ESRUZA

 

Era una chica de medianos recursos, porque su familia lo era también en ese entonces. Empezaba su vida laboral en una de las mejores empresas constructoras del país. Acostumbraban a hacer sus festejos navideños en los mejores salones de fiesta que había. Era su primer año en que le tocaba asistir.

Adquirió el mejor vestido que sus recursos le permitieron, era una celebración importante y todos lucían sus mejores galas. El vestido era bonito, elegante y lucía muy bien en el, pero no tenía accesorios para ponerse. Su madre le dijo: — “Te ves muy bien, pero te hace falta un collar”-. Ella se conformó y pensó que algún día podría tenerlo, no por el momento.

La fiesta era muy elegante: 2 orquestas y los cantantes de moda. Su acompañante fue uno de sus compañeros del área donde ella laboraba y que después sería su novio. Se sentía muy bien y su padre le dijo:  – “a las 2:00 en punto estará tu hermano por ti” – y así sucedió. La fiesta se terminaba ya casi de madrugada.

Años después, laborando en otra empresa, fue seleccionada para estar como invitada a una reunión muy importante. Para esta ocasión ya pudo adquirir un hermoso vestido largo, negro y entretejido con hilos plateados que delineaba perfectamente su esbelta figura. Como de costumbre su padre opinó que el escote era muy pronunciado, en realidad era normal, pero sí marcaba mucho su figura, se veía deslumbrante. Entonces su madre dijo – “Ahora no te faltará el collar que irá muy bien con ese vestido” – y le entregó una cajita que contenía un hermoso collar de azabache de dos hilos que terminó por hacer lucir más su atuendo. Se sintió muy agradecida con su madre y le encantó el hermoso collar y en ese momento alegre decidió que ese vestido sería su mortaja.

Causó admiración entre sus compañeros y su jefe comentó a su colega: – ¡Dónde tenía escondidos todos esos atributos que no le había visto en la oficina! – el comentario hizo que se sintiera halagada, como toda mujer. Fue una linda reunión. Ella guardó siempre con mucho cariño ese obsequio de su madre.

Muchos años después lo utilizó en la boda de uno de sus sobrinos y al regresar a casa olvidó guardarlo en el lugar muy especial, donde acostumbraba guardarlo, muy aparte de las demás joyas que ya tenía.

Desafortunadamente, un día salieron y la casa se quedó sola. Los amantes de lo ajeno entraron forzando la puerta y robaron todas sus joyas y, con ellas, el collar que tanto apreciaba y con él se fue ese recuerdo tan importante que significaba mucho, no por su valor material sino por el cariño con que su madre se lo obsequió tan oportunamente Su madre ya no vivía y, así, se perdió tan invaluable recuerdo, sólo queda el vestido, que decidió será su mortaja.

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