MOISÉS ESTÉVEZ

Después del trabajo y una vez localizó la casa de su última víctima, Paul
pasaba varias horas vigilando los movimientos de esta y de los agentes que la
custodiaban. Era el tercer día.
A qué hora hacían los cambios de turno, si repetían los mismos policías,
cómo de alerta estaban a lo largo de sus respectivas guardias, qué flancos de
la casa dejaban más vulnerables…
Con respecto a Erika, intentó cerciorarse si salía, y si lo hacía , cuantos
agentes la acompañaban, aunque hasta el momento no lo había hecho, de ahí
que su rutina se basaba en observarla a través de los ventanales, espiando sus
movimientos con la ayuda inestimable del objetivo de su cámara.
Apostado a una distancia considerable que le ofrecía una garantía casi
absoluta de no ser descubierto, Paul decidió que prorrogaría aquella vigilancia
un par de días más, a la vez que tomaba notas de todo cuanto veía. Después
elaboraría un plan…

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