LOURDES BLANCO

-¿Sabes como suena una tabla dentro de un armario?

-Las tablas no suenan cuando están dentro de un armario

-Sí suenan si el armario se mueve

-¿Y por qué habría de moverse un armario?

-Cuando transportas un armario en un coche y el armario se mueve en las curvas o en los baches, entonces el armario se mueve

-¡Ah! Sí, entonces si se mueve.

-Entonces ¿sabes cómo suena?

-No, nunca he oído el ruido de una tabla en un armario. ¿Cómo suena?

————-

Margarita abrió la puerta agitada ante la insistencia del sonido del timbre.  Dos policías locales estaban allí plantados delante de ella.

-Buenas tardes, señorita Rosales. Es usted Margarita Rosales ¿no es así?

-Buenas tardes. Sí, yo soy Margarita Rosales. ¿Ha pasado algo?.

Está usted esperando un transporte de un armario de nogal. ¿Lo confirma?

-Si, claro- la cara de Margarita no podía expresar más expectación.

Le informamos que el camión que transportaba el susodicho armario ha sufrido un accidente y no le podrá ser entregada la mercancía.

-¡¡Cuanto lo siento!! ¿Les ha ocurrido algo a los transportistas?

No señorita, pero el armario ha quedado destrozado.

La cara de Margarita se convirtió en una mueca indefinible cuando no pudiendo reprimir la tristeza arrancó a llorar a moco tendido. No podía creer que el armario de sus sueños estuviera hecho papilla, después del dineral que le había costado.

-Y ¿cómo ha sido?

El más joven de los guardias, un poco nervioso, posiblemente porque era una de sus primeras misiones en informar de una desgracia, contestó titubeante.

Pues según se ha podido saber a través de los accidentados, el armario en cuestión llevaba una tabla suelta y cuando han cogido una de las curvas cerradas de la carretera, ha dado tal golpetazo contra la madera del armario, que el conductor se ha asustado pensando que se le había estallado una rueda y ha dado un volantazo, de manera que se ha salido de la carretera. Han dado tres vueltas de campana y el armario ha salido despedido. Debe ser que tampoco lo habían afianzado bien a los anclajes del camión. En fin…una serie de circunstancias muy desafortunadas. Lo sentimos mucho señorita Rosales.

Los dos guardias locales se despidieron tocándose la visera de la gorra y Margarita se quedó hecha un mar de lágrimas pensando un su precioso armario.

Pero como todo en la vida, Margarita pronto  se olvidará del armario y volverá a comprar otro.

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