ECONOMISTA

Quedamos a comer en una de las mejores bodegas de la cena, la excusa no era otra que el cumpleaños de mi cuñado Gonzalo. Cumplía 50 años. Habían sido unas semanas difíciles para Claudia y para mi, ella estaba inmersa en los exámenes de Junio y yo seguía con los problemas de la máquina nueva en la fábrica, todavía seguía sin funcionar aunque ya no quedaba mucho para solucionar el desastre que teníamos, lo malo es que Pablo me había vuelto a “colocar” a Gonzalo con la excusa que de la fábrica iba mal.

Ahora se suponía que los dos éramos los encargados, aunque mi cuñado no tardó en ocupar mi mesa en la oficina como antes, cuando él era el único jefe, además se pasaba el día dando órdenes en la fábrica, incluso a mi, al que consideraba un inútil por lo que había pasado con la máquina.

Llegamos a comer toda la familia, mis suegros Manuel y Pilar, Pablo y Marina junto con sus cuatro hijos, ella como siempre iba estupenda, pero había una novedad que era muy evidente, ¡¡se había puesto pecho!!.Si, mi cuñada Marina se había operado las tetas, se notaba bastante, se había plantado unas de un tamaño mediano, pero las lucía orgullosa, habían quedado muy bien. Si ya estaba buena antes ahora estaba para pegarle un buen polvazo.

Todos nos dimos cuenta del detalle, pero fue el gañán de Gonzalo el que abrió la boca.

– Te ha quedado fantástico el retoque, aunque no te hacía falta, dijo mirándole las tetas a Marina descaradamente.

Si pretendía decirla un piropo, para Marina fue algo violento que Gonzalo estuviera alabando sus tetas nuevas allí delante de toda la familia, incluso para Pablo que hizo caso omiso al comentario. Y es que mi cuñado seguía tan patoso como siempre.

El ser un gilipollas no se cura con la edad, este tío será un capullo toda la vida, aunque tengo que decir que a sus 50 años se conservaba muy bien, era grande y muy moreno de piel, con el pelo canoso algo rizado, lucía una americana veraniega azul clarita con lo que parecía un nuevo rico debido al color de su piel, no es que tuviera cuerpo de gimnasio, pero para el poco ejercicio que hacía se conservaba bien, era lo que se dice un fofisano.

A la que no la hacía falta operarse el pecho era a su mujer, Carlota, que yo cada vez que la veía parecía que tenía mas culo y mas tetas. La hermana de mi mujer tenía unas tetazas inmensas, grandes y descomunales, ese día llevaba puesta una camisa blanca y aunque la llevaba cerrada seguía teniendo un buen escote.

No se porqué cada vez que veía a mis cuñadas me entraban unas ganas locas de pajearme.

Claudia por su parte llevaba unos vaqueros nuevos, muy ajustados y rotos por las rodillas, no había tenido problemas en gastarse 200 euros en ellos y otros 600 en unos zapatos de tacón de la marca Jimmye Two, arriba llevaba una blusa blanca sin mangas y una chaqueta fina negra. Estaba espectacular. También Gonzalo le regaló los oídos a mi mujer.

– Y tu cuñada, cada vez estás mas guapa, la dijo en uno de los jardines de la bodega antes de pasar a comer.
– Gracias, pero ya nos gustaría llegar a todos como tu a los 50, dijo mi mujer siguiéndole un poco el juego.
– Cuando tu tengas 50 vas a estar bastante mas buena que yo, jajajaja.

Durante la comida intentamos no hablar de cosas de trabajo, aunque fue difícil que no saliera el tema pues mi cuñado Gonzalo se encargó en sacar lo de la máquina estropeada y de como él estaba solucionando el problema para dejarme en evidencia.

Para rematar el día mi suegro Manuel pagó la comida, siempre ha sido muy generoso, pero no me parecía ni medio normal que Gonzalo se dejara invitar el día de su cumpleaños que tenia que haber sido él el que pagara, luego para rematar mi cuñado dijo que él nos pagaba una copa.

Y durante una hora más tuvimos que estar aguantando las fanfarronadas de Gonzalo, con su vaso de Whisky y el puro en la otra mano. Yo por suerte me puse al lado de Marina y estuve un rato hablando con ella, además íbamos juntos a vigilar a los niños que estaban en la zona de juegos. Me parecía un encanto de mujer y sus nuevas tetas la quedaban como un guante, aunque yo no hice ningún comentario al respecto.

Por la noche en la vuelta a casa iba hablando con mi mujer en el coche.

– Anda que estoy de Gonzalo hasta las narices, es un impresentable, mira que dejar que sea tu padre el que pague la comida, ¡¡manda narices!!.
– Si, ya sabes que mi padre por donde va siempre tiene que ir con el dinero por delante.
– Todo el día hablando del trabajo y restregándome lo de la máquina, es que me saca de mis casillas y encima tonteando contigo y tú le sigues el juego…
– ¿Que yo le sigo el juego?, no digas tonterías, si me dice que estoy guapa, pues le digo que gracias y ya está.
– Pues que se lo diga a su mujer, que parece que está amargada…
– Oyes, no te metas con mi hermana.
– No me meto con ella, solo digo que parece que siempre está amargada, mira Marina todo lo contrario, tan feliz y tan estupenda con sus cuatro hijos, ¡no sé como lo hace!.
– Es lo que tiene no trabajar, no tienes preocupaciones y además seguro que se hace sus retoques, lo de las tetas es evidente…
– Pues a mi me parece bien, no se ha puesto algo escandaloso, un pecho normal y bonito…
– Si, le quedan bien, dijo secamente mi mujer a la que se notaba algo de pelusilla con la belleza de Marina.
– De todas formas por si no nos habíamos enterado ya ha tenido que decirla algo el imbécil de Gonzalo, es que no le aguanto de verdad y ahora encima de jefe otra vez…

Las últimas semanas con Claudia habían sido difíciles, apenas nos habíamos conectado una vez mas con Toni24 y no quería ni oír hablar de mis propuesta de quedar con él en persona. Se negaba en rotundo, decía que una cosa era jugar por internet y otra cosa salir del anonimato y exponernos a revelar nuestra identidad. No estaba dispuesta a eso, además me dijo que bajo ningún concepto quería follar con otros hombres.

– No veo ni medio lógico que me pidas esas cosas de verdad, soy tu mujer y no me voy a acostar con otro, zanjó tajantemente el tema.

Cuando llegamos a casa llevamos a las niñas a la cama, no tardaron en dormirse y me pareció una buena oportunidad para tener sexo con mi mujer. Mientras ella se desmaquillaba fui a la caja de nuestros juguetes y cogí uno de los arnenes. Se lo enseñé a Claudia.

– ¿Te apetece hoy?.

Ella no me contestó y siguió a lo suyo delante del espejo. Luego entró en la habitación y comenzó a cambiarse de ropa.

– Me gusta como te quedan esos pantalones, me daría morbo que me follaras con ellos puestos y los zapatos de tacón.

Sin decir nada mas, Claudia comenzó a colocarse el arnés por encima de los vaqueros, luego volvió a ponerse los zapatos de tacón y se puso de pies ante mi, que estaba sentado en la cama.

– Quítate el sujetador por favor…

Se desabrochó el sostén y lo lanzó al suelo, en ese momento me vi reflejado en el cristal del armario, Claudia estaba imponente ante mi, sujetándose la polla de goma y mostrándome sus dos preciosas tetas. Cualquier hetero no hubiera tenido la mas mínima duda en dejarse follar por mi mujer. Era la viva imagen de la sensualidad y el erotismo. Vi como acercaba el juguete a mi boca y me giré, ella no dijo nada, solo siguió aproximándose hasta que tocó con ella en mis labios.

– ¿Quieres chupar?.

Ahora fui yo el que no contesté, abrí la boca y comencé a lamer el miembro de silicona, pero Claudia me lo retiró de golpe.

– Ponte de rodillas, un buen cornudo la tiene que chupar de rodillas…

Así lo hice, me tiré al suelo y mirándola a los ojos besé la polla de mi mujer, no fue solo un beso, fueron muchos por toda la longitud de la verga, cuando llegué arriba abrí la boca y me la volví a meter dentro.

– Eso es, chupa, chupa…

Me encantaba esa sensación de sumisión hacia mi mujer y por supuesto que Claudia lo sabía, cuanto mas humillado estaba mas dura se me ponía, así que se afanó en intentármela meter mas profundo, hasta que me tocó la campanilla. Yo apenas podía mamar así porque no sabía dejarla en mi garganta, pero Claudia comenzó a follarme la boca llegando los mas dentro que podía, además me sujetó la cabeza para poder hacer conmigo lo que quería.

– Lo estás haciendo muy bien cornudo, pero que muy bien, vamos trágatela entera, ¡¡joder la tienes en la garganta!!.

Tras un minuto tuve que sacármela de la boca para poder respirar un poco, tenía la barbilla llena de babas que caían hacia el suelo. Claudia me dió un pollazo en toda la cara, miré hacia arriba, vi las dos imponentes tetas de mi mujer y me dieron ganas de tocarlas, subí las dos manos y acaricié sus pechos, pero ella me quitó las manos.

– No uses las manos, solo la boca, dijo Claudia poniéndome la polla extendida en toda la cara.

En el movimiento mientras subía la polla me acarició desde la frente hasta la boca, luego seguí hacia arriba hasta que pude llegar con los labios a las tetas de mi mujer.

– Chúpamelas, pero no uses las manos, dijo Claudia apretándome la cabeza contra si.

Me dejó durante unos segundos deleitarme con ambas tetas, pero mi mujer no quería eso.

– Vuelve a chupármela, me dijo sacudiéndose la polla ante mi.

Yo de nuevo sumiso me agaché, ya hacía un rato que estaba preparado para que ella pudiera follarme el culo pero quise seguir mamándosela un rato mas, Claudia comenzó a reírse.

– ¡¡Como te gusta esto!!, jajajaja, me dijo.
– ¿Porqué te ríes?, dije yo dejando de chupar.
– No, por nada.
– Si, dímelo, quiero que me lo digas.
– Que no es nada de verdad, solo una tontería.
– Pues quiero saberlo, si es una tontería dímelo, ¿de que te reías?.
– Me acordé un momento de Gonzalo, me preguntaba que es lo que pensaría si te viera así…
– ¡¡¡¿Gonzalo?!!!

Me sorprendió mucho de que de buenas a primeras nombrara al estúpido de mi cuñado y además sabiendo lo mal que me caía, además Claudia no era muy partidaria de estas cosas, es decir de fantasear con conocidos y mucho menos de un miembro de la familia. Ni mas ni menos que el marido de su hermana. Me quedé esperando una respuesta allí de rodillas, haciéndome un poco el ofendido, aunque con la polla pegada a la boca.

– Pues eso, como siempre te está fastidiando, te ningunea constantemente y se cree superior a ti, ¡no es mas que un idiota!, pero seguro que le encantaría verte así…
– ¿Así como?.
– Así, con esta polla en la boca, dijo metiéndome el juguete dentro. – ¡¡vamos vuélvemela a chupar cornudo!!.

Yo parecí enloquecer en ese momento y me puse a chupársela lo mas cerdo que pude, era una mamada salvaje y fuera de mi. No sé porqué, pero que mi mujer me hubiera mencionado a Gonzalo me había sacado de mis casillas.

Me sentí tan cachondo, que no podía tenerla mas dura. Mi mujer sabía donde tocar para conseguir mi sumisión y humillación mas absoluta y aquella noche lo había logrado.

– Jajajaja, ¡¡que cornudo eres!!, vas a estar toda la vida a la sombra de Gonzalo, ¿no ves lo patético que eres?.
– Mmmmmmmmmm, glup glup glup…
– Vamos chupa, eso es chúpamela, ¿te gusta una buena polla en la boca, verdad “cuñadito”?…

Aquello ya fue demasiado para mi, Claudia llamándome lo mismo que Gonzalo, dejé de chupar y me puse de pies, dándome la vuelta, me bajé el pantalón con una mano y ofreciéndola el culo le supliqué.

– ¡¡Métemela por favor!!, ¡¡no puedo aguantar mas, métemela!!, ¡¡venga Claudia, dame por el culo!!.
– ¿Quieres que te la meta “cuñadito”?, dijo mi mujer golpeándome con la polla en las nalgas.

Yo moví el culo excitadísimo buscando que me penetrara, pero Claudia quería seguir jugando conmigo.

– ¡¡Estás excitadísimo cornudo!!, pídemelo otra vez, dime que te de por el culo, me encanta cuando me lo suplicas.
– ¡Dame por el culo Claudia, por favor!!, dame por el culo, ¡¡te lo pido por favor!!, ¡¡dame por el culo!!.
– No me lo has preparado, dijo cogiendo el bote de lubricante.

Cuando fui a coger el bote me apartó la mano y ella misma comenzó a echarse el gel en la suya, luego sentí como un dedo de Claudia se me iba metiendo en el recto.

– Joder que abierto tienes el culo, como un buen cornudo, jajajajaja, entra el dedo sin ningún esfuerzo.
– ¡Vamos Claudia, saca el dedo y métemela, no puedo esperar mas!.
– Está bien, dijo embadurnando de lubricante la punta de la polla de juguete.

Empujó fuerte y muy despacio los 20 cms se fueron abriendo paso en mi culo. El dolor fue insoportable, pero Claudia no dejaba de introducirme su miembro, yo me quejé como una putita, pero mi mujer no me hizo caso.

– Ahhhhhhhhhhh, para, para, me duele, mas despacio…
– Cállate cornudo, ¿no querías que te diera por el culo?, pues ahora te aguantas.
– Ahhhhhhhhhhhhh, que dolor, dije cuando noté que al fin tenía todo el juguete dentro.

Claudia se quedó unos segundos quieta y luego fue poco a poco sacándome la polla para luego volver a meterla.

– Ahhhhhhhhh, despacio, despacio…diossss, me duele mucho…

De nuevo la volví a tener por completo enterrada en mi ano, Claudia me sujetaba de la cintura y me iba follando muy lento. Pero la sensación de dolor fue desapareciendo y se cambió por otra muy extraña en la que tenía el recto ocupado y pareciera como si me fuera a mear encima. A la siguiente embestida que Claudia me dio mi polla chocó contra mi propio estómago, yo me incliné un poco y le ofrecí mas si cabe el culo a mi mujer.

– ¿Quieres mas, eh?, dijo volviéndomela a meter.
– Ahhhhhhhhhhh, siiiii…

Y ahí fue cuando Claudia comenzó a subir la velocidad con que me penetraba, el dolor desapareció del todo y ya solo quedaba placer.

Un placer maravilloso de morbo y sumisión mientras tu mujer te encula. Es fantástico.

Estaba tan empalmado que mi polla se balanceaba sin control a cada embestida de Claudia, golpeando contra la cómoda y luego contra mi cuerpo, arriba y abajo al ritmo en que mi mujer me follaba. No tuve ni que tocármela, sabía que estaba a punto de correrme, pero Claudia me dió la puntilla.

– ¡¡¡Toma cornudo, toma!!!.
– ¡¡¡Que gusto Claudia, que gustazo, diossss!!!.
– ¿Te gusta esto cuñadito?, dime que te gusta…
– ¡Me gusta, siiiii, me gusta mucho!!
– ¡¡Toma cuñadito, tomaaaa!!!
– Ohhhhhhh Claudia me voy a correr, ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhh…
– ¿Te vas a correr cuñadito sin tan siquiera tocártela?.
– Siiiiiii, me corrooooooo, me corrooooooooooooooo….ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

Claudia siguió follándome sin bajar el ritmo mientras mi polla disparaba semen en todas las direcciones, proporcionándome un orgasmo tremendo. Luego la sensación de tener el culo lleno ya no me gustó tanto, me retiré hacia delante y la polla de goma fue saliendo lentamente de mi ano. Mi mujer me abrazó por la espalda y me dió un beso en el hombro. El juego de sumisión había terminado, ella misma se dio cuenta de que ese día habíamos ido demasiado lejos.

– ¿Estás bien?.
– Si, si tranquila, dije con la cabeza agachada.
– Perdona si me he pasado, yo solo quería bueno…ya sabes, darte placer…¿te ha gustado, no?, mira como lo has puesto todo, no te había visto nunca correrte así…
– No te preocupes, ha estado bien…ahora te toca a ti…¿te apetece?.
– Si, mucho, estoy muy excitada, vete limpiando esto en lo que me voy poniendo cómoda, no quiero que me toques, solo voy a sentarme en tu cara de cornudo…

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