FERNANDO

La crisis que ha azotado a España ha sido devastadora, devastadora en muchos aspectos y no ha respetado a nada ni a nadie. Reputados profesionales se vieron en la calle sin saber muy bien como había pasado con ERE’s (Expediente de Regulación de Empleo) traídos por los pelos, o despidos quirúrgicos con sus correspondientes finiquitos millonarios. El caso es que yo a mis 45 años y siendo un ingeniero industrial muy bueno y muy reconocido en mi empresa, de la noche a la mañana me encontré en la calle sin trabajo y sin futuro. En España, sin trabajo y con 45 años y esta crisis en el empleo tan catastrófica estabas condenado al más absoluto ostracismo, eras como un apestado, todo el mundo sabía que eras un buen profesional pero al que nadie quería ofrecerle trabajo por esa edad tan incomoda que tenías.

Me pateé todo Madrid y provincias limítrofes para ver si encontraba algo de lo mío incluso algo que no fuese mi profesión, como he dicho era ingeniero industrial y me había especializado en fabricación y montaje de estructuras metálicas, aunque debido a mi curiosidad podía tocar sin problema otras áreas. Ya desesperado incluso me ofrecí como reponedor en grandes superficies, lo único que deseaba era trabajar y ganar algo de dinero, pero todo fue infructuoso, mi edad o mi curriculum era algo insalvable ya fuese por estar excesivamente preparado o por ser demasiado mayor para el puesto. De acuerdo que tenía el dinero del paro y el del finiquito de la que fue mi empresa que era un buen pellizco, pero el dinero es finito y las facturas seguían viniendo mes a mes y aunque nos ajustamos en cinturón en casa el dinero se iba gastando, salía más dinero del que entraba.

Mi familia la componíamos Isabel mi esposa de 36 años, una mujer preciosa con unas curvas rotundas que hacían girar la cabeza a todos los hombres por la calle. Es muy provocadora y le gustaba sentirse deseada y aunque no lo puedo asegurar, se que no siempre ha sido fiel en nuestra relación…perooo, ojos que no ven… Mi hija Alba de quince años es mi punto débil, como le digo es la versión 2.0 de su madre, pequeñita, muy cariñosa y con unos ojos azules inmensos, profundos que hace que mirarla y charlar con ella sea la mejor parte del día. Su cuerpo ya empieza a mostrar las curvas increíbles que tiene su madre y aunque es muy joven sabe lo que despierta en los hombres. Y bueno, a mi ya casi me conocéis, mi nombre es Pedro tengo 45 años muy bien llevados y dentro de lo que cabe me conservo bastante bien. Soy alto, de complexión atlética y en mi cabeza ya tengo algunas canas. Según mi mujer soy del montón, pero para mi hija soy el hombre mas guapo sobre la faz de la tierra y para algunas amigas mías soy un madurito muy deseable con el que no les importaría pasar un rato muy agradable.

Aunque a Isabel nunca la vi como mi pareja, un fallo de los muchos que existen hizo que se quedase embarazada de nuestra hija Alba a los 21 años. Nunca dude de ella y así se lo hice creer, pero tenia muy claro que según naciese me haría una prueba de paternidad y si salía negativa y yo no era el padre, la mandaría a la mierda, no pensaba cargar con algo que yo no había hecho. A los dos años de haber nacido nuestra niña, Isabel y yo nos casábamos teniendo la seguridad al 100% de que Alba era mi hija y lejos de pensar que ese matrimonio seria un fracaso, Isabel se erigió como una esposa celosa de su familia cuidándonos con mimo y mucho cariño. Mi mujer terminó su carrera de biología y encontró puesto casi de inmediato de profesora en una universidad privada con un buen sueldo, que unido al mío como ingeniero hacia que viviésemos de lujo. Buena casa, buenos coches, muchos viajes asombrosos con nuestra niña y una vida increíble a su lado aunque con un sexo muy tradicional pero muy frecuente que nos dejaba satisfechos a los dos.

Fueron buenos años, muy buenos años, que de repente se acabaron con mi despido fulminante, pasamos del:

―Tranquilo mi vida, veras como dentro de nada encuentras algo, yo te apoyo y estoy a tu lado.

Al seco y despreciable:

―Eres un puto inútil, año y medio ¿Y no has encontrado nada? Tu lo que no quieres es trabajar. Espabílate por que yo no puedo con todo…¿Te ha quedado claro?

Mi matrimonio empezó a caer en picado y aunque mi hija me apoyaba en todo, según me veía entrar en casa con cara de derrotado venía a mí y me abrazaba dándome cariño, no así su madre que me miraba con desprecio. El día en el que todo explotó y se fue a la mierda fue en algo relacionado con hacer el amor a la que creía era mi mujer y me respetaba. Nos acostamos por la noche y llevaba ya muchos meses obsesionado con el trabajo. No me había dado cuenta pero mi cuerpo me reclamaba sexo desenfrenado, necesitaba relajar tensiones y quien mejor que mi mujer para ayudarme…craso erro el mío, cuando mi mano acarició desde su rodilla hasta su desnuda cadera, un manotazo me hizo saber que nada de eso ocurriría.

―¿Qué cojones haces Pedro? Me espetó mi mujer incomoda.

―Joder Isabel, creo que es obvio, me gustaría hacer el amor contigo, hace meses que ni nos damos un beso.

―Mira Pedro, hace meses que no puedo dormir bien debido a la situación que has creado. He estado echando cuentas y nos hacen falta 2.500€ todos los meses aparte de lo que yo gano para que todo vuelva a ser como antes y hasta que no sea así olvídate de tocarme un pelo.

Mi familia lo era todo para mí y haría lo que fuese para que no le faltase de nada, pero mi mujer, la persona que creía que me amaba me estaba demostrando su desprecio hacia mí y hacia la situación que estaba viviendo. Se que fui borde pero estaba muy cabreado en ese momento con ella y no me callé, la contesté:

―¡¡Vaya!! Exclamé, 2.500€ por follar con mi mujer, creo que antes pediría los servicios de una profesional, seguro que me haría sentir mas querido y me haría ver las estrellas.

Mi mujer sacó lo peor que había en ella y nos echamos en cara muchos trapos sucios acumulados durante años. Esa noche fue la primera de muchas noches que me tocó dormir en el sofá, mi mujer no me quería a su lado.

El tiempo pasaba inexorablemente y cada vez veía mas cerca el que mi prestación por desempleo se terminase y con ello los pocos ingresos que tenía, ni las pequeñas chapuzillas que me salían eran suficientes para cubrir los gastos y mi desesperación y la falta de apoyo por parte de mi mujer estaban haciendo mella en mi orgullo y mi autoestima, me sentía como una mierda de persona. Como siempre digo “Dios aprieta pero no ahoga…aunque deja unas buenas marcas de sufrimiento”. Una tarde tomando un café con un compañero de mi antiguo trabajo me dejó ver una posible solución.

―A ver Pedro, me comentó este amigo, ha llegado a mi correo y no sé muy bien cómo, una oferta de trabajo de una compañía petrolera que se que busca gente competente, si quieres te doy su correo electrónico y te pones en contacto con ellos a ver que te cuentan.

Eso hice y a los pocos días estaba entrando en un gran edificio en la zona financiera de Madrid y sentándome en un despacho frente a una hermosa mujer con cara de pocos amigos, mientras leía mi CV y me miraba escaneándome.

―Bien Sr.Valdés, reconozco que su curriculum es impresionante y no pretendo engañarle pero se ajusta al perfil de persona que andamos buscando, comentó esta mujer. Por poner algún pero, es el hecho de que usted este casado y tenga una hija adolescente, necesitamos una persona que pueda viajar y si acaso pasar temporadas algo largas en el extranjero.

―Créame que eso no seria un obstáculo, no tendría problema.

¿Desaparecer de mi casa? Si casi era un extraño viviendo allí, mi mujer no me dirigía la palabra y la única que se desvivía por mi era mi hija, la pobre intentaba hacer que me sintiese bien, pero a quien necesitaba era a mi mujer, no a mi pobre niña.

―Está bien Sr.Valdés, nos pondremos en contacto con usted.

Esa despedida fue como decirme que no me querían en su empresa, salí derrotado de esas oficinas mientras veía a mucha gente sentada en sus puestos de trabajo y los envidie, por su juventud y por tener un trabajo. Me equivoqué, a los quince días me llamaban por teléfono y me citaban al día siguiente en una dirección.

―Le sugerimos que venga de sport o con chándal con calzado cómodo y deportivo y como ropa interior utilice un bañador tipo slip no bermudas o similar.

Me quedé intrigado, aunque enseguida me fui a buscar mi bañador tipo slip que hacia años no me ponía. Me lo probé y vi que todavía me quedaba bien, marcaba el buen paquete que tenia y que por eso dejé de utilizar, mi mujer se ponía mala de celos cuando íbamos a la playa o la piscina y las mujeres se relamían mirando mis partes pudientes. Al día siguiente llegué a la hora indicada y a la dirección que me habían dado, era una especie de polideportivo y me quedé muy extrañado, en la puerta de entrada habría como unas 60 personas de las cuales solo 20 íbamos con chándal el resto iba de traje. Unos a otros nos mirábamos extrañados hasta que un hombre de unos 30 años engominado, bronceado de rayos UVA y con pinta de pijo insufrible habló:

―¿Cómo se os ocurre venir vestidos así a una entrevista de trabajo? Comentó el pijo.

―Bueno, dije yo, es lo que me sugirió la persona que me llamó.

―Ya, y tú vas y te crees todo lo que te cuentan, pues mas vale que os vayáis por donde habéis venido, dijo el pijales muy crecido, la habéis cagado.

En esos momentos se abrieron las puertas del polideportivo y ese pijo de mierda paso a mi lado golpeándome con su cuerpo para apartarme.

―Quítate de en medio coño.

Dijo mirándome con desprecio mientras se ponía de los primeros para entrar y se ajustaba el nudo de la corbata. Nos pasaron a una especie de recinto cerrado con un altillo y un atril con un micrófono, inmediatamente la mujer que me había entrevistado la primera vez subió y nos miró a todos, esa mujer lucia impresionante con sus mallas de gimnasia, su camiseta de tirantes y sus zapatillas Nike. Tenía un cuerpo espectacular y una cara preciosa su pelo en una cola de caballo colgaba hasta media espalda pero ese gesto de genio parecía perpetuo.

—Buenos días señores. Antes de continuar, todos los convocados que vengan de traje se pueden ir a su casa agradeciéndoles de antemano su presencia.

—¿Y quién cojones eres tú para decidir quién se queda y quien se va? Gritó el pijo enfadado.

—Se les sugirió que viniesen en chándal y con calzado deportivo, los trajes sobran, primer punto, es muy importante escuchar las sugerencias de la compañía y para usted, dijo dirigiéndose al pijo, soy la directora de recursos humanos, soy la que decide quién se queda y quien se va y usted con su actitud se marcha.

El pijo pasó de nuevo por mi lado con la cara desencajada y no pude evitar susurrar «bye, bye» ni me miró, pero me quedé muy a gusto.

—Bien señores, para los que se quedan, este día va a ser para hacernos una idea de su estado físico y su salud. Esto será una nueva selección de aspirantes al puesto de trabajo, así que empecemos, tenemos mucho que hacer.

Esa mujer me buscó con la mirada y cuando nuestros ojos se encontraron sonrió y en sus labios pude leer un «¡HOLA!» Fue un día muy duro, aunque estaba mayor, sí que me mantenía en forma, pero las pruebas fueron duras y de las 22 personas que empezamos solo acabamos 12. Todos nos preguntábamos el porqué de estas pruebas para un puesto de trabajo. Al día siguiente nos citaron más pronto en un aeródromo particular. Nos montaron en un avión y nos llevaron a algún lugar  de las Baleares. Más pruebas en alta mar con lanchas neumáticas y  motos de agua, esa parte fue muy divertida, esa y el ver a esa mujer de ensueño enfundada en un traje de baño de lo más seductor, casi mostrando sus atributos. Todos terminamos más o menos bien salvo dos compañeros que no pararon de vomitar y fueron eliminados. Aunque todos nos preguntábamos a qué demonios estaba jugando esa empresa con nosotros pronto se aclararía todo. En el cuarto día de pruebas, Sara, que así se llamaba la directora de recursos humanos vino a sentarse conmigo mientras me relajaba en un banco a la sombra de unos árboles solo quedábamos cuatro personas de todas las que empezamos.

—Hola Pedro, ¿Puedo sentarme contigo?

Me asombró que se acordase de mi nombre pero no quise darle mayor importancia.

—Claro Sara, como no, puede sentarse será un placer.

—Por dios Pedro, tutéame, creo que no soy tan mayor.

—Ni mucho menos Sara, eres muy joven, pero es el respeto, eso nunca hay que perderlo.

—Te entiendo, me dijo Sara sonriendo. Te quiero comentar algo, para la prueba de mañana solo van a quedar dos personas y una de ellas eres tú. He apostado por ti desde el principio y me ha tocado discutir con mis superiores, pero veo que no me he equivocado, me sorprendiste gratamente desde que te vi entrar a mi despacho.

—Vaya, muchas gracias por tu confianza, solo espero no defraudarte, y por cierto ¿En qué consiste la prueba de mañana?

—Sé que no me vas a defraudar y la prueba de mañana, si lo que has contado en tu curriculum es cierto, te aseguro que será un juego para ti.

Cuando termino el día y como había dicho Sara solo quedamos dos personas, un chaval de 27 años con la carrera de ingeniería recién acabada y yo. Nos citaron a las ocho de la mañana en una nueva dirección y me fui a casa muy contento por el comentario de Sara. Cuando entre en casa hasta mi mujer que prácticamente no me hablaba y casi ni me miraba se dio cuenta de mi buen humor.

—Muy contento estas tú últimamente… ¿Escondes algo? Me comento con cara de vinagre.

—Nada que deba de preocuparte, gracias por tu interés. Dije con ironía.

—Por cierto, ¿a donde vas todos los días desde hace una semana? Te levantas temprano y vuelves a casa tarde y eso me mosquea, ni siquiera vienes a comer. Dijo mi mujer enfadada.

—Isabel no hay quien te entienda, si estoy en casa te enfadas por que no hago nada y el trabajo no viene solo. Y si no estoy te mosqueas por que no sabes dónde ando, como si eso te importase últimamente.

—Mira Pedro, nos guste o no, seguimos casados por ahora y aunque no lo parezca si me preocupa donde andas y que es lo que haces.

—Pues intentando ganar algo de dinero, estoy en la rehabilitación de un edificio y tengo que supervisar la instalación eléctrica de todo el edificio y firmar los boletines para industria.

La mentí, pero ¿Para qué contarle la verdad? La cena fue tan anodina como de costumbre, salvo por la conversación de mi hija Alba contándonos su día en clase. Luego cada uno se fue a su cama y yo a mi querido sofá.

Al día siguiente estaba en la dirección que me habían dado media hora antes, era un polígono industrial lleno de naves vacías, un lugar muy solitario, pero Sara estaba allí con diez hombres preparando imagino lo que iba a ser la prueba. Según me vio llegar se dirigió a mí con una gran sonrisa en su cara, hoy venia vestida con unos pantalones vaqueros ajustadísimos y una camisa blanca entallada dejando entrever un canalillo seductor y un sujetador de encaje blanco, unos zapatos de tacón realzaban su figura y le hacían un culito espectacular que para mí no había pasado desapercibido desde el principio.

—Buenos días Pedro ¿Preparado para la prueba de hoy? Dijo Sara acariciándome el brazo.

—Por supuesto que sí, estoy deseando ver lo que nos has preparado. Dije con ánimo.

Estuvimos charlando de todo un poco, realmente Sara me gustaba mucho como mujer y como profesional. Tenía 35 años y estaba casada hace cinco años con el que fue su novio en la universidad, me preguntó por mi matrimonio y le conté la verdad, no quise mentir en nada. Sara se impacientaba, ya eran más de las ocho y mi rival en esta prueba todavía no había aparecido.

—Como a las 08.30 no haya aparecido, te quedas tú con el puesto, dijo Sara algo enfadada. Si hay algo que no soporto es la falta de puntualidad.

A mí me dio un vuelco el corazón y desee que no apareciese, pero faltando cinco minutos llegó en su coche a toda velocidad pidiendo perdón por la espera, aun así Sara le echo una bronca de campeonato, mal empezaba el día para ese pobre chaval.

—Hoy es la última prueba y la que decide quién es el más apto para lo que la empresa necesita, dijo Sara muy seria, se os va a asignar a una cuadrilla perfectamente cualificada para el trabajo a realizar y aquí tenéis los planos de lo que deseamos que construyáis.

En ese momento uno de los hombres que estaba con Sara nos dio una carpeta a cada uno de los aspirantes al puesto, cuando abrí la carpeta y vi lo que había que fabricar casi grito de alegría, una estructura metálica, si el otro chaval era tan bueno como yo en esto tendría problemas, pero nadie era tan perfeccionista en este tipo de construcciones, sabía de antemano que lo tenía ganado.

—Como ven, es una construcción de una plataforma alzada a un metro sobre el suelo, nosotros hemos hecho un boceto pero serán ustedes los que decidan como ha de hacerse y optimizar su uso ya que debe de aguantar cuatro toneladas de peso. Sentenció Sara. Tienen 24 horas para hacerlo, sin interrupción, de aquí nos marchamos hasta que esté construida. Manos a la obra señores.

Nos metieron a cada uno en una nave equipada con todo lo necesario para ese tipo de construcción, había de todo, eso era casi un sueño. Junte a mis cuatro operarios y me interesé en que estaban especializados, todos sabían hacer lo que necesitaba. Mire los planos pero esa construcción según estaba diseñada aguantaría a duras penas tres toneladas, hice mi propio plano y mis cálculos y decidí en vez de utilizar acero utilizar aluminio, más ligero y más dúctil, pero bien utilizado resistente como el mejor acero.

Sara y los otros dos señores pasaban de vez en cuando a ver cómo iba todo, la primera vez se extrañó muchísimo de que utilizase aluminio y me lo dijo.

—Pedro, recuerda que tiene que soportar cuatro toneladas y estas utilizando aluminio. Dijo Sara preocupada.

—Tranquila Sara, cuando esté terminada aguantara el triple de peso.

No pude evitar ver su cara de satisfacción cuando le di la respuesta y el movimiento de ese culito al irse hacia la salida, mi polla dio señales de vida después de muchos meses de inactividad. Antes de salir se dio la vuelta y me pilló mirándola con cara de salido, solo me sonrió coqueta y movió más descaradamente sus caderas.

—Jefe, ya hemos terminado las soldaduras que nos ha dicho que hagamos… ¿Continuamos?

Revisé las soldaduras realizadas, soldar en aluminio no era sencillo, pero la persona que había elegido lo hacía cien veces mejor que yo, eran perfectas. Cerca de la una de la mañana mi plataforma estaba terminada, revisada y anclada al suelo con pernos de 12 mm. Miré con un nivel que estuviese perfectamente paralela al suelo, todo estaba correcto, todo bien soldado y esperando a ser probada.

—Jefe, por si le sirve de algo, llevo muchos años construyendo estructuras metálicas, pero nunca una como esta y con esta técnica, esta aguanta lo que le echen.

—Muchas gracias, creo que hemos hecho un gran trabajo, todos nosotros dije mirándolos a todos, hemos sido un gran equipo, muchas gracias de verdad.

Les aplaudí porque se lo merecían, eran unos profesionales como la copa de un pino, y ellos empezaron a aplaudirme a mí. Eso hizo que Sara entrase a la nave intrigada por la algarabía.

—Bueno, bueno, ¿Qué pasa aquí? Dijo curiosa mientras miraba fascinada la estructura construida.

—Ya está terminada Sara, lista para probar.

—¿Pues a que esperamos?, dijo resuelta sacando su móvil y grabando todo

Uno de los operarios se puso a los mandos de una grúa puente y deposito un bloque de cemento de cuatro toneladas sobre mi plataforma. Ni se inmutó del peso soportado, Sara se quedó a la expectativa y volvió a mirar desde todos los ángulos la plataforma.

—Daba la impresión de ser una estructura más débil, si no lo veo no lo creo.

Hice una seña a la persona que manejaba la grúa, elevo otro bloque de cemento y lo deposito con cuidado junto al otro, Sara no dejaba de mirar desde una distancia prudencial como ese soporte aguantaba el doble de peso. Otra seña más y el operario puso otro bloque y con un asentimiento por mi parte puso un cuarto bloque. Aquí sí que mi estructura acusó el peso, eran 16 toneladas y empezó a crujir, pero aguantaba sin problema.

—Joder Pedro, es fantástica, tiene un aguante extraordinario. Exclamó Sara emocionada. Muy bien chicos, vosotros os podéis ir a casa, mañana tomaros el día libre, os lo habéis ganado, dijo a la cuadrilla.

Cuando los operarios desaparecieron por la puerta, Sara me miró orgullosa mientras se agarraba de mi brazo y me dejaba sentir una teta suya.

—No debería de decírtelo, pero ya casi es oficial, el puesto va a ser tuyo, el otro aspirante está teniendo serios problemas con todo, todavía ni ha elevado la plataforma y no sabe manejar a sus operarios. Llevo todo el día viéndole y ya me tiene aburrida.

Salté de la alegría que me dio, no pude reprimir mi entusiasmo y agarrando la cara de Sara la besé de lo emocionado que estaba. Fue un beso de milisegundos pero enseguida me di cuenta de mi error y me separé de ella con cara de asustado mientras Sara sonreía ruborizada.

—Por Dios Sara, perdóname no quise hacerlo, pero es que…es que…joder no me lo puedo creer,  dije a punto de echarme a llorar.

—Confié en ti desde el principio Pedro, sabía que no me fallarías y estaba segura que era a ti quien buscábamos.

Esta vez sí que se me escapo una lágrima, mis penas se habían acabado y la tortura psicológica sufrida por no tener trabajo y la presión a la que me vi sometido por mi mujer iba a desaparecer.

—¿Y ahora que va a pasar? Pregunté.

—Bueno, tú de momento te puedes ir a descansar a tu casa, mañana estate aquí a las ocho de la mañana que será cuando termine esta última prueba. Luego se hará oficial, que tú eres la persona que se queda con el puesto y dentro de unos días firmaras tu contrato. A grandes rasgos es lo que va a ocurrir.

—Y tu Sara, ¿No te marchas a casa?

—No puedo Pedro, no hasta que el otro aspirante termine o den las ocho de mañana.

Sara me acompañó hasta la salida, apagó las luces de la nave y la cerró con llave.

—Mira, ¿ves esa furgoneta? Esa es mi habitación esta noche, echaré alguna cabezada y si ocurre algo, algún operario de la cuadrilla me avisaría.

Aunque me hubiese apetecido quedarme con ella irme a cenar o tomar algo, era muy tarde y no podía pasar la noche fuera de casa. Sara se despidió de mí con un abrazo y un tierno beso en la mejilla dándome la enhorabuena por anticipado, me citó a las ocho de la mañana y con esto terminó mi día. Esa noche me costó mucho conciliar el sueño. Por una parte estaba la noticia de mi puesto de trabajo ¡¡Por fin!! Y en la otra estaba Sara, no me la podía sacar de la cabeza, recordaba las pruebas de natación o en alta mar, su cuerpo perfecto enfundado en un sugestivo bañador, sus pantalones ajustados o sus camisetas que dejaban adivinar un pecho generoso. No sé si debido a la excitación del momento, estando en el sofá empecé a acariciarme y me hice una soberana paja en honor a la que iba a ser mi jefa de recursos humanos.

A las 06.30 mi despertador sonó impaciente y me fui directo a la ducha, cuando terminé pasé con cuidado a la habitación donde dormía mi mujer para coger ropa y muda limpia, pero me sorprendió ver que ya se había levantado. Cuando entre en la cocina la encontré preparándome el desayuno.

—Buenos días, saludó mi mujer con una sonrisa.

—Hola, respondí perplejo.

—Creo que no he sido justa contigo, te estas esforzando mucho y trabajando mas de la cuenta…¿Es por nosotras verdad?

—Sabes lo que pienso, quiero que a mi familia no le falte de nada.

—Lo se cariño, lo sé.

¿”Cariño”? a estas alturas y con el despreció que había mostrado me llamaba “cariño” haciéndome dormir en el sofá…¡¡VETE A LA MIERDA!!…pensé. Esbocé una sonrisa de compromiso, desayuné a toda prisa y con un «Gracias» casi por obligación me fui, lejos de alegrarme su gesto casi me cabreó mucho por lo falsa e hipócrita que podía ser.

A las siete y media pasadas estaba en el mismo lugar de ayer, no se veía movimiento y me quedé en el coche, a los pocos minutos Sara salió de la furgoneta para mi más atractiva que el día de ayer. Llevaba la misma ropa, pero parecía que acababan de plancharla, no sé si sería porque esa mujer me gustaba a rabiar pero para mí estaba perfecta, según me vio me saludo con la mano y yo me bajé del coche.

—Buenos días Sara, ¿Descansaste bien?

—Buenos días Pedro, descansé todo lo bien que se puede descansar en este trasto, me dijo con una gran sonrisa, pero mira me has alegrado la mañana por lo menos no desayunaré sola.

Sara me invito a pasar a la parte trasera de la furgoneta, dentro había lo necesario, un camastro en un lado y al otro una pequeña cocina con un microondas y una pequeña neverita. Sara me indico que me sentará en el camastro mientras ella preparaba los cafés, su culo, su perfecto culo, quedaba a la altura de mis ojos y era como un imán y debido a la estrechez mi cara quedaba a escasos centímetros de esa obra de arte y mi polla animada por la visión tubo una erección casi instantánea.

—¿Cómo te gusta el café Pedro?…¿Pedro…..? Reclamo mi atención Sara.

—Ehhh…¡¡solo!!…solo con una cucharada de azúcar, gracias.

De nuevo me había pillado absorto en su culo, pero es que era una maravilla imposible dejar de mirar y yo llevaba mucho tiempo en dique seco. Esa preciosidad de mujer se sentó a mi lado, muy junto a mí, su pierna y su cadera en contacto con la mía notando su calor, olía su delicado perfume y mis deseos de follarla aumentaban a cada momento, su cara, sus ojos, sus labios, su pelo y ese canalillo seductor que me mostraba me tenían al borde de la locura. Hablamos de todo un poco hasta que faltando un minuto para las ocho aparecieron los dos señores que ayer acompañaban a Sara. Uno era el presidente de la compañía y el otro el ingeniero jefe, los dos me saludaron educadamente y disculpándose fueron a ver al otro aspirante. A la media hora salieron con cara seria charlando entre ellos con Sara aclarándoles varios puntos.

—Acompáñanos Pedro, me indico Sara.

Me puse a su lado y ella me lo susurró:

—Ha sido un desastre, creo que es lo más chapucero que he visto en mi vida, pero era un recomendado del ingeniero jefe, si, ese que justo llevamos detrás, pero te aseguro que se van a quedar alucinados con tu estructura.

Temía que mi estructura con el peso extra no hubiese resistido y todos los bloques de cemento se encontrasen en el suelo, pero cuando entramos y se encendieron las luces, todo seguía igual que cuando lo dejamos. Los dos hombres se miraron y admiraron mi estructura, Sara no podía evitar una preciosa cara de satisfacción personal por haber confiado en mí, sacó su teléfono móvil y les puso la grabación  de la noche anterior cuando la grúa cargó los bloques.

—¡¡Impresionante!! Exclamo el presidente, creo que por fin hemos encontrado a la persona idónea para el puesto que necesitamos cubrir. ¿No lo crees tú también? Pregunto al ingeniero jefe.

—Aunque me cueste reconocerlo, desde luego es muy bueno, extraordinario más bien, aunque para lo que me queda de estar al frente no voy a poder verlo. Dijo este último.

—Cierto, cierto, dijo el presidente. Eso me recuerda… Sara mañana antes de que Pedro firme su contrato con nosotros, te quiero ver en mi despacho para tratar de tu nuevo destino dentro de la compañía.

Mire a Sara y su cara de felicidad ya no daba para más, incluso creí ver alguna lagrima en sus ojos.

—Mañana a las diez te veo en mi despacho Sara, enhorabuena a los dos, habéis hecho un gran trabajo, dijo el presidente despidiéndose.

Cuando les vimos desaparecer con el coche, Sara me miro radiante y se abrazó a mí con fuerza mientras yo la abrazaba por la cintura y la levantaba en vilo.

—Gracias, gracias, gracias…

Repetía Sara mientras cubría de besos mi cara y mis labios, me miró algo seria pero fue acercando su boca a la mía y nos fundimos en un beso pasional mientras nuestras lenguas se exploraban entre ellas. Fue un beso muy largo y ya con Sara apoyada en el suelo sé que tuvo que notar la tremenda erección que tenía, sentir ese cuerpo pegado a mí y sus tetas clavadas en mi pecho revolucionaron mi libido. Sara se separó ligeramente y me miro con cariño mientras acariciaba mi cara, besé su mano y ella apoyó la cabeza en mi pecho.

—Años estancada en ese puesto que odiaba, soy ingeniera como tú, pero creo que por mi condición de mujer me encasillaron en administración y me hicieron directora de RRHH. Sabía que el ingeniero jefe se jubilaba, siempre opté a ese puesto y el cabrón del presidente me lo dijo «Encuéntrame a alguien competente y que cubra mis expectativas y el puesto es tuyo».

Sara golpeo su cabeza contra mi pecho levemente varias veces, creo que estaba llorando. Yo acariciaba su espalda y su cabeza e intentaba tranquilizarla, pero la notaba temblar.

—Cabrón machista. La oí murmurar.

Volvió a mirarme, estaba preciosa, sus ojos enrojecidos y muy brillantes, buscó mi boca nuevamente y me volvió a besar con pasión, mientras una mano suya agarraba mi nuca y hacia más profundo ese beso, terminó y me miró con admiración.

—Y entonces, casi habiendo perdido la esperanza, apareces tú y leo tu CV, me dio un vuelco el corazón según te vi entrar a mi despacho y un sexto sentido me dijo que tú y yo haríamos grandes cosas y no me he equivocado, confié en ti y no me has defraudado, nos hemos ayudado mutuamente

Volvió a abrazarse a mi y de nuevo volvió a darme las gracias estaba muy excitado al tener ese cuerpo pegado al mío y a esa mujer abrazada a mi como si fuese el último hombre de la tierra, creo que fue algo menos de un minuto, pero a mí me pareció un segundo, mi polla presionaba sobre el pubis de esa mujer intentando penetrarla con ropa y todo Sara deshizo el abrazo y me miro sonriente con su cara colorada como un tomate.

—Creo que debo de disculparme contigo, me he dejado llevar por la emoción. Dijo Sara con vergüenza. Casi es mejor que me vaya, tengo muchas cosas que hacer y mañana nos espera un gran día a ambos.

—Pasemos el día juntos Sara. Dije sin pensar.

Se acercó a mí y acaricio de nuevo mi cara, beso mi mejilla con cariño.

—Pedro ambos estamos casados…es mejor que esto se quede aquí, vamos a ser compañeros de trabajo y la compañía no ve con buenos ojos las relaciones entre empleados. Mañana estate en mi despacho sobre las doce del mediodía.

Diciendo esto, me dejo solo, se fue hacia las naves para cerrarlas, se montó en la furgoneta que había servido de improvisada habitación de hotel y saludándome con la mano la vi desparecer. Era curioso, pero me di cuenta en todo momento de que mi mujer no me importaba en absoluto, no pensé ni remotamente que estaba traicionándola, de hecho ya no pensaba en ella como pareja, me había hecho sentir como la peor persona del mundo y me había echado de su lado.  Deseaba llegar a más con Sara, seguir conociéndola, pero creo que eso iba a resultar poco probable.

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