MOISÉS ESTÉVEZ

Visto lo visto, Mark había llegado a una conclusión, y es que los
acontecimientos que hasta ahora se habían dado le hacían reflexionar sobre
cuál sería su futuro. Qué le tendría deparado el destino.
Debido a su trabajo, se veía inmerso en situaciones en las que su vida
corría serio peligro, y conforme pasaban los años, era una pensamiento que se
hacía fuerte en su mente. Los días pasaban y sentía una intranquilidad cada
vez más intensa. El saber que el tiempo pasaba sin la posibilidad de retorno, y
que cada momento pretérito no volvería, le llevó a dicha conclusión vital. A
partir de ya, viviría dichos momentos de manera más intensa, saboreando los
muchos placeres que la vida le podía ofrecer, y aprovechando las situaciones
que entre paréntesis se colaban en medio de su labor profesional.

Tumbado boca arriba, en la cama, junto a David, llevaba ya un par de
horas despierto y divagando mientras el reloj de la mesita de noche marca las
cinco y media de la mañana. Antes de levantarse le dio un cariñoso beso a
este, entregado en los brazos de Hipnos, se calzó las zapatillas de andar por
casa y en calzoncillos puso la cafetera antes de meterse en la ducha. Cuando
salió del baño, el café había subido, el reloj marcaba las seis menos cuarto y
David se había despertado.

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