MOISÉS ESTÉVEZ

Tres días fueron los que Jones permaneció en el hospital, pero el alta
hospitalaria no coincidía con la recomendación del doctor, que le instó a que
guardara reposo una semana, debido a la contusión del hombro izquierdo.
Las ganas de trabajar, y dar con el hijo de puta que perpetró el atentado
en la 47 pudieron más que el dolor punzante y perenne que acudía cuando
pasaban los efectos de calmantes y analgésicos.
El Capitán García le dio la bienvenida a la vez que le preguntaba por su
estado físico. – Está bien inspectora. Se reincorpora con la condición de que
mientras ese hombro no esté al cien por cien no puede salir de la oficina, nada
de trabajo de campo y ayude al Mark en todo lo que pueda desde aquí. –
Lo poco que había quedado después de la explosión fue trasladado a la
última planta del edificio, junto con el personal que hasta ese momento se
había ido incorporando casi directamente desde el hospital. La mitad de dicha
planta albergaba el cuartel general de los informáticos y la otra mitad estaba
prácticamente vacía, por lo que vino como anillo al dedo mientras
reacondicionaban la afectada.
Jones y Mark, sentados uno frente al otro, se hicieron una composición
de lugar con respecto a lo que tenían, cruzaron hipótesis y repasaron pruebas
y circunstancias. Con lo que habían averiguado hasta ese instante decidirían
dar el primer paso que, por supuesto estaría marcado a fuego por los últimos
acontecimientos.

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