ESRUZA

Esta historia se originó hace muchos, muchos años. No era ella una adolescente, una jovencita, era una mujer hecha y derecha, en su plenitud. Profesionista, ejecutiva de una empresa transnacional, hasta cierto punto exitosa. Educada a la antigua, con principios morales firmes, al menos eso creía, de un carácter fuerte, que traía tras de sí una historia de un amor truncado por su indecisión, por el destino implacable: la muerte de la persona que había amado. Fue un amor platónico, pero fuerte y no había querido darse la oportunidad de enamorarse nuevamente, sólo había tenido experiencias intrascendentes, nadie había logrado sacar esa sensibilidad que todos tenemos.

En esa empresa conoció a la persona que supo sacar esa sensibilidad dormida, que la hizo cambiar de ideas y que, finalmente, sería el amor de su vida. El llegó, también, a ocupar un puesto importante para el desarrollo de la misma. Los dos dirigían la empresa.

Pasado un corto tiempo, su trato diario hizo que él empezara a cortejarla y ella se enamoró poco a poco; él quien sabe, pero empezaron una relación hasta ese momento platónica, intermitente.

Tuvieron que viajar juntos a otro estado para inaugurar una sucursal de la compañía, no como invitados, sino como parte integrante del arranque de la misma.

En el trayecto hacia esa ciudad, Tepic, hicieron escala en Puerto Vallarta y, al hospedarse, él pidió un solo cuarto ante la sorpresa de ella quien no puso, increíblemente, objeción alguna, pero se sintió temerosa. Esa tarde se entregó a él, pero con remordimientos, sensación que hizo que ese momento no fuera lo que ella esperaba. Además, fue un momento sin palaras tiernas, sin caricias y un tanto decepcionante por lo mismo. Ella necesitaba sentirse amada con ternura y con pasión, esa pasión que, hasta conocerlo, se había negado a sí misma.

Al anochecer salieron a cenar y ella no decía nada, se sentía incómoda, algo perturbada, él tampoco comentó nada. Regresaron y él se fue directo a la cama mientras ella se preparaba para dormir, se recostó junto a él, ambos de espaldas. Hubiera querido que la abrazara, que hiciera que los miedos y remordimientos se fueran; quería escuchar palabras dulces y caricias delicadas, pero apasionadas, sin embargo, no hubo tal, le dio temor acercarse y él no lo hizo.

Al día siguiente por la mañana, volvieron a “hacer el amor” y sucedió lo mismo. Tomaron el autobús para su destino final: Tepic y él le preguntó < ¿Por qué no te acercaste anoche?> La respuesta lacónica de ella fue: <Porque no te quise molestar> Al llegar se hospedaron en el hotel que les habían reservado en cuarto separados.

La inauguración se llevó a cabo y, después de los actos protocolarios, en los cuales él fue el protagonista, empezó la convivencia. El socio americano se encontraba presente con su esposa, el presidente municipal y otras personas importantes; después, se dedicó a divertirse: conversar con los invitados importantes, era buen conversador, tomar, bailar con todas menos con ella, de hecho, sólo una vez lo hizo con ella.

Terminó el convivio y regresaron al hotel muy avanzada la noche, casi en la madrugada. Al llegar, él la llevó a su cuarto e hicieron el amor. En esta ocasión ella sintió, realmente, lo que era “hacer el amor” y, él le dijo que había sido como si siempre hubieran estado juntos. ¿un cumplido? o realmente fue así para él, porque para ella sí.

Regresaron a la capital y siguieron una relación igual: intermitente, pero con detalles muy sensibles, cariñosos y fueron pareja sin vivir juntos. Ella se enamoraba cada vez más, no sin seguir sintiendo remordimientos. No era un hombre meloso, pero tenía algunos detalles bonitos con ella que quedaron gravados por siempre en su mente; la hacía sentirse querida y deseada.

En una ocasión, poco tiempo después de haber regresado del viaje, estaban comiendo y le dijo: “¿Estás comiendo muy bien, estarás embarazada?” (él era médico) a lo que ella contestó que no, pero en efecto, lo estaba, ya tenía más de 20 días de retraso y siempre había sido muy puntual para esto. No quiso decirle y nunca le dijo, no quería comprometerlo a nada. Poco tiempo después tuvo un aborto espontáneo y tampoco le dijo. Sola pasó el doloroso trance que la afectó seriamente. “Los frutos del amor son nuestra recompensa” Salmo 127. Probablemente, ella no merecía una recompensa.

La relación tuvo sus altas y sus bajas, discutían, peleaban, casi siempre por trabajo, otras por su relación y ella se sentía muy lastimada. Se sentía herida, así que un buen día, después de una discusión, se alejó de él y nunca más lo volvió a ver. Tomar esa decisión fue realmente difícil y doloroso, pero tenía que hacerlo. El ya había dejado la empresa hacía un tiempo. Sufrió mucho por ello y nunca dejó de amarlo, fue un gran amor, su verdadero amor, frustrado nuevamente. Era una persona de carácter difícil y ella también, demasiado iguales.

Pasó mucho tiempo y volvió a saber de él, sin verlo, sólo comunicaciones por internet. Radicaba en otra ciudad. Renacieron los sentimientos, más fuertes que antes, pero ya no era posible nada. Encuentros y desencuentros, vidas paralelas sin remedio, amor frustrado que seguía sin apagarse y, así seguiría hasta el final de su vida. La lastimó y también la desilusionó, pero el amor ahí estaba: latente, profundo, apasionado, era una locura seguir sintiendo lo que sentía, ¿por qué? No podía contestárselo. ¿La seguiría amando él? Así parecía, a veces, o quizá era lo que ella quería creer o tal vez sólo la deseaba. Ella lo seguiría amando, deseado, extrañando. Era una mujer aparentemente fría, pero muy sensible realmente, mujer de un solo amor. ¿Equivocada? Tal vez.

Haciendo una comparación en esta historia, su actitud fue como cuando se suelta a un pájaro de su jaula; nació ahí, vivió ahí, y no había conocido la libertad, así que cuando sale de la jaula no sabe para dónde volar, qué hacer para seguir volando y se golpea contra los obstáculos que se le presentan: un árbol, una pared, etc. antes de aprender a volar y, si no aprende, seguirá golpeándose constantemente y podrá morir en el intento.

Ella no aprendió a volar, se quedó en el mismo lugar y permitió que la lastimaran una y otra vez. Tal vez idealizó e idealizar está fuera de la realidad.

NOTA DEL AUTOR: ¿Alguien se creerá esta estúpida historia, en estos tiempos?

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