que iba a escuchar no me iba a gustar.

—No sigas Isabel, creo que no quiero oírlo.

—No seas bobin mi amor, déjame seguir. Anda enjabóname tú a mí, pero quiero sentir tus manos, sin esponja.

Estaba muy excitado nuevamente, esa no era mi Isabel, me la habían cambiado, era seductora, excitante, apasionada, mimosa. Mis manos empezaron a recorrer sus hombros brazos, pecho, tripita…vi sus ojitos cerrados y su mueca de placer, la di la vuelta y apoyé su espalda en mi pecho, mis manos se fueron directamente a sus perfectas tetas y las amasaron con gula excitando sus pezones, la respiración de mi mujer se hizo más gutural y profunda.

—Estaba decidida, tomando algo en una cafetería iba desglosando en mi cabeza todo lo que iba a ocurrir, salir de ese bar, ir a un hotel y follar como descosidos pero en mi conciencia apareciste tú y aunque intente apartarte de mi pensamiento cada vez se hacía más grande tu imagen y lo vivido contigo. No pude seguir, me deshice del pobre chaval que pensó que esa tarde triunfaría conmigo, ande sin rumbo fijo hasta que en una calle pase por delante de un sex shop, un impulso me empujo a entrar…y conocí a Pedrito.

Mientras una mano mía amasaba y castigaba sus tetas y sus pezones, la otra ya chapoteaba en el coñito de mi mujer, que con sus piernas abiertas y su culo frotándose contra mi polla buscaba otro orgasmo. Volví a darla la vuelta y la besé con pasión mientras levantaba su pierna izquierda y pasaba mi brazo por su corva para sujetarla, mi polla, buscó su coño y entro suave y hasta el final, agarre su culo y la apreté contra mí para hacer más profunda la penetración.

—Mi amoooor…gimió mi mujer, te amoooo, te noto muy adentro…follamee.

Creo que nunca he follado con mi mujer de esa manera, ella abrazada a mi con fuerza, entregándome todo su ser y yo entrando y saliendo de ella en un baile perfecto de caderas. Estuvimos poco rato, los dos estábamos muy excitados, mi mujer empezó a besarme de forma pasional mientras gemía dentro de mi boca y note como su orgasmo explotaba en su interior, eso me llevo a mi a alcanzar mi orgasmo y llenar de leche su coñito.

—Dios cariño, decía mi mujer fatigada, hacia años que no follabamos así.

—¿Pedrito? Dije intrigado. ¿Quién demonios es Pedrito?

—Jajajajaja, rompió a reír mi mujer, Pedrito cariño mío, mi amante, el que me ha dejado bien abierta para ti.

Mi mujer me beso de nuevo, mientras sacaba mi polla de su interior y mi corrida caía por sus muslos. La visión era de todo punto excitante y morbosa, Isabel me miro con cara de putón mientras cogía la alcachofa de la ducha y me miró traviesa.

—¿Me quieres lavar tu mi amor?

Quien iba a rechazar semejante invitación, me recree con su coñito y sus gemidos de placer. De mi cabreo y mi rabia poco quedaba, estaba flotando con mi mujer, no conocía esa faceta suya de viciosilla sin limites que me encantaba, era un sueño.

—Anda mi amor vamos a secarnos y vámonos a la cama que parecemos garbanzos, estamos arrugaditos.

Cuando llegamos a la habitación, mi mujer abrió un cajón de la cómoda y rebuscó. Cuando lo encontró vino hacia mi con una sonrisa misteriosa y escondiendo algo tras su espalda.

—Mi amor, te presento a Pedrito.

De detrás de su espalda apareció un dildo negro de grandes dimensiones, joder, era monstruoso, mediría en torno a los 25cm. grueso como una lata de refresco, adornado con dos impresionantes huevos y una ventosa de gran tamaño al final.

—¡¡JODER!! Exclamé. No me digas que te has metido todo eso en el coño.

—En el coño no me ha entrado del todo, pero falta muy poco, mi culo se lo ha tragado enterito y mi boca sigue en proceso de aprendizaje, tengo que aprender a relajar los músculos de mi garganta y controlar la arcada.

En ese momento entendí todo y me sentí la peor persona del mundo por haber pensado en otra mujer mientras mi mujer me ofrecía lo mejor de ella.

—¿Por que me echaste de nuestra cama?

—Ah…ese día, dijo seria, Ese día fue el que por poco cometo la locura de follar con otro tío y el día que compré a Pedrito. Según llegué a casa me acosté en nuestra cama y con esto, dijo blandiendo el dildo, me corrí cuatro veces. Cuando me pediste “guerra” aparte de estar agotada, estaba avergonzada de mi misma y te hice pensar que tú eras el culpable de todo. Por eso te eche de mi lado y de nuestra cama.

La miré serio, era una jodida manipuladora, de acuerdo que desde que me despidieron no había estado muy fino, pero ella me podía haber ayudado, vapuleo mi autoestima y estuve a punto de mandarla a la mierda y si no lo hice antes fue por nuestra hija.

—Perdón mi amor por favor perdóname, he sido egoísta, inconsciente y casi lo hecho todo a perder por mi actitud, pero te quiero, eres el hombre de mi vida y esta noche estando sola en nuestra cama he querido terminar con mi estupidez, aunque sabía que te ibas a mosquear un montón, antes había estado con Pedrito, por eso tenía el culo y el coño dado de sí.

La abracé contra mí y la llené de besos, después de la mala temporada que habíamos pasado, un nuevo horizonte se abría ante nosotros, nos metimos en la cama y nos abrazamos hasta casi fundirnos en uno con el otro mientras nos besamos con cariño, mi mujer se quedó dormida casi al instante ronroneando al estar a gusto y relajada y yo no tarde mucho en seguirla.

Esa mañana al despertarnos fue inevitable el volvernos a excitar, nuestros cuerpos desnudos eran receptores de sensaciones y la calidez y suavidad de la piel de mi mujer me tenían con la libido al máximo.

—Buenos días mi amor, dijo mi mujer besándome con cariño.

—Buenos días mi vida, ¿Qué tal has dormido?

—Ummmm…de maravilla, ayer me dejaste bien relajada y contenta por haber hablado contigo y aclararlo todo.

—Veras, dije algo serio, eso es algo que quería comentarte, esta semana en la que casi no me has visto, no ha sido por un trabajo de rehabilitación de un edificio ni revisando instalaciones eléctricas.

—¿Q…Que? ¿Co..Cómo? Farfullo mi mujer.

—Antes de que te enfades, quiero decirte algo que seguro te va a encantar, toda la semana pasada estuve haciendo pruebas para entrar a trabajar en una compañía petrolífera muy conocida…hoy a las doce firmo el contrato de trabajo.

La cara de mi mujer cambió, abrió mucho los ojos y se lanzó a besarme, literalmente me comió a besos, se puso encima de mí y fue inevitable que mi polla se irguiese desafiante. Antes de desayunar mi mujercita ya iba llena de leche y con una cara de felicidad que no pasó desapercibida para nuestra hija.

—Buenos días parejita, me encanta veros así.

Alba nos besó a los dos con cara de complicidad, creo que ayer por la noche se oyó más de la cuenta, pero es que hubo momentos en los que mi mujer no se cortó gritando y su habitación está cerca de la nuestra.

Veinte minutos antes de la hora, entraba en el edificio de la compañía que a partir de ahora iba a ser mi lugar de trabajo. Mi primera sorpresa, fue que al entrar me encontrase a Sara esperándome con una gran sonrisa en su cara, estaba preciosa un traje de chaqueta con una falda ajustada por encima de sus rodillas y unos zapatos de tacón le hacían una figura envidiable. Después de lo ayer no sabía muy bien cómo comportarme con ella, así que opte por ser correcto en mi trato, cercano, pero correcto. Vino a mi encuentro su cara irradiaba alegría y felicidad, como esperaba tendió su mano que yo amablemente agarré con delicadeza mientras inclinaba mi cabeza  besaba su dorso. Cuando mire nuevamente a sus ojos noté lo que le había gustado ese gesto.

—Buenos días Sara ¿Qué tal estas?

—Hola Pedro, estoy feliz, muy feliz, delante de ti tienes a la nueva ingeniero jefe de esta empresa. ¡¡¡POR FIN!!!

—Pues permíteme que te de la enhorabuena por tu ascenso, estoy seguro de que te lo mereces.

—Quizás no opines lo mismo dentro de unas semanas, vas a ser mi mano derecha y soy muy exigente en el trabajo.

—Me encantará trabajar contigo, sabes que me gustan los retos.

No pude dejar de observar su cara de satisfacción y sus ojos de alegría contenida, me regaló una preciosa sonrisa y agarrándose a mí brazo me llevó con ella.

—Ven, acompáñame que te enseño todo esto, dijo dulcemente.

Sara me llevó por todas las plantas del edificio y me fue presentando a todas las personas responsables de los departamentos. Besos en algunos casos, apretones de manos en otras, el caso es que fue mucha gente la que me presentaron. Por ultimo subimos a la planta donde iba a trabajar, Sara me enseñó mi despacho y algo que me llamó la atención en la puerta aparecía mi nombre y debajo de él “INGENIERO DE ESTRUCTURAS”, miré a la puerta de al lado y vi el nombre de Sara y debajo “INGENIERO JEFE”. Ufff, íbamos a trabajar separados solo por un cristal, iba a ser complicado no mirarla y admirar su belleza todos los días y cada vez que me fijaba en ella se me parecía más a la actriz Mila Kunis.

—Bueno, cuéntame ¿Qué te parece todo esto?

—Pues me parece un buen lugar para trabajar y creo que con excelentes compañeros.

—Bueno Pedro, como en todos los sitios hay compañeros y “compañeros” ya los iras conociendo y te darás cuenta de que pie cojean, pero en general hay muy buena gente y buen ambiente de trabajo.

Sara se quedó callada mirando al suelo, me miró a mí nuevamente y me lo preguntó:

—Pedro no te lo he preguntado y estoy casi segura que no habrá problemas entre nosotros, pero…¿Hay algún inconveniente en que una mujer este por encima de ti?

—En absoluto Sara, eres tan capaz y competente como cualquier hombre. Creo que a la hora de estudiar ingeniería no había exámenes para chicos y otros para chicas.

—No te aseguro que no, rió Sara mientras agarraba mi mano y entrelazaba sus dedos con los míos.

Ese gesto me puso los pelos de punta y aceleró mi corazón. Apreté su mano y ella hacia lo mismo mientras me miraba con deseo.

—Es tarde, vamos a comer y a firmar tu contrato, mientras te explico lo que la empresa espera de ti.

Cuando entramos al restaurante, el metre nos acompañó a un reservado y en la mesa ya había aperitivos para ir picando y una neverita con cervezas y refrescos.

—Pedro, discúlpame necesito ir al baño.

Aproveche para llamar a mi mujer y que no me esperase a comer, en otras circunstancias habría pasado de ella, pero después de lo de anoche y lo de esta mañana merecía saber de mí. Hice bien en llamarla, estaba preocupada, pero le dije que tenía una comida de trabajo para ponerme al día y saber cómo funcionaba la empresa.

—No sé a qué hora terminaré, pero si veo que voy a llegar tarde te llamo de nuevo.

—Suerte mi amor. Te quiero. Se despidió mi mujer.

En esos momentos entro Sara al reservado y se sentó junto a mí. Me pidió que le sirviese una copa de vino blanco mientras ella sacaba una carpeta y muchos papeles. Antes de firmar nada, Sara me puso al corriente del trabajo que iba a realizar. Iba a ser el responsable de plataformas y su mantenimiento ya fuese en tierra o en el mar, me explicó que las pruebas a las que nos sometieron eran para saber si nos defendíamos en el mar en condiciones poco favorables, y si sometidos a presión podríamos responder ante imprevistos.

—Quiero que entiendas algo muy importante dijo Sara muy seria, vas a tener a mucha gente bajo tu mando, cumpliendo lo que les mandes hacer, pero no olvides que vas a estar en un entorno hostil y muy peligroso rodeado de materiales inflamables, tienes que extremar las precauciones.

—Bueno Sara por si te sirve de algo ya me he estado informando sobre protocolos de trabajo en refinerías de petróleo y plataformas de extracción, creo saber a lo que me enfrento.

Sara me miro con una gran sonrisa mientras me miraba con admiración.

—Eso es lo que me gusta de ti, siempre vas un paso por delante, no esperas a que se te diga nada, iniciativa, eso lo valoro mucho.

Durante la comida, me siguió explicando todo lo referente a la empresa y cómo funcionaba, nada que no conociese ya de mi anterior empresa, por encima de mi estaba Sara y el presidente de la compañía y nadie salvo ella y el presidente me podrían dar órdenes.

—Debes de saber que vamos a trabajar en una especie de simbiosis tú y yo, no quiero ser tu jefe, quiero que seamos compañeros y que nos apuntemos tanto los éxitos como los fracasos. De eso depende que esto funcione.

Me dejo muy claro lo que se esperaba de mí y lo segura que estaba que no la iba a defraudar, empezaba a conocerme y según ella cada vez le gustaba más.

—Se supone que tu contrato lo deberías de firmar ante el nuevo director de RRHH. Pero ya que yo te he descubierto, quiero ser yo quien te lleve de la mano y me han dado este pequeño capricho.

—Pues Sara, quien mejor que tú, que fuiste la primera persona que vi y me dio esta oportunidad.

—Bien Pedro, ahora algo que debes de saber. Me dijiste que no tendrías problemas en viajar y en estar temporadas más o menos largas fuera de tu casa. ¿Cierto?

Bueno, en aquella primera entrevista tenía la seguridad que yo a mi mujer no le importaba nada y por supuesto no tenía problemas, pero después de lo de anoche y su manera de entregarse a mí, tenía mis dudas. Pero habiendo llegado hasta aquí, ¿Iba a renunciar a todo por un polvo de antología? No, por supuesto que no.

—Cierto Sara, no tendría problemas.

—Bien, porque tenemos plataformas por todo el mundo, incluidas las de alta mar que son unas cuantas, ya las iras conociendo. Y bueno queda el tema de remuneraciones. Tu sueldo va a ser de 8.000€ netos al mes repartidos en catorce pagas, más incentivos y más dietas. Pasado un año tendrás derecho a comprar stock options de la compañía y te aseguro que con esto vas a ganar mucho, muchísimo dinero. Aparte y pensando en tu familia tienes un seguro de vida que en caso de fallecimiento en plataforma de tierra recibirá 10.000.000€ y si es en alta mar sube a 15.000.000€. ¿Te parecen bien las condiciones? Me preguntó Sara con una gran sonrisa.

—Me parecen excepcionales Sara, creo que es increíble.

—Bien Pedro, pues si haces el favor firma aquí, aquí y aquí.

El contrato ya llevaba la firma del presidente y el de Sara, solo faltaba el mío y lo estampe con gusto, aunque con algo de miedo al no saber lo que me esperaba, algo lógico por otra parte cuando se entra a trabajar en una empresa que no conoces.

Cuando firmé todo lo que Sara me puso delante, se levantó con una gran sonrisa y dirigiéndose a la nevera sacó una botella de cava cogió dos copas, descorcho la botella con habilidad y escancio el dorado líquido en las dos copas ofreciéndome una.

—Brindo por ti, dijo Sara, por tu incorporación a la compañía y por qué tu gestión esté llena de éxitos.

Sara me miraba de una manera que me embaucaba con esos ojos enormes que me tenían embrujado, dejó su copa en la mesa y cogió la mía dejándola al lado de la suya, me miró con deseo y abrazándose a mi cuello me besó con gula, en un beso largo cargado de lujuria mientras nuestras lenguas se enroscaban y jugaban entrando y saliendo de nuestras bocas. Mis brazos la aferraban contra mi cuerpo, notaba su pubis frotándose contra mí lascivamente, su pecho clavado en el mío, su boca devorándome…mis manos bajaron hacia su culo y abarcaron esos dos globos de carne amasándolos con excitación mientras Sara gemía en mi boca.

—Sé que esto no está bien, decía excitada, que no debería de ocurrir pero no puedo dejar de pensar en ti, en lo de ayer y en lo que sentí cuando entraste en mi despacho. Mi cuerpo y mi mente reaccionan al verte como un imán, quiero que me abraces, que me beses…que me poseas.

Volvió a besarme con pasión mientras nuestras manos no se estaban quietas, mi erección era ya más que evidente y muy difícil de ocultar, mis manos intentaban levantar su falda, pero dado lo estrecha que era, la labor resultaba complicada. Una de las manos de Sara, acarició mi polla por encima del pantalón y gimió de placer en mi boca al notar su dureza.

—Vámonos de aquí, esto es demasiado arriesgado y aquí me conocen. Me susurró Sara en mi oído.

Recogimos todo rápidamente y salimos del reservado, Sara se dirigió al metre y le dijo algo, el solo asintió con la cabeza y con una leve reverencia se despidió de ella. Cuando salimos a la calle sus andares eran muy rápidos y resueltos, casi me costaba seguirla, pero era una locura ver como movía su culo, estaba convencida de hacer lo que estaba pensando.

Al poco estábamos en su coche, por una autopista saliendo a las afueras de Madrid, conducía con rapidez y de vez en cuando, me miraba asustada y agarraba mi mano con fuerza.

—¿Dónde vamos Sara?

—A un hotel, quiero estar a solas contigo, dijo Sara con miedo a mi reacción.

Por toda respuesta me llevé su mano a mis labios y la bese con dulzura. Temblaba como una hoja, pero ese gesto me lo agradeció con una sonrisa y entrelazo sus dedos con los míos. A los pocos minutos entrabamos en una conocida cadena hotelera en las afueras de Madrid que se dedicaba a este tipo de encuentros.

—Ni tu ni yo podemos utilizar nuestras tarjetas de crédito, dijo Sara, seria incomodo que tu mujer o mi marido nos preguntasen por un cargo de un hotel en Madrid. Tengo Visa de empresa déjame pagar a mí ya me las arreglaré para que esto no aparezca.

No discutí con ella porque llevaba razón. Al poco la puerta de la habitación se cerraba detrás de nosotros y se desataba la locura, nos enganchamos como “yonkis” ávidos de sexo y con síndrome de abstinencia. Nuestras bocas se devoraban, nuestras manos no se estaban quietas y nos sobraba la ropa. Sara fue la primera en empezar a desvestirse, su chaqueta, su blusa…su sujetador blanco de encaje. Tenía un pecho perfecto, dos tetas generosas en tamaño y con un pezón pequeño y rosadito que coronaba una areola de la misma proporción y color.

Estaba tan embobado admirando su pecho que Sara ya me había quitado mi camisa y desabrochado mis pantalones con habilidad.

—¿Te gustan mi amor? Gimió Sara excitada.

—Son…son preciosas Sara, dije embobado.

Con una sensualidad increíble, Sara desabrocho su falda y la dejo caer dejándome ver lo que escondía debajo, medias, ligueros y un tanga mínimo que se quitó enseguida dejándome ver su sexo totalmente rasurado, esa mujer era un sueño hecho realidad. La mire enfebrecido, y abrazándome a ella la agarre violentamente de su culo y ella enrosco sus piernas a mi cintura, la golpee contra la pared mientras nos comíamos la boca como desesperados, notaba la humedad del coño de Sara y su respiración muy acelerada.

—Follame Pedro…follamee…follameeeeeeeeee, gritó Sara fuera de sí.

Como pude baje mi única prenda en ese momento y mi polla salto desquiciada buscando el coño de esa mujer, no le fue difícil encontrarlo y con un brusco movimiento de caderas la empalé con mi verga que no encontró casi resistencia.

—¡¡¡POR DIOS SIIIIIIIIIIII!!! Maaaaaas…joder…joder…joder…diooos que polloooon. Berreó Sara.

Las palabras sobraban, locura era la palabra que más se acercaba a ese acto, estábamos desatados, enloquecidos, drogados de sexo, mis caderas empujaban violentamente mi polla en el interior de Sara que acusaba mis golpes con gemidos sonoros y golpes en la pared que sonaban como un bombo…BUM…BUM…BUM…BUM.

—Me corrooooooo, gritó Sara.

Me besó con pasión, noté sus convulsiones y el temblor de su cuerpo, mi polla estaba prácticamente atrapada en su interior, dura como el acero, era tal la fuerza que hacía con sus espasmos sobre mi polla que no me dejaba moverme.

—Mi amor, me matas, que ricoooo, quiero mi premio, quiero que te corras, lléname mi amor…lléname.

Cuando noté que los músculos de su vagina se relajaban empecé a bombear de nuevo con calma, cuando sentí que Sara estaba esperando más de mí, la violencia de mis acometidas volvieron a arrancar alaridos de placer de la garganta de mi amante.

—Fuerte mi vida…más fuerteeee…rompemeee.

Sara se había corrido una vez y me había regado literalmente, mis piernas estaban empapadas y el olor a sexo envolvía esa habitación. Era un olor que acentuaba los sentidos y notar ese cuerpo cálido, entregado y respondiendo a todos los estímulos aceleró mi orgasmo ya imparable. Intente aguantar, sabía que Sara estaba otra vez a las puertas de otro gran orgasmo, su cuerpo estaba prácticamente fundido con el mío, los dos abrazados con fuerza en un acto tan íntimo que me ponía los pelos de punta, mi orgasmo no lo podía retrasar más y se lo hice saber, esperaba que me dijese que me saliera y que me corriese en su boca o en sus tetas o que regase su cara, pero me equivoqué.

—Sara me corro, no aguanto más, Saraaaaa…diooooos.

—Siiiii mi amor…siiiiiii…jodeeeer…llenameeee ¡¡AHHHHHH!!

Exploté en su interior y litros de semen inundaron su útero. Volví a notar como los músculos de su vagina se aferraban a mi polla para no dejarla escapar víctima de su propio orgasmo. Bufamos, gemimos nos comimos mutuamente y volví a notar esa humedad de la corrida de Sara y creo que de la mía al desbordarse su coñito. Cuando nos tranquilizamos noté que mis brazos estaban al límite de su resistencia, me temblaban y notaba calambres en los bíceps, dejé a Sara en el suelo, mientras nos seguíamos besando con pasión y recuperábamos nuestras respiraciones.

—Ha sido increíble.

Dijo Sara apoyando su frente en mi barbilla, cuando se normalizaron nuestras respiraciones, Sara se quitó el liguero las medias y los zapatos, me desnudó del todo a mí también y dándome la mano nos fuimos a la ducha. Estábamos callados, pero con la mirada nos decíamos todo, ella me enjabonó a mí con mimo, y yo hice lo propio con ella. Pude admirar su cuerpo y recrearme en él, era simplemente perfecta y ocurrió lo inevitable, tanto roce, tanto amasar sus tetas o su culo o acariciar su coñito con el pretexto de lavarlo bien, hicieron que mi polla estuviese otra vez pétrea y poniéndose firmes ante tanta belleza.

—Ummmm cariño, ¿ya estas así otra vez? Dijo Sara con mimo.

—No lo puedo evitar, es lo que me provocas. Eres una preciosidad.

—Gracias cielo. Anda vamos a secarnos y vamos a la cama.

Algo que me llamó mucho la atención es lo mimosa que era Sara, no sé si era por la novedad o es que realmente su forma de comportarse íntimamente era esa, pero chocaba frontalmente con su gesto duro y recio en el trabajo. Esa forma de ser me admiraba, por como dominaba sus emociones en cada momento. Esa tarde dio para poco más, nos dio tiempo para chupar, lamer y conocer nuestros sexos y echar un último polvo de despedida que nos dejó con ganas de más. Cuando nos vestimos para irnos no pude dejar de admirar la feminidad de Sara al ponerse las medias el liguero y su ropa interior, cuando salimos de esa habitación parecía como si nada hubiese pasado, nos montamos en el coche y Sara condujo hasta la oficina donde yo tenía mi coche aparcado. Cuando nos despedimos Sara buscó un lugar apartado en el parking para lanzarse a mi cuello y besarme con pasión.

—Pedro me ha encantado el día de hoy. Solo quiero que me digas si te arrepientes de algo y si deseabas que esto ocurriese.

—Sara te aseguro que no me arrepiento de nada y casi desde el día que te conocí deseaba tenerte entre mis brazos.

—Eres un cielo, ahora debo de subir a borrar nuestra pequeña “travesura” mañana a las nueve te espero en mi despacho para empezar a trabajar, tenemos mucho que hacer.

Nos despedimos con un último beso y la vi desaparecer en el ascensor. Cuando llegue a mi casa, mi mujer llego corriendo a mí y se abrazó con fuerza llenándome de besos. Me sentí como un canalla, pero inmediatamente a mi mente volvieron los meses de soledad y de desprecio por parte de mi mujer y eso de alguna manera me hizo sentir mejor. Cuando le expliqué las condiciones económicas de mi nuevo puesto se volvió loca de alegría y casi me viola delante de nuestra hija, aunque ya no le hizo tanta gracia el saber que tendría que viajar mucho debido a mi trabajo.

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