ESTEFF

-“¡Hiérguete! No vuelvas a cerrar los ojos, nunca vuelvas a anticiparte a nada con los brazos ante tu cara, a poner las manos sobre tu cabeza, a bajar los hombros. Eso está terminantemente prohibido.
Aunque se te insulte o se te lapide, mantente firme y recto. Camina erguido aunque te sepas envuelto en llamas, no desmenuces tu jodido embalaje: eso es lo más provechoso que tienes y tendrás nunca. Aunque te estés muriendo por dentro jamás dejes que nadie note tu dolor, y sigue caminando erguido. No dejes que nadie se inmiscuya en tu interior, amigos o enemigos. De ahora en adelante tu más fiel compañera se llama hipocresía, y junto a ella harás maravillas. Créeme: maravillas.
Porque una vez llegan a tus flaquezas ya es tarde. Ya dejas de ser libre, y no eres el dueño de ti mismo. En ese momento saben donde está la diana, donde provocar más dolor. Las palabras hieren más que el peor de los golpes. Las palabras te pueden dejar paralizado, pueden traicionarte o dejar entrever antiguos secretos de antiguas traiciones. Confiar es algo terriblemente erróneo, te convierte en títere, pueden utilizarte y dejarte hecho un guiñapo. En este mundo nadie viene a ti con buenas intenciones. Nadie en absoluto. Y entonces, explícame: ¿cómo puedes curarte las heridas si ni siquiera se puede ver dónde están y qué alcance tienen? ¿Acaso puedes llegar al alma o a los
recuerdos para curarlos? Eso es tu deber y tu mejor baza contra el enemigo, pero tienes que proteger la tuya. Es un cuerpo a cuerpo eterno.
Por eso, lo más inteligente que podemos hacer es darles de comer la piel de fuera, que esa siempre se puede mudar. Mira mi cuerpo, observa mi cara: esto cicatriza. ¿Ves?, esto es una simple grieta.
Pero lo de dentro no. Cuando resquebrajas lo de dentro ya no lo puedes volver a compactar, no existe pegamento para ello, te quedas al descubierto esperando que te claven la última lanza o te lancen al precipicio. Hay veces que te llegan a escarbar tan bien que eres tú el que se lanza por decisión propia.
Tú y yo formamos parte del mismo teatro, aquí sólo vale fingir. A la que te des la vuelta te tiran a los leones, y a mí contigo. Así que mucho cuidado con lo que enseñas y no controlas, Alain, mucho cuidado. Aunque se te trate como a la peor de las escorias y escuches un abanico de insultos a tus espaldas, o vuelen tiros sobre tu cabeza y los cuchillos rozen tu nuca, que jamás te traicione una mirada de soslayo, ni una expresión. Eres una puta roca, y todos los baldes de agua que te echen sólo pueden rebotar y encharcar tu escudo. Y tu único escudo es tu piel. Lo de fuera. Tu físico. Ahí
es la única manera en la que te podrás apuntar un tanto.
La puta esencia, lo que verdaderamente somos y nos hace libres, amos de nosotros mismos; eso es lo más frágil y a la vez lo más compacto, lo más de verdad, lo único que tenemos verdaderamente sagrado como para ir corrompiendo y aireando por ahí, vendiéndolo a cualquier postor de poca monta. La puta esencia, cuando la rompes ya no la puedes volver a pegar, la has perdido parasiempre. Mi esencia es sagrada; no me la toques. Y los cojones, tampoco.”

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