ECONOMISTA

Pasé a la oficina y Cristina estaba de pies esperándome, apenas había una mesa, un par de sillas, una cajonera alta y en la pared un calendario de 2012 señal de que ese lugar se habría utilizado hacía años. Ella me miró como si no se sorprendiera de verme.

– Acércate, me dijo.

Lentamente fui donde estaba ella y me puse delante, la miré a los ojos esperando otra indicación por su parte, tuve que inclinar la cabeza hacia arriba pues con los tacones era mas alta que yo, estaba muy nervioso, parecía como si el corazón se me fuera a salir del pecho.

– Así me gusta, que me obedezcas. ¿te sigo poniendo mucho, verdad?.
– Ya lo sabes…
– ¿Que te apetece hacer?, dijo acariciándome el pelo.
– No lo sé Cristina.
– Llevo toda la mañana caliente, se me están ocurriendo muchas ideas para hacer contigo, dijo bajando la mano y acariciándome el pecho.

Aquellas palabras me excitaron enormemente, Cristina era capaz de cualquier cosa y yo cuando estaba con ella no tenía voluntad, eso me daba miedo a la vez, pero me había costado dar el paso de estar allí y ahora no me iba a detener.

Se dió la vuelta y se apoyó sobre la pared sacando el culo hacia fuera.

– ¡Bájame los pantalones!.

Cristina no quería perder el tiempo, me puse detrás de ella y pasando las manos hacia delante la desabroché el pantalón, una vez que estaban abiertos los botones tiré por los laterales con mucho esfuerzo, le quedaba tan apretado que apenas podía meter los dedos por dentro para hacerlo, ella comenzó a mover las caderas para facilitarme que pudiera bajarle los pantalones, pero no podía, cambié las manos y tiré desde atrás como si quisiera verla el culo, ella me ayudó tirando por los laterales y así tras un minuto de forcejeo el vaquero fue cediendo poco a poco.

Poniéndome de cuclillas tiré mas hacia abajo hasta que el culo de Cristina quedó delante de mi cara. Me volvían loco aquellas nalgas que sin duda alguna habían mejorado con los años, mi ex tenía buenas caderas y un culo ancho, pero se notaban sus horas de gimnasio en él, con 20 años no tenía ese culazo.

– ¡¡Vamos deja de mirarme y cómemelo!!, dijo tirándome del pelo para aplastarme la cara en sus posaderas.

Abrí los glúteos con las manos y luego me tiré a devorar aquella maravilla, primero con lametazos fuertes y amplios sobre la raja del culo como si fuera un perro y luego ya centrándome mas en su pequeño agujero del ano donde intentaba meter la lengua dentro.

– Ummmmmmmm, que bien, ¡¡se me había olvidado lo bueno que eras con la lengua!!, eso es, ¡chúpame el ojete!, dijo Cristina en un lenguaje soez que no le pegaba para nada con la ropa elegante que llevaba.

Yo me volví loco con la cabeza metida en ese manjar, a parte Cristina no dejaba de mover las caderas lo que hacía que me costara respirar cada vez mas, me eché un poco hacia atrás para poder tomar aire, pero Cristina no paraba de menear su culo delante de mi cara, besé tiernamente un glúteo y luego le pegué un pequeño mordisco.

– ¡¡Vamos no te pares, usa la lengua joder, la lengua!!.

Volví a la carga lamiendo su ano haciendo presión para intentar meter un centímetro dentro, en ese momento se me pasó por la cabeza ponerme de pies para encularla, pues era algo que nunca me había permitido, pero estaba tan excitado que sabía que no iba a poder hacerlo sin correrme antes.

Intenté no pensar en mi propio placer porque sino me habría corrido en los pantalones sin tocarme.

Cristina estaba fuera de si moviendo su cuerpo contra mi cara, incluso se metió la mano entre las piernas y comenzó a acariciarse delante de mi.

– ¡¡Diosssss que bueno, vas a conseguir que me corra!!.

De repente se quedó quieta y se dió la vuelta, cruzamos la mirada, no sé que pensaría de mi al verme allí de rodillas ante ella, con la cara enrojecida por la presión de sus nalgas y la boca llena de saliva.

– Sigues siendo patético, jajajaja, y ahora si, vas a hacer que me corra…

Me centré en su coño que tenía delante, no lo llevaba totalmente depilado, era como si la hubiera crecido un poco desde la última vez que se lo había rasurado, puse la cara contra él y me encantó esa sensación de que me picara el pelito que iba saliendo.

– ¡¡Vamos, chúpame el coño, chúpamelo!!, usa esa lengua tan maravillosa que tienes…

Con los pantalones a medio bajar le era muy difícil a Cristina poderse abrir de piernas, así que sacó la cadera hacia delante, yo con las manos abrí un poco sus muslos para trabajarle el coño. Me encantó recordar el olor que emanaba, a parte de que estaba muy mojada. Intenté meter un dedo dentro de ella, pero me apartó la mano.

– ¡Quita tus manos de mi!, ¡¡Solo usa la lengua, solo con la lengua joder!!.

Yo la puse dura como a Cristina le gustaba y comenzó a restregar el clítoris contra ella moviendo sus caderas delante y atrás, la sujeté por el culo para hacer mas presión aunque no hacía falta porque me tenía sujeto por la cabeza.

La conocía bien. Estaba a punto de correrse. Su cuerpo comenzó a convulsionarse.

– ¡¡Ya lo tengo, siiiiiiii, siiiiiiiii, masssssssssss, massssssssssssss, ahhhhhhhhhhh, siiiiiiiiiiiiiii, ahhhhhhhhhhhhh ,siiiiiiiiiiiiiii, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!, dijo Cristina pegándose un tremendo orgasmo.

En cuanto volvió a sentir mi lengua sobre su cuerpo, ella dió un respingo como si la molestara y me empujó hacia delante haciendo que cayera de culo.

– Ahora no, que estoy muy sensible, mmmmmmmmmmm…

Me miró tirado en el suelo y luego se rió.

– Joder, sigues siendo buenísimo con la puta lengua, ¡¡que orgasmo he tenido!!..ven ponte de pies…

Al incorporarme me fui quitando el polvo que tenía por los pantalones, Cristina seguía con los suyos a medio bajar, no sé que es lo que quería una vez que se había corrido.

– Bájate los pantalones, quiero ver como estás…

No tardé en hacerle caso a lo que pedía, tiré de los calzoncillos hacia abajo y mi polla saltó empalmada delante de ella.

– La tienes muy dura, dijo dándola un pequeño manotazo.

Bruscamente me giró y me dió un empujón para caer sobre la mesa, apoyé las manos en ella y mi culo quedó expuesto, Cristina se puso rápidamente detrás y me sujetó por las caderas como si fuera a follarme. Noté su pubis contra mi culo, nuestros cuerpos desnudos estaban pegados.

– Esto te encantaba, dijo dándome un golpe de caderas duro y seco que sonó PLOP.

Mi polla palpitó. Literalmente ya me estaba babeando.

Luego otra embestida, PLOP, mi verga volvió a vibrar.

– ¿Esto no te lo hace Claudia, verdad?.

Me sorprendió que en ese momento se acordara de mi mujer, pero oír de su boca el nombre de Claudia hizo que me pusiera mas cachondo, si es que podía estar mas.

– Si, si me lo hace…
– ¿Ah si?, ¿la pija de tu mujercita te hace estas cosas?, no le pega nada, dijo con otro golpe de caderas contra mi culo.
– Ahhhhhh, gimoteé.
– ¿Te acuerdas de mi mientras te lo hace?, PLOP…
– Ohhhhhhhhhhh
– ¿Te gusta?, PLOP…
– Ahhhhhhhhhhh….
– ¿Te gusta cornudo?, PLOP
– Ahhhhhhhhhhhhh….
– Saca más el culo hacia fuera, PLOP.
– Ahhhhhhhhh…
– Toma, PLOP.
– AHHHHHHHHHHH…
– Toma cornudo, PLOP.
– Ahhhhhhhhhh…

Ya a cada embestida mi polla palpitaba y yo gemía mas alto, unas poquitas mas y me iba a correr. Cristina me tenía bien sujeto por las cinturas y simulaba que me estaba follando como si tuviera una buena polla, me hubiera encantado que se pusiera un arnés para penetrarme de verdad. Mis piernas comenzaron a temblar y me fallaron las fuerzas, tuve que apoyar los codos sobre la mesa, pero ella me incorporó tirándome del pelo y volví apoyar las manos en la mesa, luego Cristina se inclinó sobre mi y me agarró la polla.

Me hubiera corrido igual sin que me la tocara.

De todas formas comenzó a meneármela, fueron 6 o 7 sacudidas previas a que mi verga explotara disparando semen con fuerza sobre la mesa, salían volando a la distancia de un metro por lo menos. Hacia años que no me corría con esa potencia, mientras Cristina no dejaba de pajearme con suavidad, exprimiendo hasta la última gota.

– ¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh!!!!
– Mmmmmmmm, córrete, asiiii, cornudito, asíiiii, muy bien, córrete…

Cuando terminó se miró la mano que tenía restos de semen e intentó metérmela en la boca para que se la limpiara, yo todavía estaba jadeando con las manos apoyadas en la mesa y aunque se me había pasado el calentón dejé que lo hiciera. Ávido fui chupando sus dedos uno a uno hasta que ya no hubo ningún resto sobre ellos.

– Me encanta, sigues siendo un cornudo obediente, jajajajaja, dijo Cristina subiéndose los pantalones y arreglándose el pelo.

Yo también comencé a vestirme dispuesto a irme, Cristina se dió cuenta de que iba a marcharme y se sacó un cigarrillo.

– Espera no te vayas todavía…
– Yo creo que ya has conseguido lo que querías, ¿no?.
– Si, bueno ha estado muy bien, pero tu también es lo que querías, ¿no?, sigues siendo muy bueno con la lengua, joder ya lo creo… si te digo la verdad ahora me arrepiento de haberte dejado, es muy difícil conseguir un cornudo como tu, ni mi marido llega a tu nivel, jajajaja, me gustaría volver a quedar otro día, creo que lo podemos pasar muy bien.
– Mira Cristina, esto ha sido un error, es mejor que no volvamos a vernos, yo ahora tengo una familia y tú también estás casada…
– Ya lo sé y si te digo la verdad me encanta que le hayamos hecho también una buena cornuda a tu mujercita, ¿sabes que me cae muy mal?, y por mi marido no te preocupes, ésto le encanta…
– No me gusta que hables mal de Claudia, no le llegas ni a la suela de los zapatos como mujer…
– Ya, ya, por eso te vuelve loco estar conmigo, jajajaja…
– Vete a la mierda Cristina, no quiero volver a saber nada de ti, dije andando hacia la puerta.
– Llámame, todavía podemos pasarlo muy bien, jajajaja, dijo dando una calada al cigarrillo…

Salí del almacén sabiendo que no había actuado correctamente, le había sido infiel a Claudia y eso no me gustaba nada. Me subí al coche y fui a casa para comer con mi familia.

Estaba firme y decidido a no volver a ver a Cristina. Ahora si que era parte del pasado. Sin embargo era solo recordarla y tener una sensación de excitación y sumisión que con Claudia no había alcanzado nunca. Ese morbo te consume por dentro y solo había una manera de que Claudia se pusiera a su nivel y poder olvidar definitivamente a Cristina.

Tenía que conseguir que Claudia me hiciera cornudo de verdad.

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