ECONOMISTA

A la mañana siguiente quedamos en que iba a acercarme a la tienda de muebles para dejar la señal por el pago del dormitorio, a decir verdad podía haber hecho una transferencia o insistir en que fuera mi mujer la que hiciera el pago, pero algo en mi quería volver a la tienda para ver a Cristina.

No había quedado muy conforme con lo que había pasado en mi casa el día que vino a tomar las medidas, no solo me había humillado, me puso el coño en la cara e hizo que me corriera en los pantalones, con apenas 5 minutos en mi casa ya había hecho de mi lo que le dió la gana, de alguna manera le había sido infiel a mi mujer con ella y además con nula resistencia por mi parte.

Cristina era puro vicio.

Salí del trabajo un poco antes y me fui al polígono donde estaba la tienda de muebles, había estado toda la mañana dándole vueltas al encuentro virtual de Claudia con Toni24 la noche anterior, no daba crédito a lo que había pasado, como Claudia me había chupado la polla, como se había corrido con él y ésto hizo que a pesar de haber tenido sexo la noche anterior ya estuviera muy excitado. Y ahora me tocaba ver a Cristina. Aparqué en el parking de la tienda y francamente nervioso me bajé del coche, tenía que tranquilizarme o ella lo iba a notar. Claro que lo iba a hacer.

Era como los perros cuando huelen el miedo.

Entré en la tienda sin saber muy bien a que iba allí, en un primer vistazo no pude verla lo que me calmó unos segundos, pero yo no había ido a eso, en el fondo quería volver a ver a mi ex y además quería dejar zanjado lo que había pasado en mi casa. Estaba firme y decidido.

Se me acercó una chica joven y me preguntó si podía ayudarme en algo.

– Si, venía a pagar una señal.
– Ah vale, si mira, es en esa oficina, acompáñeme, dijo señalando una puerta a unos 10 metros de donde nos encontrábamos.

Fuimos andando hasta allí y la chica picó en la puerta, estaba cerrada, luego se asomó.

– Cristina es un cliente que viene a pagar una señal.

Desde donde estaba yo no podía perla, pero ya con solo escuchar su nombre me puse todavía mas nervioso.

– Si, puedes pasar, me dijo la chica.

Entré en la oficina y Cristina estaba sentada al otro lado de una mesa de despacho, estaba mirando algo en la pantalla del ordenador, se la veía muy ocupada, levantó la vista y me vió, algo cambió en su cara en cuanto se dió cuenta de que era yo el que estaba allí de pies delante de ella. Se quitó las gafas y las dejó sobre la mesa.

– ¡Vaya que sorpresa!, hola David, pasa y cierra la puerta…

Yo no hice caso a lo de cerrar, fui andando hasta la mesa y me quedé de pies delante de ella.

– Venía a pagarte la señal por lo de la habitación.
– Si, claro, dijo levantándose.

Pasó a mi lado y fue hasta la entrada para cerrar ella misma la puerta. Por lo menos esa mañana no llevaba botas de tacón alto pero estaba tremenda con una camisa a cuadros convenientemente abierta hasta mostrar un poquito de escote, unos vaqueros súper ajustados que no disimulaban sus caderas y unos zapatos de tacón.

Estaba jodidamente buena la zorra de ella.

Volvió a su sitio y se sentó, luego me hizo el gesto con la mano para yo también tomara asiento. Buscó en una pequeña carpeta.

– Si, mira, con las medidas que tomé así va a quedar la habitación, como habíamos quedado, ¿te parece bien?.

Yo miré el boceto de la distribución de los muebles, mientras Cristina señalaba con un boli.

– Aquí va una cajonera alta, como dijimos, tiene 4 cajones, ponemos uno de cada color.

Según iba señalando yo me quedé mirando el tatuaje de su muñeca, ella sabía que tal y como estaba poniendo la mano yo lo tenía delante. Aquella dama de picas hizo que al momento volviera a empalmarme, ella no dejaba de señalar cosas en el papel, pero yo apenas la escuchaba. Solo quería pagar y salir huyendo de allí.

– Al final entre los dos cuadrados de arriba, mas la mesa, bueno ya os dije que os regalábamos un colchón para la cama de abajo, en total son 2340 euros. Solemos pedir un 20% de fianza, aunque entre nosotros hay confianza, ¿no?.
– 468 euros, dije yo.

Cristina cogió la calculadora e hizo la operación.

– Se te siguen dando bien los números. ¿Efectivo o con tarjeta?.
– Tarjeta, ¿no te hace falta el DNI, no?.

Ella sonrió, le di la tarjeta y la pasó por el datáfono, luego me imprimió el recibo y me lo grapó con la factura.

– En un par de meses os llegarán los muebles, dejamos pendiente el resto, dijo con la factura en la mano.
– Si, 1872…

La dejó apoyada sobre la mesa, como si no tuviera intención de dármela todavía y luego me miró con cara de guarra, se tocó el pelo pasando su larga melena por encima de un hombro. La conocía muy bien, ya iba a empezar de nuevo.

– El otro día estuve con tu cuñada Marina en la sauna, estuvimos hablando de ti.
– ¿Y tú que tienes que estar hablando de mi?, ya te dij…
– Está muy buena desnuda, ¿no te pone tu cuñada?, dijo interrumpiéndome.

Era como si pudiera leerme la mente, ¿como sabía ella que me gustaba Marina?, desde siempre había sido mi musa pajillera, ya he comentado que estudió periodismo, era alta, atractiva y con mucha clase, perfectamente podría haber estado dando las noticias en un canal o presentando un programa.

– Nadie diría que ha tenido 4 hijos, ¿te gustaría saber como es desnuda??, tiene un cuerpazo, no es que me gusten las mujeres, pero si, me follaría a tu cuñada, ¿nos imaginas juntas?…
– No tengo que estar escuchando estas tonterías, me voy…
– Me lo pasé muy bien el otro día en tu casa, es una pena que me bloquearas en el whatsapp.
– No quiero hablar de eso.
– ¿Lo pasaste bien o no?.

Intenté coger la factura poniéndome de pies, pero Cristina se me adelantó.

– Siéntate un momento por favor, quiero enseñarte una cosa, me dijo.
– Si no quieres darme el resguardo del pago de la señal quédatelo, pero esto que estás haciendo no es muy profesional que digamos…
– Por favor siéntate y te lo doy, de verdad.

Ya me estaba cansando de los jueguecitos de Cristina, solo con perderle de vista hice lo que mandó y me volví a sentar.

Cogió el ratón del ordenador y lo movió mirando a la pantalla, luego la giró y me mostró lo que había en ella.

– Esto es lo que estaba viendo cuando has entrado.

Me quedé a cuadros, en la pantalla de su ordenador había porno, pero no un porno cualquiera, era del que nos gustaba a ella y a mi, un tío se estaba follando a la actriz Mistress T mientras el supuesto marido miraba a escasos centímetros del cuerpo de su mujer.

Cristina se puso de pies y vino andando hasta mi lado, yo estaba como petrificado en la silla sin poder dejar de mirar la pantalla. Me pasó un dedo por el hombro y luego me acarició la mejilla poniéndose detrás de mi.

– ¿Te gusta?.
– No Cristina, no, Cristina nooo, no empieces de nuevo, dije en una súplica que sabía que era una victoria para ella.

Se inclinó sobre la silla y me susurró al oído.

– Cuando has entrado estaba muy, pero que muy cachonda, es una pena que aquí no podamos hacer nada, dijo pasando la mano hacia delante y comprobando que ya la tenía dura.
– Cristinaaa, dije gimoteando.
– A la vuelta tenemos un almacén en una nave pequeña, no hay nadie, ¿te apetece que vayamos?, dijo pasando el dedo indice arriba y abajo muy despacio por encima de mi polla.
– No, noooo, dije negando con la cabeza pero sin moverme de la silla.
– ¿No te apetece chuparme el coño como en los viejos tiempos?, el otro día me dejaste con las ganas, si quieres puedes empezar por comerme el culo, me vuelve loca, dijo en mi oído dándome un pequeño mordisquito en el lóbulo de la oreja.

Estaba a punto de volver a explotar dentro de los calzones, una segunda vez ya hubiera sido demasiado bochornoso, incluso para mi. Me levanté de golpe y la aparté de mi lado.

– ¡Quítate zorra!, ¡¡no vuelvas a tocarme!!.

Con toda tranquilidad ella se fue andando hasta su silla y se sentó, volvió a girar la pantalla del ordenador y extendió el brazo para darme la factura.

– Calle Miguel Castaño 16, en 10 minutos estoy allí, espérame en la puerta…

Le arranqué de la mano la factura y salí disparado hacia el coche, en cuanto entré dentro intenté tranquilizarme, el corazón parecía que se me iba a salir por la boca y la polla me palpitaba con mucha fuerza. Miré el reloj, la 13:23, “en 10 minutos estoy allí me acababa de decir Cristina”.

Me apoyé en el reposa cabezas y respiré hondo, me tomé mi tiempo para arrancar, no quería seguirle el juego a Cristina así que decidí irme para casa, pero al momento la vi salir, se iba poniendo una fina chaqueta negra y andaba moviendo escandalosamente sus caderas. Se montó en el coche y luego salió del aparcamiento.

Casi inconscientemente la seguí, solo hubo que girar una calle, yo iba muy despacio, como para que no me viera, ella aparcó, se bajó del coche y entró en una especie de nave que tenía una puerta pequeña.

Con las dos manos en el volante mi cabeza no hacía mas que darle vueltas a su proposición “¿no te apetece comerme el coño como en los viejos tiempos?”, con tan solo escuchar esas palabras estuvieron a punto de hacer que me corriera y ahora se repetían constantemente en mi interior.

Hasta su voz me ponía cachondo.

No podía dejar de pensar en su coño, en su olor, en como me dominaba, en que me gustaría volver a tener mi lengua sobre ella y además mi polla era como si tuviera vida propia, no paraba de latir.

Nunca Claudia me había llevado a esos grados de excitación y morbo.

“No, no lo hagas, tienes una mujer y dos hijas maravillosas, ¿es que quieres tirar toda tu vida por la borda solo por esa zorra?”. Me dije a mi mismo. “Solo una vez, necesito estar con ella una vez mas”. Al final aparqué y me bajé coche. Me acerqué despacio a la puerta de la nave y con timidez toqué con la mano, como no contestaba nadie abrí y entré dentro.

Estaba todo oscuro, excepto a la derecha que había una pequeña oficina con la luz encendida y la puerta entreabierta. Con las piernas temblorosas fui andando hasta allí…

Un comentario sobre “Cornudo (34)

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