ESTHER DE PABLO

La desconfianza se agarró a sus entrañas. Pensaba que todos sus requiebros, torpes a su entender , y por ello más tiernos, no eran más que un montaje. Y le había dicho su amigo el policía que los timadores de la red eran muy persuasivos. Él le dijo que no escuchara a los que quieren meter miedo por esto que no entienden. Ella no escuchaba pero había cosas que no le encajaban y sin embargo se resistía a renunciar a ese romance tan dulce  y  sorprendente. Removió roma con santiago, buscó, preguntó, comparó números  y espacios y pensó que se debía arriesgar, que debía creer en su inocencia.En el proceso de indagación de ella se cruzaron palabras sobre sus pensamientos respecto a lo que veía y él se había ofendido y eso había dejado en ella una primera herida: imaginaba que también en él. En ese momento le daba igual: quería las cosas claras y veía sombras. Al fin decidió creer en él, aún sintiendo que se tiraba a la piscina sin saber nadar

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