ECONOMISTA

No había podido dormir en toda la noche, ya era lunes y tendría que afrontar el encontrarse en el hospital con su amigo Andrés. Apenas había tenido tiempo de asumir lo que había pasado la noche anterior. A primera hora antes de salir de casa recibió un mensaje de Paloma.

– No se lo he contado a Andrés, de momento no le digas nada.

Eso le tranquilizó un poco, pero tenía miedo de que cuando se encontrara con él pudiera notar que había ocurrido algo con Paloma en Barcelona. Pasó consulta hasta las 10:30 y luego bajó a la cafetería, miró a los lados, pero por suerte no se encontraba su amigo allí, se sentó con otros tres colegas en la mesa y se tomó tranquilamente el café. La que si que estaba era Judith sentada en una mesa con otras enfermeras, se miraron y se saludaron con la cabeza en un gesto imperceptible para el resto.

El martes tampoco vió a Andrés, el miércoles nada y el jueves tampoco. Cuando bajó el viernes a tomar café ya había bajado un poco la guardia, durante la semana había pensado pasarse directamente por la planta donde trabajaba Andrés y dejar zanjado el asunto. No le gustaba nada tener que levantarse con esa incertidumbre de que es lo que pasaría cuando se encontrara con su amigo, si es que Paloma ya se lo había contado, que suponía que si.

Pero el viernes si que estaba, al entrar en la cafetería Andrés se encontraba en una mesa con otras dos enfermeras y auxiliares que trabajaban con él, Víctor avanzó nervioso hasta donde estaban y se plantó delante. No sabía que iba a pasar, solo esperaba que Andrés no montara ningún escándalo en medio de la cafetería.

– Hola, dijo secamente.

Andrés le miró y casi de reojo le contestó el saludo.

– ¿Podemos hablar?, dijo Víctor.
– Nosotras ya nos íbamos, dijeron las chicas que salieron en estampida.
– Siéntate cabronazo, dijo Andrés.

Se quedaron sentados frente a frente sin decir nada.

– Eres un cabronazo, sigues igual, dijo Andrés muy serio.
– Ya sabes como soy, la verdad es que…
– Joder con Gemma, no me lo puedo creer, dijo Andrés esbozando una medio sonrisa mientras pronunciaba el nombre en un catalán muy cerrado, – ¡que cabronazo!.
– Ehhhh, si, bueno….ehhhhhh, ¿la conoces?.
– Claro, estudió la especialidad con Paloma, eran muy amigas, ¡¡pero si estuvimos hasta en su boda!! y ahora vas tú y te la follas, que suerte tienes, la verdad es que estaba muy buena, no sé como estará ahora, menuda zorra está hecha la Gemma y parecía tan modosita…
– Sigue estando muy bien.
– Ya me ha dicho Paloma que has tenido un lío con ella, si es que no se te puede dejar solo.

Enseguida entendió Víctor que Paloma todavía no le había contado nada a su marido de lo que había pasado en Barcelona. Ahora ya no estuvo tentado de contárselo, si no lo había hecho su mujer es que prefería dejarlo correr y él no era quien para entrometerse en esa decisión. Ya habían pasado días para que Paloma resolviera el asunto, si no lo había hecho ya posiblemente no lo hiciera. Poco a poco se fue relajando e incluso tuvo que entrar en detalles sexuales de su relación con Gemma.

– Por donde vas solo vas dejando cornudos a tu paso, jajajajaja, dijo Andrés.

“Si tú lo supieras bien”, pensó Víctor para si.

– ¿Y que tal con Paloma?, ¿os habéis visto allí?.
– La verdad es que muy poco, ya sabes en estos sitios, ves muchos viejos conocidos y te pasas el rato saludando a unos y a otros. Además tu mujer es muy seria para esto, enseguida se fue a la habitación y nos dejó solos de fiesta…
– Bueno, tenemos que hablar mas tranquilamente, hace tiempo que no salgo a tomar algo, ¿que te parece si salimos tu y yo a cenar el viernes que viene y luego a tomar algo como en los viejos tiempos?.
– No sé Andrés, si a Paloma le parece bien.
– Si, no creo que ponga problema, me tengo que vengar de que me haya dejado un fin de semana a solas con las niñas, por una noche no va a decir nada.
– Está bien, dijo Víctor algo indeciso.
– ¿O tienes planes con la pelirroja?, jajajajaj
– No, no tranquilo, el viernes que viene nos vemos.
– Y ya me cuentas mas cosas de lo que hiciste en Barcelona y lo que hizo Paloma.
– Si ya te he dicho que tampoco nos dió casi tiempo ni a tomarnos una copa.

Tampoco quiso darle muchos detalles porque no sabía que información le había dado ella, cuanto menos dijera mejor, para no meter la pata. Se subió mas tranquilo a pasar consulta, Paloma no le había contado nada a Andrés y todo seguía igual, luego pensándolo fríamente se dió cuenta de que ella también había tenido su parte de culpa y que no le iba a decir nada a su marido.

Andrés era un buen tío y ella no quería tirar por la borda todo lo que habían construido durante años por un pequeño affaire. Seguramente le hubiera querido contar lo que pasó con Víctor, pero no había encontrado el momento, es difícil encontrar el momento para relatarle a tu marido algo así.

Víctor subía en el ascensor pensando en todo esto, ¿como le cuentas a tu marido que me has dejado entrar en la habitación?, como le cuentas que nos hemos comido la boca, que me has dejado sobarte los pechos y el culo, que te has desnudado de cintura para arriba y que me has dejado chuparte las tetazas. Si, es difícil contar a tu marido que has dejado a tu amigo babearte las tetas y morderte los pezones. Puedes hacerte la digna y decir que cuando te subió la falda y se sacó la polla frenaste todo aquello, pero seguramente en ese punto tu marido ya estaría histérico gritando que eres una jodida puta.

Es complicado tener que relatarle esto a tu marido y tu quedar medianamente bien, al fin y al cabo ella es su mujer y había consentido que sucediera todo aquello. Paloma como buena madre de familia prefirió pasar página y lo que pasó en Barcelona quedaba en Barcelona.

Su marido nunca se iba a enterar de lo que ocurrió en Barcelona. Además sabía que Víctor tampoco le iba a contar nada.

Así fue transcurriendo el día y cuando terminó de pasar consulta a las tres de la tarde le picaron en la puerta.

– Si, adelante.

Era Judith que ya iba vestida con ropa de calle. Llevaba unos shorts vaqueros muy cortos y arriba una camiseta escotada con un bolso hippie a juego. A Víctor le gustaba mucho lo clara que tenía la piel y como se le marcaban las pecas por los hombro y el canalillo. Ella se quedó sorprendida al comprobar que todavía estaba una de sus auxiliares con Víctor y no supo muy bien que decir.

– Perdone doctor, me gustaría preguntarle una cosa.

Aunque había disimulado bien la auxiliar no era tonta, ya había visto varias veces a Judith merodear por la consulta y era bien sabida la fama que tenía Víctor en el hospital. Posiblemente ya medio hospital supiera de que estaban liados.

– Yo ya me iba, hasta mañana, dijo la auxiliar.

Pasó dentro y cerraron la puerta con el cerrojo.

– ¿Donde te metes toda la semana?, dijo ella.
– ¿Cuando podemos vernos?, dijo Víctor poniéndose frente a ella y dándola un muerdo rápido.

Después de la charla con Andrés se le habían pasado todas las preocupaciones y como por arte de magia había recuperado la libido. Además ahora no podía sacarse de la cabeza la imagen de las tetazas de Paloma ni su tacto. Solo el pensar en ellas ya hacía que se le pusiera dura.

– Este finde imposible y la semana que viene no sé si voy a poder algún día, dijo ella.
– Venga, no seas así, saca algo de tiempo para mi.

Judith le acarició la verga por encima del pantalón y en un habilidoso movimiento le sacó la polla. Se la sujetó con la mano y miró hacia abajo.

– Es que me encanta, es perfecta.

Comenzó a meneársela en medio de la consulta, Víctor se apoyó en la mesa y se dejó hacer. Judith le estaba cascando una señora paja mientras él la besuqueaba el cuello y la tocaba las tetas por encima de la camiseta.

– ¿Te gusta?, dijo ella.
– Lo haces de maravilla, sigue por favor.

Le había cogido el ritmo perfecto y el punto de agarre para rozar el frenillo cuando subía con la mano. En un gesto obsceno Judith dejó caer un salivazo sobre la punta de la polla para luego reanudar la masturbación.

– Mmmmmmmmmmmmmm, no voy a tardar mucho en terminar.

Ella aceleró el ritmo de la paja y Víctor sacó la cadera hacia delante mostrando la verga en todo su esplendor. Si se corría así iba a poner la consulta perdida de semen. De nuevo Judith se detuvo sosteniendo con fuerza la polla de Víctor por la base, quedó asomando el capullo rojo e hinchado, ella se inclinó sobre él y dejó caer otro reguero de saliva empapandolo por completo.

Volvió a acelerar la masturbación y Víctor se quedó mirando como se le bamboleaban las tetas mientras lo hacía, intentó estirar la mano para tocárselas, pero ella se la retiró.

– Nada de tocar.
– Mmmmmmmmmm, ¡voy a correrme!.

Con la otra mano Judith estiró la camisa del médico metiendo la polla por dentro, justo en el momento que Víctor comenzó a correrse mojando su propio estómago, ella no dejó de meneársela decreciendo el ritmo y exprimiendo hasta la última gota de su abundante lefada, pues llevaba 6 días sin haber vaciado los huevos desde que lo hizo sobre Gemma.

– Ohhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh…
– Vaya, ¡si que ibas cargado!, no has durado nada, jajajaja dijo Judith sacando la mano manchada de semen y lamiendo la parte que queda entre el dedo pulgar y el dedo índice.
– ¡Joder, que señora paja!

Judith cogió un rollo de papel y se lo pasó a Víctor para se limpiara y luego le acarició con la mano por la mejilla.

– Que pases buen finde, dijo dejándole sentado en la mesa de su consulta con los pantalones bajados y el estómago manchado de su propia corrida…

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